Riesgo de alejarse de la UE

  • Por (Director fundador y editorialista de Alternativas Económicas)
    Octubre 2020
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    La temida segunda ola de covid-19 llegó a Europa antes de lo previsto, el pasado septiembre, con un fuerte rebrote de contagios en Reino Unido, Francia, Italia y, sobre todo, en España, de manera más preocupante en Madrid. El deterioro sanitario agrava la profundidad de la crisis económica. 
    El Banco de España y Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorros) han empeorado sus previsiones para este país de manera alarmante. Aplazan hasta 2023 y 2024, respectivamente, la vuelta a la actividad económica a su nivel del año pasado. En su escenario más pesimista, el organismo supervisor pronostica que el desempleo alcanzará el 22% en 2021 y el 20% en 2022. El déficit público puede superar este año el 12% del PIB y la deuda pública alcanzar el 128% en 2022.

    Los sectores económicos más afectados por la crisis (turismo,  hostelería, comercio, transporte, automoción, cultura y actividades deportivas) registran un colapso sin precedentes. Los bufetes de abogados detectan un aumento de empresas zombis y estiman que los cierres y los concursos de acreedores se intensificarán a principios de 2021.

    Las intervenciones del Gobierno mediante ayudas a las empresas (fundamentalmente, 100.000 millones de euros en créditos del ICO), a los trabajadores (subvenciones a 3,4 millones de empleados a través de los ERTE) y la creación del ingreso mínimo vital, han paliado el golpe solo parcialmente.

    El imprevisto alargamiento de la crisis plantea situaciones angustiosas sobre la continuidad de las ayudas para garantizar el mantenimiento de cientos de miles de empresas y empleos. A pesar de la mayor profundidad de la crisis, España es mucho más débil que otros países por la división política interna y la ausencia de una oposición constructiva. Esta situación ha impedido la elaboración de unos Presupuestos del Estado más urgentes que nunca. Estamos en otras cosas.

    España fía sus esperanzas en las ayudas de unos 140.000 millones de euros de la UE. El Gobierno, sin embargo, va con retraso en la elaboración del necesario plan de recuperación, cuyo primer borrador debería estar en Bruselas a partir del 15 de octubre. Francia, por ejemplo, ya ha elaborado un detallado plan de inversiones, mientras que Alemania ha multiplicado las subvenciones con su propio presupuesto. España, además, ha registrado una ejecutoria muy deficiente de los fondos europeos, de los que solo logró utilizar el 34% entre 2014 y 2020, un porcentaje muy inferior a la mayoría de países.

    España corre el riesgo de desconexión y de perder una parte del apoyo europeo en un momento en que la Unión está manifestando una mayor conciencia para aumentar la protección social ante la gravedad de las crisis sanitaria y económica y la necesaria transformación medioambiental y digital. 

    España está tardando en  presentar su plan de reactivación económica

    Esta crisis es una oportunidad para recuperar el Estado de bienestar

    Los cambios en Europa no solo se aprecian en históricos compromisos  concretos, como la emisión masiva de deuda común por 750.000 millones de euros para apoyar a los Estados más necesitados, sino en el cambio del discurso político. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, utilizó un lenguaje insólito en su reciente discurso sobre el Estado de la Unión.  “Se trata, ante todo”, afirmó, “de (lograr) una economía humana que nos proteja contra los grandes riesgos de la vida: la enfermedad, los accidentes, el paro y la pobreza”.  Defendió que Europa "debe continuar protegiendo las vidas y los medios de subsistencia”. En relación con el empleo, solemnizó que “la dignidad del trabajo debe ser sagrada”. Y sobre los derechos fundamentales proclamó con firmeza que: “las zonas sin LGBTQI son zonas sin humanidad y no tienen cabida en nuestra Unión”.

    El cambio de discurso se aprecia especialmente en el ámbito social. El informe sobre empleo y situación social dirigido por el comisario Nicolas Schmit aboga por unos salarios mínimos y rentas mínimas adecuadas, las reducciones de jornada y el fomento de la negociación colectiva y el diálogo social, unas palabras antes más propias de los sindicatos.

    Evidentemente, hay un gran trecho entre este lenguaje y los hechos. Pero en Europa hay una percepción clara de la necesidad de reformular el pacto social. Tras la crisis de 1929 en EE UU y la II Guerra Mundial se crearon los estados de bienestar, cuyos derechos han ido palideciendo en los últimos 40 años. La presente crisis es una oportunidad para iniciar su recuperación y España es uno de los países que más la necesitan.

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