La hora de Podemos

  • Por (Director)
    Enero 2015

    La aparición de Podemos ha sido la mejor respuesta a la crisis después del 15M. Ha sido la gran sacudida que necesitaba un sistema político que ha resultado impotente para hacer frente a la angustiosa herencia que nos ha dejado la crisis, que está marginalizando a una creciente parte de la población. Podemos ha despertado además una gran esperanza al demostrar que, por graves que sean las adversidades, hay respuestas posibles. Lo cierto es que a pesar de las furiosas críticas, cada vez hay más personas que expresan su confianza con el nuevo movimiento.

    Los partidos políticos con responsabilidades de gobierno se han visto completamente sobrepasados por los estragos de la debacle financiera. No saben qué hacer con más de cinco millones de parados. No se atreven a asumir que más de tres millones y medio de desempleados carecen de ayudas. No tienen una respuesta para casi un tercio de la población (28,2%) que se encuentra en situación de pobreza ni tampoco la tienen para las 700.000 familias que carecen de cualquier tipo de ingreso. Son cifras oficiales que no reciben respuesta oficial.

    El desafío principal de este país es cómo dar empleo a los más de cinco millones de personas que buscan desesperadamente un puesto de trabajo. Es un reto que no tiene una respuesta fácil ni inmediata. Sin embargo, sí está en manos del Gobierno reducir la secuela más dolorosa que origina el paro masivo: la pobreza, y eliminar alguna de sus consecuencias más crueles, como son los desahucios. También es una tarea posible del Ejecutivo establecer la regulación adecuada de la banca, cuyos excesos, según los expertos, han sido el principal desencadenante de la crisis.

    Podemos ha tenido la audacia de poner encima de la mesa esta cruda realidad social y proponer alternativas. Esto en sí mismo ya ha sido un gran paso adelante y explica el grado de sintonía con una parte creciente de la ciudadanía. Dada la situación extrema en que viven millones de personas, si hay voluntad de solventarla, las alternativas forzosamente deben ser también excepcionales.

    Aunque en estos momentos Podemos está todavía trabajando en la elaboración de su programa, el documento Un proyecto económico para la gente, elaborado por los profesores Vicenç Navarro y Juan Torres, permite conocer sus principales propuestas. Destacan dos ideas en su modelo social: “Establecer un sistema de renta mínima garantizada como derecho subjetivo de todas las personas” y “una profunda reforma fiscal” que permitiría su financiación.

    La propuesta de garantizar una renta mínima ha desatado todo tipo de descalificaciones desde el Gobierno, partidos políticos y destacadas instituciones, que la consideran inviable por su elevado coste. Hay varias fórmulas. En este número el profesor Daniel Raventós propugna en su artículo un modelo de renta básica que no tiene costes adicionales.

    ¿Quién define qué es viable y qué es sostenible? ¿Es sostenible, por ejemplo, la situación de los 1.787.300 parados de más de cuarenta y cinco años, auténticos discriminados en el mercado laboral, y cuyas posibilidades de encontrar empleo son mínimas? ¿Hay que atender a estas familias ahora o esperar cinco o diez años? ¿Cuál es la alternativa para estas familias si no hay una renta básica ?

    La profundidad del drama social que vive el país exigirá medidas radicales. Esto no es la primera vez que ocurre en la historia. Hay dos ejemplos recientes que ilustran la conveniencia de adoptar medidas radicales ante situaciones excepcionales. Después de la Segunda Guerra Mundial, durante más de veinte años, los gobiernos de Estados Unidos, ya fueran demócratas (Roosevelt y Truman) o republicanos (Eisenhower), mantuvieron el tipo máximo del impuesto sobre la renta por encima del 90%, para afrontar su elevada deuda. Podemos no pide tanto; sólo propone igualar la presión fiscal efectiva a la media de la Unión Europea para recaudar unos 90.000 millones de euros más.

    Otro ejemplo ha sido el esfuerzo formidable de Alemania para reequilibrar el país tras la reunificación en 1990, que ha supuesto una transferencia de más de dos billones de euros del Oeste al Este. La viabilidad de las respuestas no depende tanto de las dificultades como de la voluntad política.

    A medida que aumenta la aceptación de la nueva fuerza política, crecen los ataques del establishment contra cualquier iniciativa no convencional, como la reestructuración de la deuda. Pero si una catedrática de Harvard, como Carmen Reinhart, sostiene que “España debe reducir su deuda privada mediante una quita” y el profesor Werner Sinn, presidente del IFO, sugiere “una conferencia internacional para perdonar parte de la deuda” , todos los comentarios son de respeto y reflexión. Es así porque son propuestas teóricas, pero si las plantea un partido político con voluntad de aplicarlas, ya es otro cantar.

    La realidad es que las nuevas ideas permiten visualizar un 2015 con fundadas esperanzas, especialmente para los más castigados por la crisis. Sería lamentable que los esfuerzos que tenga que realizar Podemos para adaptar su programa a la realidad económica y social del país significaran una renuncia a sus ideales, que tantas expectativas han despertado. Es la hora de ser consecuentes.

    Podemos cometería un gran error si pensara que la lucha empezó el 15 de mayo de 2011. No empiezan de cero. Este país tiene una larga historia de resistencia. Ha habido cientos de miles de ciudadanos anónimos que han mantenido la llama de la oposición, algunos con muchos años de cárcel, a un sistema injusto, a los que hay que reconocer y respetar. Carece de sentido enzarzarse en discusiones teóricas que pretenden sustituir el histórico debate entre la izquierda y la derecha por el conflicto entre los de arriba y los de abajo. Es difícil buscar a los de abajo en otro lugar que no sea el de la izquierda. Todas las fuerzas son pocas ante los retos pendientes. Los ciudadanos no perdonarían este enfrentamiento.

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