Panamá, Luxemburgo y la UE

  • Por (Director)
    Abril 2016

    Lo primero de todo es reconocer el extraordinario trabajo que han realizado los 185 profesionales del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés) con la obtención de los llamados Papeles de Panamá. Es una investigación que ha manejado más de 11,5 millones de documentos que ha supuesto un gran avance en el descubrimiento de la verdadera dimensión de los paraísos fiscales y sus conexiones entre sí. En España han participado periodistas de La Sexta y El Confidencial

    De momento, el hallazgo ya ha supuesto la dimisión del primer ministro de Islandia, Sigmundur Gunnlaugsson; la del ministro de Industria español, José Manuel Soria; la huida de su país del primer ministro de Pakistán, Nawaz Sharif, y  el descubrimiento de importantes operaciones ocultas. El material hallado corresponde a un solo despacho panameño, Mossack Fonseca, lo que hace suponer que sólo se conoce una  parte de las tramas ocultas.

    La investigación es relevante tanto por la información obtenida como porque ha puesto al descubierto la incapacidad de los organismos internacionales como el G-20, la OCDE y la Unión Europea para luchar eficazmente contra las transacciones financieras ocultas. Hay que recordar cuando en plena crisis financiera y económica, los líderes mundiales asustados por el derrumbe del sistema capitalista se apresuraron a anunciar todo tipo de medidas para su regulación. En 2008, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, propuso “refundar el capitalismo sobre bases éticas” y al año siguiente el  entonces primer ministro británico, Gordon Brown, declaró que los compromisos adoptados iban a significar “el fin de los paraísos fiscales”. Han pasado más de seis años desde aquellas solemnes proclamas.

    Con el paso de la tormenta se fueron también las buenas intenciones, y la realidad es que la riqueza de los europeos escondida en paraísos fiscales no ha dejado de crecer. Gabriel Zucman, profesor de la London School of Economics e investigador de la Universidad de Berkeley, ha explicado en La riqueza escondida de las naciones que el patrimonio financiero de los europeos en los paraísos fiscales ha alcanzado el 12% de la riqueza de las familias en 2013, frente al 10% en 2010 y el 6% en 1980. El  patrimonio de los españoles en los paraísos fiscales oscila entre los 144.000 millones de euros calculados por  Ángel de la Fuente, director ejecutivo de Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada), y los 550.000 millones estimados por Tax Justice Network.

    La existencia de los paraísos fiscales supone un gran desafío para los sistemas democráticos. Por una parte, son el principal soporte del fraude fiscal que permite a las grandes corporaciones limitar su contribución al 2% o 3% de sus beneficios y escapar de la tributación a las grandes fortunas, lo cual resta recursos esenciales para la financiación de los servicios básicos. Por otra parte, los paraísos representan la cobertura para el dinero de toda suerte de corrupciones, como el tráfico de armas, y todo tipo de comisiones ilegales. No hay delito de corrupción que no aparezca asociado a un paraíso fiscal. 

    Los Papeles de Panamá han confirmado dos elementos básicos en los flujos del dinero sucio. La importancia estratégica de los bancos en todo este tráfico en el que obtienen grandes beneficios, y el papel estratégico de Luxemburgo. Es un Estado que ya salió malparado por el escándalo de LuxLeaks en 2014, que puso al descubierto la llamada “optimización fiscal” llevada a cabo por 340 multinacionales con la complicidad del Gobierno luxemburgués.

    La responsabilidad de la banca es máxima. Un total de 365 grupos bancarios han solicitado los servicios de Mossack Fonseca, entre los que figuran el británico HSBC, que ha creado 2.300 sociedades pantalla para supuestas operaciones de evasión fiscal;  los suizos UBS y Credit Suisse, con 1.100 sociedades cada uno, y el francés Société Générale, con 979 sociedades. Dos terceras partes de las demandas de creación de estas sociedades pantalla se han realizado desde Luxemburgo.

    Un estudio de Oxfam y otras ONGS francesas señala que en 2014, un tercio de los beneficios internacionales de los bancos galos se había generado en los paraísos fiscales por un valor total de 5.000 millones de euros. En base a los datos de este estudio, Christian Chavagneux, periodista de Alternatives Economiques, explica que la razón de la elevada presencia de los bancos en los paraísos fiscales es la elevada rentabilidad de los negocios en estos territorios que es 20 veces superior que la obtenida en Francia en el caso de Crédit Agricole y 16 veces en  Société Générale.

    En materia de la lucha contra los paraísos fiscales, Europa aprobó la directiva del ahorro en 2005, que estableció el intercambio automático de información sobre los intereses, pero no de los dividendos que constituyen la mayor parte de los rendimientos. Además, Luxemburgo y Austria lograron una excepción para no tener que levantar el secreto bancario hasta 2017.

    Es muy preocupante el extraordinario peso de Luxemburgo en su labor de custodia y cobertura de los movimientos del dinero sucio. El problema es que Luxemburgo tiene, como los demás miembros de la UE, derecho de veto en asuntos fiscales, una materia que exige acuerdos por unanimidad. Tras el hallazgo de Panamá, Europa ha vuelto a prometer medidas rápidas y contundentes contra la evasión fiscal. Pero la Unión carece de la más mínima credibilidad en esta materia desde el día que puso de presidente de la Comisión a Jean-Claude Juncker, el  máximo responsable de los acuerdos fiscales alcanzados por las multinacionales en Luxemburgo como primer ministro durante diecinueve años.

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