Desigualdades // Salvar vidas y la democracia

  • Por (Director fundador y editorialista de Alternativas Económicas)
    Diciembre 2020
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    BelurMath

    La pandemia de covid-19 está acelerando cambios profundos en nuestras vidas, en la economía y la sociedad entera. El impacto inmediato ha sido la pérdida de 1,6 millones de vidas, el desempleo y la pobreza. Al mismo tiempo, la pandemia está precipitando una profunda transformación social mediante una intensa implementación de las nuevas tecnologías. Para afrontar este gran desafío, el mercado ha sido completamente impotente, y solo una decisiva intervención pública y un mayor papel de la ciencia han paliado parcialmente los daños.

    El Banco Mundial pronostica que entre 88 y 115 millones de personas caerán este año en la pobreza extrema a causa de la pandemia, obligadas a vivir con menos de 1,9 dólares al día. La Organización Internacional del Trabajo estima que se han perdido 495 y 345 millones de empleos durante el segundo y el tercer trimestre, respectivamente.

    España es el país de la UE que más sufrirá por su elevada dependencia del turismo. A finales de 2021 el PIB será  inferior en el 6,1% al nivel prepandemia, según Funcas. La tasa de paro ha aumentado del 14% al 16,7%. Pero a diferencia de la crisis anterior, cuando  el desempleo escaló hasta el 26%, la implementación de los ERTE (expedientes de regulación temporal de empleo) por parte del Gobierno han salvado puestos de trabajo. Sin esta protección, la tasa de paro subiría hasta el 21,5%, según Fedea.

    La Unión Europea ha corregido sus errores de la crisis de 2008, cuando reaccionó con duras medidas de austeridad. Ahora las medidas adoptadas se basan en apoyos masivos a empresas y familias con inyecciones de dinero europeo como el Fondo Nueva Generación, de 750.000 millones de euros, de los que 140.000 millones se destinarán a España. Estos recursos se complementan con el fondo SURE de ayuda a los desempleados (100.000 millones), créditos del Mecanismo Europeo de Estabilidad (240.000 millones) para actuaciones sanitarias y préstamos del Banco Europeo de Inversiones (200.000 millones) para las pequeñas y medianas empresas. Por primera vez, la UE acudirá a un masivo endeudamiento común para aliviar a los países más necesitados.

    Paralelamente, el Banco Central Europeo ha efectuado compras generalizadas de deuda pública y privada de hasta 1,85 billones de euros y ha mantenido los tipos de interés a niveles muy bajos o negativos.

    Sin embargo, este despliegue de recursos no será suficiente ni impedirá que crezcan las desigualdades. Existe el riesgo de que las grandes empresas sean los principales receptores. Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía, en un trabajo para la Fundación para los Estudios Progresistas Europeos, sostiene que el protagonismo de la política monetaria “ha distorsionado la economía, contribuyendo al aumento de la desigualdad de la riqueza, dado que las tasas de interés superbajas han beneficiado desproporcionadamente a los ricos”.

    Las vacunas, para los ricos

    Oxfam también cuestiona el resultado real del empleo de ingentes cantidades de recursos públicos. La ONG apunta que de los 9,5 billones de euros que se han gastado en el mundo para hacer frente a las consecuencias de la pandemia,  8 billones (el 83%) los han gastado los 36 países ricos, mientras que los 59 países más pobres solo suponen el 0,4% del total.

    El desvío de beneficios a los paraísos fiscales es una de las causas del aumento de la pobreza

    Ante el virus no sirven las estrategias individuales  de los Estados ni el nacionalismo

    El aumento de las desigualdades es dramático en lo que se refiere a las medidas sanitarias. Los países ricos están acaparando las vacunas, que se han convertido en un arma geoestratégica. Canadá ha adquirido vacunas para cinco veces su población, mientras que Filipinas solo tiene para el 1%.

    Esta crisis estalla en un mundo en que los Estados han quedado empequeñecidos ante el poder descomunal de los GAFAM (Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft). La falta de recursos de los Estados cuando las necesidades se han disparado es inaceptable. La pérdida de 492.000 millones de euros anuales por el desvío de beneficios de las multinacionales a  paraísos fiscales es una de las causas del aumento de las desigualdades y la pobreza. Como ha señalado otro laureado con el Nobel, Paul Krugman, “la concentración extrema de ingresos es incompatible con la verdadera democracia”.

    Ante el virus, como con el cambio climático, no sirven las estrategias de los Estados individuales ni los planteamientos nacionalistas. La respuesta pasa por potenciar organismos como Naciones Unidas y la UE. La prioridad es salvar vidas, garantizar la democracia y extenderla por todo el mundo.

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