Riesgos en los fondos de la UE

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  • Por (Director fundador y editorialista de Alternativas Económicas)
    Marzo 2021
    Pedro Sánchez en videoconferencia con la Unión Europea
    European Union

    Los fondos de la Unión Europea para afrontar la crisis sanitaria, económica y social se presentan como la gran esperanza para remediar los principales desafíos de la ciudadanía. La creación del fondo Nueva Generación (750.000 millones de euros) y el Plan SURE, destinado a los desempleados (100.000 millones), constituyen un salto cualitativo en la construcción europea. Por primera vez, los Estados asumirán un endeudamiento común de grandes dimensiones para apoyar a los más necesitados. Es significativo que una parte muy importante de estas ayudas, 390.000 millones de euros, serán subvenciones a fondo perdido. El resto, créditos a largo plazo.

    La respuesta de Europa incluye, además, los créditos del Banco Europeo de Inversiones (200.000 millones de euros) y del Mecanismo Europeo de Estabilidad (240.000 millones). Al mismo tiempo, el Banco Central Europeo ha inyectado 1,85 billones de euros.

    España es el segundo país más beneficiado del fondo Nueva Generación, con 140.000 millones de euros, de los que más de la mitad serán subsidios que no habrá que devolver. Los fondos, sin embargo, estarán sujetos a estrictas condiciones de gasto y al compromiso de hacer importantes reformas. El 37% del dinero deberá dedicarse a la transición verde y el 20% a la modernización digital. También se deberán cumplir otros objetivos (mejora de la competitividad, cohesión social, fortalecimiento de las instituciones y medidas de apoyo a la juventud y a la infancia).

    Una economía más justa

    Las reformas básicamente afectan al control del crecimiento del gasto público (equilibrio de las pensiones); regulación laboral (reducción de la temporalidad); reforzamiento de la investigación (eficiencia energética), y garantías del funcionamiento equilibrado y transparente del mercado.

    Este plan, que supone una oportunidad única para modernizar la economía y organizar la sociedad de manera más justa y sostenible, se enfrenta, sin embargo, a importantes riesgos. 

    Las ayudas no deberían caer en manos de las grandes corporaciones

    Habrá que vigilar el uso de este dinero desde el primer al último euro

    Es necesario contextualizar la cuantía de las ayudas europeas en el marco de las dimensiones reales de la economía española. Como ha señalado Raymond Torres, director general de Funcas, los ingresos registrados en una temporada turística normal representan 2,5 veces más de lo que esperamos obtener por los fondos europeos. Es necesario, por tanto, basarse en las propias fuerzas y asumir la responsabilidad de dominar cuanto antes la pandemia para normalizar la movilidad y recuperar las actividades de turismo, hostelería, comercio y cultura.

    Es necesario que el diseño y la distribución de los fondos en España se realicen con la máxima transparencia y la participación de las distintas instituciones. Por un lado, la crisis coge a la Administración pública poco entrenada para la gestión de grandes cantidades de recursos. Antes de la pandemia, la inversión pública se situaba en el 2% del PIB, menos de la mitad de una década antes. Será necesario, por tanto, la participación del sector privado, pero de manera equitativa. Es prioritario que el grueso de los fondos no sea capturado por las grandes corporaciones, que cada vez actúan más como oligopolios, olvidando que las pequeñas y medianas empresas han sido las más castigadas por la crisis.

    Las reformas deben centrarse en resolver el principal problema del país que constituye la elevada tasa de desempleo, que en el caso de los jóvenes vuelve a superar el 40%. Se trata de una generación que afronta una segunda crisis en una década. En este terreno, la reforma del mercado laboral debe dirigirse a reducir el abandono escolar, incentivar la contratación y mejorar los servicios de empleo. De manera especial, los cambios legales deben fomentar los contratos de larga duración.

    Los recursos europeos deben contribuir a reducir las desigualdades sociales y territoriales. Por una parte, debería emprenderse un amplio plan de vivienda con un volumen que responda a las necesidades reales. Por otra parte, los fondos deben dirigirse a reducir las disparidades regionales que son especialmente patentes en las distintas tasas de desempleo entre Extremadura (30%) y Navarra (10%).

    Los fondos europeos son una oportunidad histórica para impulsar una economía alternativa más justa y sostenible. Habrá que vigilar el uso de este dinero desde el primer al último euro.

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