Bitcoin, tan incierto y complejo como Internet

  • Por (Socio director de Coperfield for Social Good)
    25 Enero, 2018

    El bitcoin y el blockchain, su tecnología subyacente, se han puesto de moda. En parte por el aumento (exponencial, como hoy gusta decir) del precio de esta moneda digital. Se valoraba en cientos de dólares hace apenas cuatro años. Ahora, cuando su precio ronda los 10.000 dólares, se apuesta porque tiene aún mucho recorrido al alza. No sólo ésos. Como el blockchain es del dominio público, y como mucho del software que lo implementa es código abierto, aparecen múltiples monedas digitales cuyo valor está también al alza. El anuncio, por ejemplo, de que Kodak prepara el lanzamiento de KodakCoin, una criptomoneda fotocéntrica, disparó de inmediato la valoración de la empresa.

     

    Un bien escaso

    Lo que subyace es la especulación sobre el futuro de una tecnología potencialmente disruptora. Las criptomonedas de hoy son el análogo de las punto.com de hace veinticinco años. Sólo podrán existir 21 millones de bitcoins, que podrían tal vez convertirse en un bien preciado y escaso. Por eso, aunque el bitcoin es teóricamente una moneda de intercambio, muchos atesoran bitcoins pendientes de que su valor aumente. 

    El dinamismo en la creación de criptomonedas obedece a otra lógica: la expectativa de que el blockchain sea la base de una infraestructura tecnológica tan relevante como lo es hoy Internet. Una expectativa que el discurso tecnocrático se afana en difundir. 

    En 2014, Mark Andreeseen, uno de los inversores de referencia en Silicon Valley firmaba en The New York Times un artículo titulado “Why Bitcoin Matters” (21/1/2014) en el que argumentaba que: “Bitcoin nos ofrece, por primera vez, un modo en que un usuario de Internet pueda transferir un elemento de propiedad digital a otro usuario de Internet de modo que se pueda garantizar que esa transferencia sea segura, que todo el mundo pueda verificar que ha tenido lugar y que es legítima.” Pero, sobre todo, que esta transferencia se pueda llevar a cabo “a través de una red de confianza distribuida que no requiere un intermediario central como un banco”.

    La cotización de Kodak subió tras lanzar una criptomoneda para fotógrafos 

    El futuro de ‘blockchain’ es volátil, incierto, complejo y, sobre todo, ambiguo

    El impacto tecnológico se ve cuando los especuladores son ya ricos (no responsables)

    Es un discurso típico del solucionismo tecnológico que plantea soluciones puramente tecnológicas a cuestiones de todo tipo. Un discurso que soslaya, sin duda de modo deliberado, que la apuesta social por una tecnología implica firmar un contrato cuyas condiciones sólo se advierten cuando se manifiestan sus efectos colaterales, en un principio no previstos, lo cual siempre ocurre cuando los especuladores (perdón, inversores pioneros) ya se han hecho ricos, pero no responsables. El ejemplo, hoy actual, de la influencia de las redes sociales en la propagación y la influencia de las fake news sería sólo uno de los muchos ejemplos al respecto.

     

    De la confianza a la tecnología

    El planteamiento tecnocrático obvia igualmente que los artefactos tecnológicos también tienen política. Según sostiene su inventor, el bitcoin no consiste únicamente en una innovación tecnológica, sino que se trata de una herramienta “para realizar transacciones electrónicas sin necesidad de apoyarnos en la confianza”. 

    El impulso a la tecnología blockchain y las criptomonedas puede verse también como un intento de disrupción de las actividades (no sólo negocios) basadas en la confianza, empezando por el sector financiero. De modo similar, por ejemplo, en que el apoyo de los inversores a las plataformas Airbnb (alojamiento) y Uber (servicio de transporte de viajeros) se justifica por las expectativas de disrupción que generan en sectores en un principio regulados por interés público.

    La cuestión es, pues, si hemos de confiar en el blockchain como complemento o alternativa a la confianza que hoy ponemos en personas e instituciones. Se trata de una cuestión abierta, porque las instituciones hasta hoy consideradas como de confianza evalúan también adoptar el blockchain como herramienta. El futuro del blockchain y sus aplicaciones se presenta como un futuro VICA: Volátil e Incierto, Complejo y (sobre todo) Ambiguo. 

    También lo son y lo han sido Internet, las redes sociales y la economía colaborativa. Fuerzan a reconsiderar  el valor de la información, de la atención, de la colaboración y de la confianza. Y también las  prácticas personales y sociales con las que gestionamos todas ellas. Atentos.

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