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La conciencia de Corbyn

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Octubre 2015 / 29

En el laborismo en Reino Unido han ganado los principios frente a los cálculos electorales. Lo primero que reseñar del triunfo de Jeremy Corbyn es que el apoyo cosechado de militantes y simpatizantes ha sido arrollador y contra todo pronóstico: el 59,5% de los votos. 

El triunfo de Corbyn no es el resultado de una ingeniosa campaña mediática. Todo lo contrario. Ha vencido a contra corriente. Toda la prensa de derechas y de izquierda y el establishment de su partido han jugado ferozmente en su contra. Ha sido una victoria limpia de las convicciones sobre los programas posibilistas adaptados a los intereses de los poderes económicos. Corbyn es la voz de la conciencia, la de un resistente que necesitábamos para volver a creer en que hay alternativas que permitan poner en el primer plano un debate social basado en la fraternidad, la igualdad y la justicia

¿Qué propone Corbyn? El nuevo líder laborista defiende prioritariamente a los trabajadores. Durante los últimos años, la izquierda británica ha registrado una deriva tan alejada de sus raíces que hasta resulta insólito que la principal reivindicación de la izquierda sea la defensa comprometida de los trabajadores. Corbyn quiere una sociedad más igualitaria, en la que los ciudadanos tengan asegurada la educación y la sanidad públicas, la vivienda y unos derechos sociales básicos garantizados. Quiere recuperar el espíritu de la Cláusula IV de los estatutos de su partido, que abogaba por “la propiedad común de los medios de producción” para detener las privatizaciones previstas, recuperar la inversión pública en la industria y el control estatal de los ferrocarriles. Quiere desmantelar el arsenal nuclear británico y prohibir la venta de armas a Arabia Saudí. 

Su primera pregunta al primer ministro David Cameron en el debate parlamentario fue justo sobre los problemas de la vivienda. “¿Qué intenta hacer el Gobierno”, preguntó Corbyn, “ante la falta permanente de viviendas asequibles y los exorbitantes alquileres exigidos por algunos propietarios del sector privado?”. Corbyn había consultado previamente a sus seguidores para saber qué debía preguntar al jefe de Gobierno y recibió 40.000 preguntas de ciudadanos que le expusieron una realidad muy distinta de la que reflejan los medios.  El nuevo líder laborista es un pacifista convencido. Le viene de casta. Sus pacifistas padres se conocieron haciendo campaña a favor de la República durante la guerra civil española.
 

Su principal compromiso es acabar con la austeridad. Su combate va dirigido contra la pobreza, la desigualdad, la injusticia y la intolerancia. No está solo. Ya ha recibido el apoyo de 40 destacados economistas, entre los que figura un ex consejero del Banco de Inglaterra. En Estados Unidos el senador Bernie Sanders, de 73 años, otro veterano luchador, aspirante a la candidatura demócrata, promueve un movimiento contra la clase de los multimillonarios y aboga por subir el salario mínimo, igualar los salarios entre hombres y mujeres y establecer una sanidad pública para todos.

Bien mirado, no hay grandes ideas nuevas. Lo verdadera fuerza de Corbyn es su credibilidad. Corbyn, de 66 años, lleva más de 30 como diputado laborista batiéndose por los trabajadores y los más pobres. Han sido más de 30 años de rebeldía, durante los cuales ha votado 500 veces contra la disciplina de su partido. Hoy, 9 de cada 10 diputados laboristas están en contra de sus propuestas. Pero esto no es un problema para Corbyn, sino para los parlamentarios. Los militantes y simpatizantes laboristas están con el nuevo líder y el partido ha ganado en pocas semanas 30.000 afiliados y cerca de 200.000 simpatizantes.

La socialdemocracia tiene una gran oportunidad para reflexionar sobre el balance de su gestión del capitalismo en las últimas décadas. El desmantelamiento de las reglas que regulaban el mercado y el reduccionismo del papel del Estado en la economía han permitido al capitalismo financiero dejar una sociedad crecientemente injusta, desigual y violenta. Las propuestas de los organismos internacionales para limitar el tamaño de los grandes bancos, acabar con los paraísos fiscales o los fraudes financieros han quedado en buenas intenciones. 

¿Qué es lo que de verdad estamos viendo?: recortes de derechos sociales, reducción del Estado de bienestar y un sector privado cada vez más intocable. La dura realidad social ha supuesto que una parte de la sociedad británica se haya desplazado hacia la izquierda, y se ha encontrado con Corbyn, el hombre que siempre estuvo ahí, fiel a sus convicciones.

Corbyn tiene los pies en el suelo. Se presenta con un cartel de apoyo a los refugiados y al mismo tiempo asegura que hará campaña para defender la permanencia de Reino Unido en Europa. “Nos quedaremos para luchar juntos por una Europa mejor”. Su victoria puede tener  consecuencias inesperadas para el proyecto europeo, amenazado por una triple crisis, las salidas de Grecia y del Reino Unido de la UE y la de los refugiados. La aparición imprevista de un defensor de una Europa social en el Reino Unido puede tener una influencia relevante en las nuevas izquierdas emergentes como Syriza y Podemos, y favorecer un giro de la izquierda tradicional hacia sus orígenes.Su mensaje más importante es que no es cierto que no haya alternativa. Se pueden cambiar las cosas. Sólo hacen falta hombres  y mujeres con conciencia.