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Los platos rotos de una secesión

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Octubre 2017 / 51

Transición: Cuanto menos pactada sea, mayor coste supondría la independencia de Catalunya. Sobre todo si acabara saliendo de la UE.

BASE INDUSTRIAL La economía catalana, más diversificada que en el conjunto de España, está dominada por las exportaciones. ANDREA BOSCH

En Catalunya hace tiempo que muchos ciudadanos hablan como si ya hubieran desconectado de España. No hay nadie con mando en plaza dispuesto a preguntarles si quieren o no quedarse en el proyecto común, y desde el 1-0 pueden aferrarse al argumento de que se les quiere retener por la fuerza. En las conversaciones se mezclan factores emocionales, identitarios, lingüísticos, culturales, sensación de agravio, consideraciones sobre legitimidades, capacidad decisoria, democracia y la oportunidad de inventar un próspero y pequeño pedazo de mundo mejor en el flanco sur de Europa.  Pero en una hipotética secesión hay mucho dinero y empleo en juego.

El (escaso) debate económico se mueve entre las advertencias de catástrofes y las promesas de Ítaca, con la dificultad añadida de que no se pueden anticipar  las consecuencias de una ruptura porque en el plano teórico podrían diferir enormemente en función de cómo se realizara, y de si se diera un montón de supuestos; del más inimaginable y estúpido, una guerra de verdad, al mantenimiento de una Catalunya independiente en el euro y en la Unión Europea. La aspiración a seguir formando parte de la UE, o al menos de una salida con vuelta, es compartida por los partidos independentistas, salvo en el caso de los anticapitalistas de las CUP. Bruselas ha insistido en que, si España se rompe, de entrada la nueva república quedaría fuera del club.

 

Mezcla de impactos

A la larga lista de supuestos por despejar se añade la mezcla en la misma cesta de peras, manzanas y, últimamente, naranjas. Las peras: la viabilidad económica de una nueva República Catalana, o la de España sin Catalunya, que perdería en torno a un 20% de su economía. Las manzanas: la facturade materializar una transición. Y las naranjas: el precio de la incertidumbre que rodea ya un proceso sin precedentes en la eurozona hasta despejar el desenlace.

“Una Catalunya independiente sería viable a medio plazo”

Hacer frente al pago de la deuda, principal quebradero de cabeza 

El Banco de España aludió a finales de septiembre a estas últimas naranjas: “Las tensiones políticas en Catalunya podrían afectar eventualmente a la confianza de los agentes y a sus decisiones de gasto  y condiciones de financiación” en los mercados de deuda, y se han convertido en uno de “los riesgos que rodean las proyecciones del crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB)”, deslizó el supervisor en sus previsiones para este año (3,1%) y los dos próximos. El organismo que dirige Luis María Linde se cuidó de remarcar que por hoy no ha habido impacto. En esta línea iba el aviso por el Ministerio de Economía de que un fabricante de coches ha retenido su decisión de invertir en la comunidad catalana. 

 

Decisiones de inversión

“Al margen de lo que se piense sobre la independencia de Catalunya, es cierto que cuanto más se alarga un escenario de conflicto, más pueden retrasarse decisiones de inversión, retraerse actividad o aguantar la toma de decisiones como la localización en Barcelona de la Agencia Europea del Medicamento”, señala Raymond Torres, director de Coyuntura y Estadística de Funcas.

Las agencias de calificación —las mismas que daban por buena la situación de Lehman Brothers o del gigante Enron antes de que quebraran y que siguen poniendo notas en función de su supuesto riesgo de impago o de su fiabilidad— han tendido a minimizar las posibilidades de una separación, aunque en las últimas semanas el tono de Standard & Poor’s, Fitch y Moody’s, ha cambiado. Esta crisis de Estado se ha colado en algunos gigantes bancarios se han mojado, avisando de revueltas civiles en caso de suspensión de la autonomía (Citi) o sugiriendo a los inversores que apuesten por “recortar posiciones” en la deuda española a 10 años y apostar por otros países (JP Morgan). 

 

Penalización de la banca

El castigo de los inversores a la banca, y en especial a CaixaBank y el Banco Sabadell, con sede en Catalunya, y también a otras compañías cotizadas con mayor exposición a Catalunya, como el BBVA tras la adquisición de CatalunyaCaixa y Unnim, refleja los temores del dinero.  

El sistema financiero asegura oficialmente que no ha habido movimientos significativos a resultas  de la tensión territorial. El Banco de España, lo mismo. No todo lo cree así. “Estas instituciones ya están sufriendo la desafección de muchos de sus clientes fuera de Catalunya, aunque se hable poco de ello, y ese proceso se volvería exponencial con una declaración de independencia unilateral, con enormes riesgos de supervivencia de estas instituciones”,  señala Antonio Villar, investigador del Instituto Valenciano de Instituciones Económicas (Ivie) y de la Universidad Pablo de Olavide.

“La banca es esencial para el funcionamiento de la economía. Las entidades con problemas ya nos han costado mucho dinero por los rescates. Las que quedaran con sede fuera de la UE, tendrían menor capacidad para financiarse, y hay que evitar cualquier problema de solvencia”, señala Mónica Melle, desde Economistas Frente a la Crisis, convencida de que “las cuentas del nacionalismo catalán deja de considerar muchas cuestiones”.

El Consell de Transició Nacional que ha estado preparando el diseño de un nuevo Estado y posibles escenarios para llegar a él  no obvia “las dificultades” que entrañarían tanto la falta de acceso directo al crédito del Eurobanco como  la imposibilidad de que los activos financieros emitidos en Catalunya, incluida la deuda del nuevo Estado, se pudieran emplear como garantía bancaria (colateral, en la jerga) de las operaciones de crédito del BCE. Para superar ambos obstáculos y tener acceso a las operaciones de Francfort, que califica de “relevantes”, el plan es firmar un acuerdo monetario con la Unión similar al que tienen miniestados como Andorra o Mónaco, que han adoptado el euro como moneda oficial, como parte de una (re)integración “suave”. 

¿Y si no hubiera acuerdo?  A los bancos les tocaría cubrir su necesidad de liquidez con créditos de otras entidades que sí operaran en la eurozona y harían de intermediarias con el BCE, al que al menos se podría acceder a través de filiales. Para ello se basa en el documento General Documentation on Eurosystem Monetary Policy Instruments and Procedures del BCE de noviembre de 2011. Los economistas favorables a la independencia —entre los cuales nombres destacados como Xavier Sala i Martín, Jordi Galí u Oriol Amat— confían en un pacto, porque “lo contrario sería perjudicial para todas las partes implicadas en las decisiones pertinentes”.  

 

Caída del PIB

“Si el BCE no financia a los bancos, provoca una devastación masiva del sistema que no interesa ni puede permitirse nadie, tampoco en Europa”, enfatiza el economista i diputado de Junts pel Sí Germà Bel, descreído con augurios como el formulado por el ministro de Economía, Luis de Guindos, en el sentido de que una secesión se traduciría en una caída de entre el 25% y el 30% del Producto Interior Bruto (PIB)  catalán, sin más precisiones. “Si durante la guerra civil en Catalunya se redujo un 18%, ¿en qué está pensando? Y nadie ha podido salir de una moneda, ¿cómo se hace?”, añade.

“La incertidumbre sobre lo que puede ocurrir es tal que resulta un poco aventurado adelantar el futuro. Todo va a depender de si finalmente Europa tiene o no voluntad de integrar a Cataluña o no”, señala María Cadaval Sampedro, desde la Universidad Santiago de Compostela. 

Sin ser un Estado miembro, hay dos vías para utilizar el euro: el acuerdo monetario a la que aludía el Consell de Transició Nacional y el de países como Kosovo, que ha adoptado unilateralmente la moneda.En este último caso, el país debe acudir a bancos comerciales ordinarios para comprar monedas y billetes al tipo de cambio de cada momento. “Eso sale más caro”, afirma la economista. “La seguridad de la liquidez del sistema bancario europeo quedaría excluida, y, en ningún caso, Catalunya, como mera usuaria, tendría capacidad de influir sobre la política monetaria ni sobre las decisiones en esta materia”.

Las dificultades de Catalunya para financiarse son una realidad.  Del billón de euros a que asciende la deuda española, la negociación de una eventual ruptura implicaría que Catalunya debería asumir cerca de una cuarta parte de la suma según su peso económico —sin negociación de separación,  la Generalitat aduce que no puede quedarse parte de deuda española—. Además, la comunidad debe 76.000 millones, de los que tres cuartas partes corresponden al dinero le prestó el Gobierno central desde el año 2012  y hasta 2016. Mediante los préstamos del Fondo de Liquidez Autonómico (FLA) las comunidades pueden financiarse a menor coste que si tuvieran que emitir deuda en los mercados. La calificación crediticia de la deuda catalana por las agencias de rating se encuentra en niveles de bono basura, propios de pagadores poco fiables.

SEGURIDAD SOCIAL Catalunya necesitaría 27.000 millones para pagar las pensiones. FOTO: Andrea Bosch 

Quedar fuera del euro complicaría la posibilidad de pagar la deuda, en gran parte en euros. Más aún en caso de tener que crear una moneda propia, que probablemente debería devaluarse.  

“Creo que la independencia sin negociación no es posible. Más pronto o más tarde debe producirse. Las cosas no ocurren de un día para otro. Escocia preveía dos años de transición ordenada”, remarca Núria Bosch, catedrática de Hacienda Pública de la Universitat de Barcelona y autora en 2014 del estudio La viabilidad económica de una Cataluña independiente.  “Es evidente que una Catalunya independiente es viable. El problema reside en los costes de transición. Sin acuerdo, son muy elevados, pero también para España y la eurozona”, añade. En este sentido, Torres comenta que “a largo plazo, claro que es viable, pero el corto plazo hipoteca mucho el largo plazo”.

Para Daniel Albarracín, asesor de Podemos en el Parlamento Europeo, “Catalunya está tan inserta en la UE que de forma natural no se puede contemplar que no forme parte de ella, o a través de acuerdos de asociación que rebaje al mínimo los aranceles. Las empresas, una vez aclaradas las cosas, suelen ser pragmáticas”. Si se impone la salida, apunta, “el reto decisivo, tras una transición complicada, está en los requisitos de convergencia para el regreso a la Unión, ya que esta podría endurecerlos y redoblar la presión para una mayor austeridad si cabe, cuando hace falta formar alianzas en Europa para defender políticas alternativas”.

 

Pagar las pensiones

Más que los costes asociados a la creación de un nuevo Estado (empezando por un servicio exterior, con embajadas), y que según los cálculos pueden oscilar entre los 3.000 y los 5.000 millones de euros, el reto en materia de costes se centra en el nuevo sistema de Seguridad Social responsable de pagar pensiones y prestaciones de paro.  Este sistema necesitaría 27.000 millones de euros para garantizar los pagos. El Gobierno catalán asegura que las pensiones de una nueva república “no sólo estarían garantizadas, sino que mejorarían”. Se basa en que , de media, cada afiliado en Catalunya cotiza más (en 2016 un 7,7% más que en el conjunto de España) y que hay más gente trabajando (la tasa de ocupación es más elevada y el paro, comparativamente menor, , del 13,6%, según la Encuesta de Población Activa). Estima, además, que los 40.000 empleos más que los independentistas calculan que deberían generar para montar el nuevo Estado a su vez también aportarían a una Seguridad Social que admite deficitaria, pero, calculada por habitante, menor a la de una España sin Catalunya. 

Catalunya necesitaría 27.000 millones para pagar las pensiones

El comercio con el resto de España se resentiría por el ‘efecto frontera’

Para regresar a la UE, esta podría exigir aún más austeridad

De nuevo, sin pactos de por medio la situación se complicaría, porque durante una transición incierta, la Generalitat sostiene que quienes han cotizado en la Seguridad Social española “deberían cobrar del Estado”. La comunidad acumula un 25% del déficit de la Seguridad Social (4.700 millones),  según el Ministerio de Empleo. Su titular, Fátima Báñez, ha hablado de “riesgos” para el sistema en Catalunya y en toda España.

Catalunya esgrime como baza la eliminación del déficit fiscal con el resto de España. Según el Ministerio de Hacienda, esta diferencia entre lo que aporta la comunidad y lo que recibe fue en 2014 (último dato disponible) de 9.892 millones, equivalentes a un 5,02% del PIB. Son 1.317 euros por persona.  También tienen saldo fiscal negativo las comunidades de Madrid (cuyo déficit por habitante asciende a 2.979 euros), Valencia (-374) y Baleares (-1.373). Este cálculo surge de la aplicación de la metodología llamada dede flujo de beneficio, que imputa a cada comuniad el gasto de servicios centrales de los que se beneficia y que están en Madrid. La Generalitat tiende a aplicar, en cambio, el método de flujo monetario, que sólo imputa a Catalunya el gasto que se hace en ella.

La imbricación de la economía catalana con la española es enorme. El resto de España ha sido tradicionalmente el principal cliente comercial de Catalunya, aunque con la globalización y la crisis la cuota de ventas ha bajado casi 20 puntos porcentuales. Ferran Brunet, tesorero de Societat Civil Catalana, convencido que la no habrá secesión, asegura que el efecto frontera en distintas experiencias de secesión ha reducido las relaciones comerciales entre un 25% y un 70% y que el saldo comercial positivo de Catalunya con el resto de España pasaría del actual 9,7% al 5,4%. La comunidad perderíaun 14,2% del PIB, un  16,3% del empleo (con el incremento proporcional de las prestaciones por paro y de déficit público)y sufriría un impacto sobre la renta personal de -3.942 euros. 

Los cálculos del economista de Harvard Pol Antràs rebajan el impacto del efecto frontera al 1,4% de la economía catalana, aun asumiendo que el boicoteo de los productos catalanes fuera casi 10 veces superior al que hace 12 años sufrió el cava.