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Propuestas que ya no son utópicas

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Mayo 2013 / 3

Activismo: Hollande ha asumido algunas recetas de las ONG, que llevan años combatiendo los agujeros negros de las finanzas

Cada vez que alguien decía que había que poner en cintura a los paraísos fiscales, las autoridades daban a entender que sí, que ojalá, pero que con la globalización financiera y la libre circulación de capitales es un objetivo quimérico.

Pero el mes pasado, el presidente francés, François Hollande, humillado al trascender que efectivamente su jefe presupuestario, Jérôme Cahuzac, tenía una cuenta en Suiza, se declaró en guerra contra los paraísos fiscales con un programa que Christian Chavagneux, experto de Alternatives Economiques, calificó de “revolucionario” y que entre otras medidas quiere que el sector financiero y las multinacionales presenten su cuenta de resultados desglosada país por país.

El peñón de Gibraltar, que ha acogido mucho dinero ilícito de la costa malagueña. FOTO: Brenda Kean

La proclama de Hollande muestra que se trata de un problema básicamente político: las ONG que luchan desde hace años contra los paraísos fiscales ya disponen de una batería de propuestas técnicas que en parte hizo suyas el presidente francés.

La presentación de resultados país por país es precisamente la primera de las demandas de Tax Justice Network (TJN), la entidad que se ha convertido en referencia sobre paraísos fiscales y que acaba de lanzar una alianza global con 81 ONG en 37 países. Los planes de optimización fiscal de muchas multinacionales sitúan la caja recaudadora en un paraíso fiscal para reducir, en ocasiones hasta cero, el pago de impuestos.

Lo habitual es colocar en el paraíso fiscal la empresa formalmente dueña de la propiedad intelectual, que luego cobra cantidades astronómicas en concepto de royalties a sus auténticas unidades de negocio. La consecuencia es que la multinacional solo declara beneficios donde no se pagan impuestos.

Impuesto unitario

Como complemento a los “resultados país por país”, los activistas empujan también a favor de un “impuesto unitario” a las empresas en función del lugar real de producción. Si su actividad se basa en un determinado país, es ahí donde debe pagar los impuestos, con lo que los artilugios hacia los paraísos fiscales perderían sentido porque en estas plazas la actividad productiva o comercial verdadera es nula. 

Las propuestas de TJN incluyen otros tres aspectos muy concretos: crear un sistema de intercambio automático de información entre países, establecer unas normas para asegurar que los propietarios que constan en el registro son los reales y no testaferros o empresas pantalla y que esta información sea pública. Finalmente, convertir en delito penal la actividad de los intermediarios legales que ayudan a evadir impuestos.

Los activistas han ido ganando terreno y empiezan a influir en mandatarios como Hollande. Pero el daño que han infligido a los paraísos fiscales es por ahora menor al de los insiders que han hecho acopio de información: el terror a la posibilidad de ser descubierto por fugas del mismo banco puede hacer más por acabar con los paraísos fiscales que las  campañas de los activistas y por supuesto que la retórica del G-20.

El informático Hervé Falciani provocó en 2009 un terremoto al entregar a Francia los ficheros de 130.000 clientes del HSBC en Suiza, y las réplicas, que afectaron a la familia Botín, aún sacuden España. El último episodio en esta misma línea ha sido la filtración de los datos de 122.000 sociedades que operaban en Islas Vírgenes y otros paraísos fiscales, una investigación internacional coordinada por el Consorcio Internacional de Periodistas. “Hemos levantado la alfombra de un problema que todos los dirigentes conocían y miraban para otro lado”, concluye Mar Cabra, periodista española involucrada en la investigación.