El engaño de la banca explica la falta de crédito

  • Por (Director)
    Enero 2014

    Toda la gesticulación que realiza el Gobierno para asegurar que la recuperación ya está ahí choca con el muro de la banca, que sigue con el grifo del crédito cerrado. El crédito a las empresas sigue encogiéndose, aunque el ritmo de reducción de préstamos se ha suavizado unas décimas durante los últimos meses. La velocidad de caída ha disminuido del 9,7% de mayo de 2013 al 8,5% del pasado noviembre, según el último estudio del Banco de España.

    La realidad es que empresas y familias disponen de 400.000 millones (el 40% del PIB) menos de crédito bancario que en 2008. Esto es lo que los economistas definen como un desapalancamiento de esta misma cuantía. Pues bien, después de esta atormentada sangría, el stock de crédito seguirá cayendo en 2014. El Banco Sabadell, uno de los más vinculados a la financiación de empresas, ya ha anticipado que en 2014 el crédito todavía caerá un 2%.

    Los principales organismos internacionales han advertido este problema y han lanzado duras advertencias por las trabas al crecimiento y al empleo que supone la falta de financiación a las empresas, especialmente las pequeñas y medianas.

    Así vemos que el 23% de las pymes españolas aseguran que el acceso a la financiación es el problema más acuciante al que se enfrentan, según la Comisión Europea. Solo las empresas de Chipre y Grecia están peor. La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico ha alertado de que las dificultades para conseguir financiación “seguirán siendo un freno para el crecimiento”.

    No hay acto de pequeños empresarios en el que no se exprese su malestar por los efectos de asfixia crediticia que está forzando el cierre de miles de empresas o la reducción de sus plantillas. Estas inquietudes han sido refrendadas por los investigadores. Los economistas Samuel Bentolila y Marcel Jansen han estimado que con exclusión de la construcción, la falta de crédito es la causante de la destrucción de empleo entre un 18% y un 35%. Los años perdidos por el retraso en el saneamiento del sector financiero —que ha precisado 172.302 millones de euros de ayudas públicas, de los que 55.691 millones han sido inyecciones de capital— han tenido un alto coste en cientos de miles de puestos de trabajo.

    Sin crédito no hay inversión y sin esta no hay empleo. Las gráficas de la inversión y empleo van siempre sincronizadas. ¿Por qué no hay crédito? Porque es prácticamente imposible que los bancos presten dinero cuando registran una morosidad superior al 13%. Una morosidad que sigue aumentando mes a mes y que superaría el 15% si no fuera por el traspaso de más de 79.000 millones de euros de activos tóxicos al banco malo (SAREB).

    Es incomprensible que el Banco de España y el BCE permitan que unos bancos que no dan créditos y con estas tasas tan elevadas de morosidad, puedan distribuir dividendos. Esto sí que es vivir por encima de sus posibilidades y repartir lo que no se ha ganado. En buena parte, los dividendos que reparten son el fruto del negocio fácil de tomar el dinero del BCE a menos del 1% e invertirlo en deuda pública al 4%.

    ¿Por qué sigue creciendo tanto la morosidad si los bancos dan cada vez menos préstamos? Porque los bancos nos han engañado. Nunca contaron de verdad el inmenso volumen de activos dudosos o realmente fallidos que tenían en sus balances. Y ahora van regularizando los créditos malos camuflados en oscuras refinanciaciones y mes a mes van soltando lastre. Nunca sabremos cómo están los bancos.

    La forma en que se ha realizado el saneamiento de la banca está siendo tan costosa como la propia crisis. El resultado es que las firmas siguen cerrando por el corte del crédito. El impacto negativo de la gestión de la banca privada para las empresas y el empleo ha sido clamoroso.
    En la mayoría de países europeos, el sector financiero cuenta con una importante participación de bancos públicos, cooperativos y cajas de ahorros, que en conjunto representan entre el 20% y el 50% de la cuota del mercado crediticio. En España, tras la liquidación de la banca pública y de las cajas de ahorros, la banca cooperativa cuenta solo con el 6,7% de cuota de mercado.

    Ante este panorama de escasez de financiación, cobra especial relevancia la iniciativa de la Junta de Andalucía de crear un Instituto Público de Crédito Andaluz para el desarrollo de la economía regional. Entre los objetivos fijados para esta entidad pública, social y ética destacan: “Mantener el sector industrial, los servicios avanzados, la agroindustria, el tejido productivo nacional más innovador y los sectores más competitivos internacionalmente”. Llama la atención también su propósito de “evitar el riesgo de exclusión financiera de las pymes, la economía social y los trabajadores autónomos” y establecer “la colaboración financiera con las empresas con más capacidad de crear empleo”.

    Resulta sorprendente que visto el fracaso de la banca privada, el Gobierno y el partido que lo sustenta pongan trabas a una iniciativa tan necesaria para esta región. En Catalunya, la plataforma Desbanka promueve una iniciativa para mantener el carácter público de la nacionalizada Caixa Catalunya. El rechazo oficial a ambas iniciativas pone al descubierto la dependencia del Gobierno y autoridades de los intereses de la banca.

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