Mal de muchos, ganancia de unos pocos

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    No todo el mundo pierde: las compañías energéticas, los bancos y el oligopolio de los cereales hacen su agosto con la subida de los precios.

    Hacía la friolera de 38 años que España no tenía una inflación superior al 10%. En aquel final de verano de 1984, el Gobierno de Felipe González apenas llevaba 20 meses en el poder, aún coleaba la crisis del petróleo y la tasa de paro superaba el 21% en pleno proceso de reconversión industrial. La Guerra Fría no había terminado y seguían en pie el muro de Berlín y la Unión Soviética. En EE UU, Ronald Reagan obtenía la reelección para avanzar en su revolución neoliberal mientras que Apple lanzaba al mercado, bajo el nombre de Macintosh, la primera computadora personal comercializada con éxito masivamente.
    ¿Qué ha pasado para que el índice de precios de consumo (IPC) se haya disparado de nuevo por encima de los dos dígitos? Si hubiera que apuntar una sola causa, esta sería la pandemia de covid-19, que nos deja la espiral inflacionaria como principal herencia económica. La ruptura de las cadenas globales de suministro y la demanda embolsada durante los largos meses de restricciones a la movilidad de personas y mercancías dispararon los precios al alza en cuando las cosas comenzaron a normalizarse. La invasión rusa de Ucrania, iniciada el 24 de febrero, no hizo más que empeorar las cosas al encarecer hasta niveles desconocidos  el coste de la energía, que llevaba  varios meses al alza. 

    La inflación ha frenado en seco la recuperación poscovid y amenaza la estabilidad política, económica y social en muchos lugares del mundo. La volatilidad de la situación hace imposible vislumbar una moderación de los precios a medio plazo.  Por lo pronto, la inflación ya ha comenzado a empobrecer a amplios sectores de la ciudadanía, cuyos ingresos no crecen al mismo ritmo que los precios de los bienes más básicos. Las perspectivas de una guerra larga en Ucrania auguran un otoño y un invierno difíciles, tras un verano en el que los fenómenos climáticos extremos se han mostrado con dureza, en especial la sequía y las inundaciones. 
    Como en todas las crisis del capitalismo, el actual brote inflacionario tiene ganadores y perdedores. En un contexto de subida de los precios de los bienes básicos para las familias (alimentos, energía, transporte, vivienda, etc.), hay quien está ganando mucho dinero.

    Las petroleras
    Las grandes ganadoras de los periodos de alta inflación son siempre aquellas empresas que venden los productos o servicios que más se encarecen. En esta ocasión los primeros de la lista son los gigantes de la energía, empezando por los que producen y comercializan el petróleo y el gas. Aramco, Exxon, Chevron, Shell y BP han visto como sus beneficios se han disparado gracias a la subida de los precios del combustible en las gasolineras (véase gráfico). 
    Prestemos atención al caso de Aramco. La petrolera estatal de Arabia Saudí, que produce el 10% del crudo mundial, rompió su propio récord en el primer semestre del año al obtener un beneficio neto de 88.000 millones de dólares, casi el doble que en el mismo periodo del año anterior. La compañía es ya la segunda del mundo en capitalización bursátil (cerca de 2,3 billones de dólares, más del doble del PIB español), solo superada por Apple y por encima de Microsoft, Google y Amazon. 

    La búsqueda de alternativas al gas y al crudo rusos refuerza las dictaduras petroleras del golfo Pérsico


    La subida de los precios del crudo y del gas ha reforzado geoestratégicamente a las dictaduras del golfo Pérsico, que están sacando partido de la necesidad de los países occidentales de reducir su dependencia de los hidrocarburos procedentes de Rusia. Arabia Saudí ha dejado claro que está dispuesta a reducir las exportaciones de crudo si es necesario para prolongar la situación de precios altos.
    En España, aunque con cifras más modestas, Repsol ha seguido el mismo camino. La compañía presidida por Antonio Brufau duplicó sus beneficios entre enero y junio, hasta los 2.539 millones de euros. La propia compañía reconoció que su margen de refino en España se incrementó en el 242% en el segundo trimestre, es decir, multiplicó por más de tres la diferencia entre el coste y el beneficio de producir el combustible. La mejora de los resultados ha tenido su reflejo en Bolsa: las acciones de Repsol han subido el 27% en lo que va de año, mientras que los precios de la gasolina marcaban un récord histórico en España. El litro de 95 llegó a pagarse por encima de los dos euros en junio (a finales de agosto se había moderado hasta los 1,75 euros).

    Las eléctricas
    Aunque en menor medida que las petroleras, las grandes empresas de electricidad también se están beneficiando del alza de los precios. Ya se nota en su cuentas de resultados: las tres cotizadas en España (Iberdrola, Naturgy y Endesa) cerraron el primer semestre con un beneficio neto conjunto de 3.548 millones de euros, el 24% más que el año pasado. 
    La mayor de las tres, Iberdrola, registró un incremento del 35% en sus ganancias, hasta los 2.075 millones de euros, y ha superado a Inditex como primera empresa cotizada de la Bolsa española, con una capitalización de 68.000 millones de euros. La empresa asegura que sus beneficios en España cayeron el 26% en el primer semestre por la gran cantidad de contratos a precio fijo que tiene suscritos con sus clientes, a los que no puede repercutir la fuerte subida de la electricidad en el mercado mayorista. Precisamente, su presidente, Ignacio Sánchez Galán, llamó públicamente “tontos” a los usuarios acogidos al mercado eléctrico regulado —unos 10 millones de hogares—, cuya tarifa sí está sometida a los vaivenes del mercado y que ha subido vertiginosamente en los últimos meses. El directivo pidió disculpas tras las críticas de que fue objeto por parte del Gobierno y de organizadores de consumidores. La vicepresidenta económica, Nadia Calviño, llegó a decir que las palabras de Sánchez Galán mostraban una tremenda “falta de empatía”.

    Iberdrola aumenta su  beneficio el 35% y desbanca a Inditex como la mayor empresa de la Bolsa española


    El malestar con los beneficios de Iberdrola y con el salario de su presidente —el ejecutivo mejor pagado del IBEX 35, con 13,2 millones de euros en 2021— fue portada el 21 agosto del diario escocés Sunday Mail,  que recordó su implicación en varias investigaciones judiciales, incluido el caso Villarejo (archivadas para él por la prescripción de los delitos), y el hecho de que gane esa fortuna mientras "millones de clientes se ven sumidos en la pobreza por el aumento vertiginoso de los costes del combustible". Iberdrola es la matriz de Scottish Power, que genera, distribuye y comercializa electricidad en Reino Unido. "Mientras que millones de personas sufren por el aumento del coste de la vida, es increíble que los ejecutivos se salgan con la suya con salarios así en medio de informes de fraude, soborno o espionaje”, afirmó John Ferry, portavoz económico del Partido Liberal Demócrata en Escocia. “La prioridad debería ser ayudar a los hogares en apuros a reducir las facturas". 
    Tampoco le han ido mal las cosas a Naturgy, que ganó 557 millones de euros en los primeros seis meses del año gracias a un incremento del 83,4% en su facturación, consecuencia de los mayores precios de la energía, según comunicó la propia empresa a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Endesa, por su parte, tuvo un beneficio de 916 millones de euros (el 10% más que el año pasado), aunque la cifra incluye 182 millones obtenidos por la venta de una empresa filial a su matriz, la italiana Enel. Si no hubiera sido así, afirman en la compañía, la ganancia habría sido el 11,8% inferior a la de 2021. 

    Los bancos mejoran su negocio al trasladar a los clientes la subida de los tipos de interés


    Destacan también los beneficios de Acciona Energía, especializada en energías renovables, cuyas ganancias ascendieron a 390 millones de euros en el primer semestre, el 155% más que en el mismo periodo del año pasado, gracias también al encarecimiento de los precios de la luz. Sus ingresos fueron de 2.206 millones, el doble de los del primer semestre de 2021.

    Los bancos
    Los bancos también han visto prosperar su negocio gracias a las expectativas de subida de los tipos de interés a cargo del Banco Central Europeo (BCE), que acabaron haciéndose realidad en julio. Los tres grandes del sector mejoraron sus beneficios en la primera mitad del año: los del Santander crecieron el 33%, los del BBVA lo hicieron en el 57%, y los de Caixabank, en el17%. 
    La banca, que fue rescatada con 100.000 millones de euros de dinero público en la anterior crisis — gran parte de ese dinero no se recuperará nunca— puede ser uno de los sectores más beneficiados en la actual si, como está previsto, continúa subiendo el precio del dinero. Los bancos han empezado a cobrar más a quienes piden un préstamo nuevo y a sus clientes que ya están hipotecados a tipo de interés variable, con la consiguiente mejora de sus márgenes. A diferencia de países como Alemania y Francia, donde predominan las hipotecas a tipo fijo, los préstamos a tipo variable tienen tradicionalmente más peso en las entidades españolas.

    Los hoteles
    El sector turístico ha tenido un verano excelente y ha recuperado los niveles de visitas y facturación de 2019. Aunque la inflación está aumentando los costes en todos los sectores de la economía, muchos hoteles han aprovechado el tirón de la demanda para trasladar a sus clientes subidas de los precios significativamente superiores al IPC. Los establecimientos hoteleros, que cerraron el mes de julio con un incremento de tarifas cercano al 17% respecto al mismo mes de 2021, llevan 14 meses consecutivos de aumento de precios, según el índice de precios hoteleros del INE. El incremento de julio es el doble del registrado en el mismo mes del año pasado (8,5%).

    Carga de granos de maíz en un barco mercante.
    Foto: Getty Images

    El oligopolio del cereal
    El puñado de empresas que dominan el mercado global de cereales también están haciendo su agosto gracias a la subida generalizada de los precios. Es quizás el lado más dramático del momento que vivimos, pues la especulación con las materias primas puede dejar sin sustento a millones de personas en los países más pobres. Los precios de los alimentos han subido más del 20% este año, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El Programa Mundial de Alimentos, también dependiente de la ONU, alerta de que unos 350 millones de personas están en situación de inseguridad alimentaria, frente a los 135 millones antes de la pandemia. 
    Cuatro multinacionales —Archer Daniels Midland, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus, conocidas como ABCD— controlan entre el 70% y el 90% del comercio mundial de grano. Sus responsables pronostican que la demanda seguirá siendo superior a la oferta al menos hasta 2024, por lo que piensan seguir incrementando su facturación y sus beneficios.
     “El hecho de que los gigantes de las materias primas estén teniendo beneficios récord en unos momentos en que aumenta el hambre es injusto y una prueba de que algo no funciona en nuestro sistema alimentario”, afirmó Olivier De Schutter, miembro del Panel de Expertos en Sistemas Alimentarios Sostenibles (IPES-Food) al diario The Guardian. “El mercado global de grano está todavía más concentrado que el de la energía y es aún menos transparente, por lo que existe un riesgo alto de especulación”, sostiene Schutter, quien denuncia que la subida de los precios se produce a pesar de que aún hay enormes reservas de grano.

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