Llueven petrodólares cataríes

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    La fuerza del dinero: El emirato se convierte en un agente clave en la economía española gracias a sus inversiones en múltiples sectores

    Vista de Doha, capital de Qatar. FOTO:  SOPHIE JAMES

    La noticia saltó a comienzos del verano: por primera vez en la historia, El Corte Inglés daba entrada en su capital a un accionista extranjero. El inversor no es otro que el jeque Hamad Bin Jassim Bin Jaber al Thani, miembro destacado de la familia real y ex primer ministro de Qatar, que se ha comprometido a pagar 1.000 millones de euros por el 10% de la cadena de grandes almacenes. Conocido en su país por sus iniciales HBJ, el jeque Hamad (Doha, 1959) es uno de los impulsores de la transformación económica del pequeño emirato del golfo Pérsico, el país con la renta per cápita más alta del mundo. El nuevo socio de la cadena de grandes almacenes, célebre por su opulento estilo de vida y propietario de lujosas mansiones en las mejores zonas de Londres y Nueva York, asombró al mundo del arte en mayo pasado al comprar por 179,4 millones de dólares un lienzo de la serie Les Femmes d’Alger, de Picasso. El cuadro se convirtió en el más caro jamás subastado.

    La entrada del jeque en el accionariado de El Corte Inglés es la más reciente de una serie de operaciones efectuadas por inversores cataríes en España, que se han intensificado en los últimos meses al calor de la incipiente recuperación económica. Apoyándose en los cuantiosos ingresos obtenidos por la venta de petróleo y gas natural licuado, sus dos principales productos de exportación, el emirato ha ido tomando poco a poco posiciones en la economía española. Su presencia es muy significativa en los sectores de la energía, la venta al por menor, los medios de comunicación, el transporte aéreo, la construcción, el inmobiliario y el turismo. Después del Reino Unido y Francia, España es ya el tercer destino de las inversiones cataríes en Europa.

    Aunque resulta difícil hacer un cálculo exacto, las inversiones cataríes en España rondan los 10.000 millones de euros, una cifra equivalente al 1% del producto interior bruto español. Muy tocadas en su mayoría por la crisis, las empresas españolas han utilizado esas inyecciones de liquidez para reducir deudas, emprender proyectos de inversión o rechazar abordajes hostiles por parte de algún competidor. Además, su asociación con el emirato supone una oportunidad de oro para beneficiarse de las cuantiosas inversiones en infraestructuras previstas en el país del Golfo.

    Miguel Otero-Iglesias, investigador principal del Real Instituto Elcano, piensa que los vínculos históricos y culturales con la vieja Al Andalus ayudan a que los cataríes vean en España un buen lugar para rentabilizar su dinero. El esfuerzo inversor de Qatar fuera de sus fronteras responde principalmente a la voluntad de las autoridades del emirato de aumentar su capacidad de influir en los asuntos internacionales y a la necesidad de diversificar sus fuentes de ingresos. “Los cataríes son muy conscientes de que sus gigantescas reservas de gas natural licuado y petróleo se acabarán agotando y buscan posicionarse bien fuera de sus fronteras por si algún día tienen que vivir de las rentas generadas por sus inversiones en el extranjero”, señala Otero-Iglesias.

    Ubicado en una pequeña península en lo más hondo del golfo Pérsico, Qatar ocupa una posición estratégica en el mapa geopolítico de Oriente Próximo y su influencia en el mundo es absolutamente desproporcionada a su tamaño. Permanentemente atento al enorme tamaño y poder de su vecino, Arabia Saudí, que rodea su territorio, el emirato se ha propuesto utilizar su presencia en las empresas occidentales para ganar fuerza y garantizar su supervivencia en un entorno hostil, marcado por continuos conflictos regionales y tensiones entre las distintas familias reales del Golfo.

     

    Conflicto en El Corte Inglés

    El jeque Hamad será el segundo mayor accionista de El Corte Inglés, sólo por detrás de la fundación Ramón Areces, que tiene el 35% del capital de la compañía. El actual presidente, Dimas Gimeno, y sus primas Marta y Cristina Álvarez Guil, hijas del fallecido Isidoro Álvarez, tienen sendas participaciones del 7,5%. 

    Con el nuevo socio árabe llegó también la polémica a una compañía con casi ochenta años de historia que ha estado siempre en manos de los descendientes de sus fundadores y que ha resuelto sus asuntos con una discreción cercana al secretismo. Corporación Ceslar, representada en el Consejo de Administración de El Corte Inglés por Carlota Areces Galán, sobrina de Ramón Areces (fundador de la compañía), ha criticado públicamente el modo en que se ha dado entrada al jeque catarí y considera que el valor otorgado a la empresa (100.000 millones de euros) es inferior a su precio real. Este sector del accionariado también critica el pago de una comisión de 17 millones de euros (equivalente al 1,7% de la operación) a una sociedad radicada en Singapur de la que se desconocen sus propietarios.

    ¿Qué buscan los cataríes en El Corte Inglés? Javier Capapé, investigador de la Escuela de Negocios ESADE, opina que, además de rentabilidad para su inversión, Qatar intenta aumentar su prestigio internacional y consolidar su presencia en el mundo. “El Corte Inglés es una marca identificada con España, como lo es Harrods en Reino Unido. Los beneficios en términos de imagen son potencialmente muy altos”, afirma. 

    Un jeque catarí ha comprado el 10% de El Corte Inglés por 10.000 millones de euros. FOTO:  ANDREA BOSCH

    A cambio, la entrada de capital fresco puede ayudar a la cadena de grandes almacenes a emprender su expansión internacional, una de sus grandes asignaturas pendientes. “El Corte Inglés podrá afrontar mejor los retos de la internacionalización con el músculo financiero catarí, que abre directamente las puertas de Qatar y de otros países de la región del Golfo”, vaticina Capapé. No sería de extrañar, en su opinión, que uno de los primeros grandes almacenes de la marca fuera de la península Ibérica se abriera en Doha, capital del emirato, o Dubai.

     

    Accionista de Iberdrola

    Una muestra de la importancia de Qatar en la economía española es que su fondo soberano, Qatar Investment Authority (QIA), es el mayor accionista de Iberdrola, la primera compañía energética de España. QIA controla aproximadamente el 10% de las acciones, una participación que a finales de septiembre valía 3.700 millones de euros tomando como referencia la cotización de las acciones de la empresa. Entre otros fines, la entrada de QIA en Iberdrola sirvió para que su consejero delegado, Ignacio Sánchez Galán, rechazara un intento de abordaje por parte de ACS, el gigante de la construcción presidido por Florentino Pérez.

    A través de Qatar Airways, la línea aérea de bandera del emirato, QIA también es propietaria del 10% de IAG, la empresa resultante de la fusión entre British Airways, Iberia y Vueling. Convertido en primer accionista de la compañía, el fondo catarí no descarta ampliar su participación en el futuro. En el sector inmobiliario español, QIA controla el 13% de Colonial. Además, ostenta una participación del 11% en Hochtief, filial de ACS.

    El brazo inversor del Estado catarí tiene también una presencia significativa en el sector financiero español, aunque de manera indirecta. Desde el año 2010 posee el 5% de las acciones de Santander Brasil, por las que pagó unos 2.000 millones de euros. La inversión hispano-brasileña supone poner un pie en América Latina, una zona del mundo rica en recursos naturales y con enorme capacidad de crecimiento. 

    En febrero pasado, el Grupo Prisa, propietario del diario El País y de la Cadena SER, anunciaba una ampliación de capital para dar entrada en la sociedad al multimillonario Ghanim Alhodaifi al Kuwari con una participación del 10%, valorada en 75 millones de euros. La apuesta por el grupo de comunicación español permite a los cataríes proyectar una imagen favorable ante la celebración en su país del Mundial de fútbol de 2022. Tan sólo días después de anunciarse el aterrizaje catarí en Prisa, El País publicaba en su primera página una entrevista de tono amable con el ministro de Deportes del emirato. “El deporte español es un modelo para Qatar”, rezaba el titular. El Comité de Redacción del diario, que defiende la profesionalidad de los periodistas, se ha quejado a la dirección por la censura de noticias acerca de las condiciones penosas en las que trabajan los inmigrantes contratados para construir, entre otras infraestructuras, los estadios del Mundial.

    Un jeque se hace con el  10% de El Corte Inglés por 1.000 millones de euros 

    La incipiente recuperación económica atrae  dinero del Golfo

    España es ya el tercer destino de las inversiones cataríes en Europa

    Hace unos meses se gestó una operación que hubiera supuesto la mayor inversión catarí en España, pero que finalmente no llegó a materializarse. Según informó la agencia Bloomberg en enero, Telefónica había mantenido conversaciones con el fondo soberano de Qatar para darle entrada en su accionariado y reducir así su enorme deuda, que entonces superaba los 40.000 millones de euros. La operación no se llevó a cabo debido a que Telefónica decidió dar un giro a su estrategia y deshacerse de su filial en Reino Unido. Así lo hizo finalmente la operadora española, que vendió O2 por 14.000 millones de euros al grupo Hutchinson Whampoa. 

    A través de su filial inmobiliaria, Diar, el fondo soberano catarí es dueño de Marina Tarraco, el puerto deportivo de Tarragona, que adquirió por 64 millones de euros, y de varios hoteles de lujo: el Intercontinental de Madrid, propiedad del fondo Katara Hospitality, de la familia real; el W, de Barcelona, comprado por Diar, y el Reinassance, también en Barcelona, adquirido por el fondo de las Fuerzas Armadas cataríes.

    El dinero catarí sirve para aliviar las maltrechas cuentas de las empresas españolas, pero también viene marcado por venir de una monarquía absoluta en la que no existen ni partidos políticos ni sindicatos y que recibe críticas cada vez más duras por parte de las organizaciones defensoras de los derechos humanos por el tratamiento que sus autoridades dan a los trabajadores extranjeros (véase el despiece). Javier Capapé, de ESADE, reconoce la existencia de ese riesgo para la reputación de Qatar, pero subraya que “es inherente a muchos otros países inversores de mercados emergentes, empezando por China”.

    QIA tiene invertidos más de 170.000 millones de dólares por todo el mundo, aunque algunas fuentes elevan la cantidad por encima de los 200.000 millones. El fondo soberano no es precisamente un ejemplo de transparencia: ni publica dónde tiene su dinero, ni aclara si maneja al mismo tiempo, conjuntamente o por separado, fondos del Estado catarí y la fortuna de la familia real.

     

    INVERSIONES CATARÍES EN EUROPA

    Reino Unido, Francia y España son los países predilectos de la familia real para rentabilizar su dinero.

    Locos por el fútbol

    Además de sus inversiones empresariales, los cataríes han visto en el mundo del deporte, especialmente en el fútbol, el medio perfecto para mejorar la imagen de su país. El FC Barcelona, actual campeón de Europa y de la Liga BBVA, luce en sus camisetas publicidad de Qatar Foundation, vinculada a la familia real del emirato. El Málaga Club de Fútbol es propiedad del jeque Abdullah bin Nasser Al Thani, también miembro de la élite gobernante del país y destacado hombre de negocios. Hasta la Cultural Leonesa, un modesto equipo de Segunda B, es propiedad de una fundación catarí. 

    Quizá la principal apuesta del emirato en el mundo del fútbol sea el Paris-Saint Germain (PSG), actual campeón de la liga francesa, que QIA compró a principios de la presente década con el compromiso de hacer de él un equipo de primer nivel capaz de competir con los más grandes de Europa. El presidente del club, Nasser al Khelaifi, es también uno de los principales responsables de la cadena de televisión deportiva Al Jazeera Sports, de propiedad catarí y con sede en la capital del emirato, Doha.

    Iberdrola, Prisa, Colonial y Hochtief también tienen capital catarí  

    Las empresas españolas recortan sus deudas y ganan oportunidades para crecer

    El emirato busca obtener influencia y diversificar sus fuentes de ingresos 

    Reino Unido, antigua potencia colonial, es el país que más inversión catarí concentra, unos 30.000 millones de dólares. En octubre de 2008, en plena tormenta financiera, QIA acudió al rescate de Barclays con una inyección de capital que evitó la nacionalización del banco. El fondo catarí controla actualmente el 7% de la entidad británica. Un año antes, el fondo catarí había comprado el 20% de la Bolsa de Londres, participación que redujo más tarde al 10%. Desde 2010, QIA es propietario de los grandes almacenes Harrods, uno de los símbolos del comercio de Reino Unido, que compró al multimillonario egipcio Mohamed al Fayed, y también es el principal accionista de la cadena de supermercados Sainsbury’s. Además, controla el 20 % de la sociedad que gestiona el aeropuerto de Heathrow, en la que tiene como socia a la constructora española Ferrovial. El brazo inmobiliario de QIA tiene también importantes intereses en Londres, entre ellos el complejo de negocios Canary Wharf, la villa olímpica construida para los Juegos de 2012, el edificio The Shard (el más alto de la Unión Europea) y varios hoteles de lujo.

    Francia es, después de Reino Unido, el segundo país en el que los cataríes comenzaron a invertir fuera de sus fronteras. Es quizá en este país donde más diversificadas están sus participaciones empresariales y en el que el emirato tiene más capacidad de influencia. La lista de compañías francesas con capital catarí es larga e incluye nombres tan conocidos como Lagardère (de la que es accionista mayoritario), la petrolera Total, el consorcio aeronáutico EADS, Vinci, GDF Suez, Air Liquide, Technip, Veolia, Vivendi, Royal Monceau, France Telecom, Areva…

     

    Y ahora, Asia

    Pero la presencia del dinero catarí no se circunscribe a España, Reino Unido y Francia. QIA es uno de los mayores accionistas de una de las empresas más emblemáticas de Alemania, Volkswagen, con el 15% del capital, y también posee participaciones más pequeñas en Credit Suisse, la petrolera anglo-holandesa Royal Dutch Shell y la empresa de joyería estadounidense Tiffany, por poner sólo algunos ejemplos.

    El fondo soberano de Qatar tiene 170.000 millones invertidos en todo el mundo

    El fútbol sirve para mejorar su imagen ante la opinión pública europea

    El dinero catarí pone el ojo en Asia y comienza a hacer negocios en China

    Tras su desembarco europeo, el fondo soberano iraquí ha puesto el ojo en Asia, donde tiene previstas importantes inversiones en los últimos años, concretamente en el sector petroquímico. En 2014, QIA firmó un contrato con el grupo chino CITIC para lanzar un fondo de 10.000 millones con el propósito de invertir en el continente.

    Javier Capapé explica que los gobernantes cataríes prefieren mantener un perfil bajo en la mayoría de las empresas que invierten. Sin embargo, puntualiza que el jeque Hamid, el nuevo accionista de El Corte Inglés, es un personaje de fuerte personalidad. La fuerza con la que negoció la adquisición de Xstrata (donde Qatar era un accionista relevante) por parte de Glencore hacen pensar que los planes de expansión de El Corte Inglés podrían acelerarse. “Se trata de uno de los inversores más agresivos del planeta por su facilidad para cerrar operaciones de gran volumen”, afirma Capapé. 

     

    DERECHOS HUMANOS

    Un país rico bajo sospecha

    Qatar es un país inmensamente rico, pero depende de la mano de obra extranjera para mantener su nivel de vida. De sus dos millones de habitantes, sólo el 15% son cataríes de origen; el resto son trabajadores llegados de países de Asia, principalmente de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh, Filipinas, Afganistán y Sri Lanka. Mientras que los descendientes de los pobladores originales del país viven mayoritariamente de las rentas del petróleo y el gas natural, son los extranjeros quienes hacen los trabajos más penosos, con frecuencia en condiciones durísimas.

    El producto interior bruto de Qatar ronda los 200.000 millones de euros, una quinta parte del español. Pero el dato que de verdad revela la riqueza del país es su PIB por habitante, de 143.400 euros anuales, el más alto del planeta. 

    Detrás de la imagen de tolerancia y modernidad que sus autoridades ofrecen al mundo y de las millonarias inversiones en empresas extranjeras, Qatar sigue siendo una monarquía absoluta en la que rige la ley islámica. No existe el sufragio universal, pero sí la pena de muerte, y la homosexualidad se persigue como si se tratara de un delito.  Las organizaciones de derechos humanos son especialmente críticas con  la enorme siniestralidad laboral y las normas que impiden a los trabajadores inmigrantes salir del país sin permiso de sus patrones. 

    Gobernado por la familia Al Thani desde mediados del siglo XIX, Qatar fue un protectorado británico hasta 1972. El emir Jalifa bin Hamad al Thani , líder de la independencia, fue derrocado en 1995 por su propio hijo, Hamad bin Jalifa al Thani, en un golpe de Estado incruento apoyado por las Fuerzas Armadas. El nuevo emir emprendió  entonces un plan de modernización y expansión económica fuera de sus fronteras. Para promocionar la imagen del país en el exterior, el nuevo emir creó el canal de televisión Al Jazeera a imagen y semejanza de la BBC. Dos décadas después, Al Jazeera es probablemente el medio de comunicación más influyente del mundo árabe y musulmán. 

    Un Mundial cuestionado

    Hace dos años, el emir entregó el poder a uno de sus hijos, Tamim bin Hamdad al Thani, que se marcó como objetivo que el país organice con éxito el Mundial de fútbol de 2020, un acontecimiento marcado por las sospechas de que las autoridades cataríes sobornaron a directivos de la FIFA para conseguirlo. Actualmente hay abiertas varias investigaciones al respecto en distintos países del mundo, entre ellos Estados Unidos y Suiza.

    Miguel Otero-Iglesias, del Real Instituto Elcano, subraya que Qatar ha utilizado tradicionalmente su riqueza para apoyar distintas causas y tener aliados en todos los bandos. Aunque su Gobierno no apoya al Estado Islámico, los gobiernos occidentales sospechan que ciudadanos cataríes financian privadamente a los radicales islámicos en Siria e Irak.

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