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Se busca empresa para FP dual

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Marzo 2018 / 56

Alternancia: El modelo puede tocar techo nada más despegar por falta de cultura formadora, incentivos y visión integrada.

Alumnos del centro los Salesianos de Sarrià (Barcelona) que cursan un Ciclo de FP dual de Grado Superior. FOTO: ANDREA BOSCH

Cada vez que cambia un gobierno en España, desbarata el modelo educativo armado por el gobierno anterior. Sin embargo, la Formación Profesional (FP) no ha sido objeto de excesiva bronca política. Fernando Marhuenda, catedrático de Didáctica y Organización Escolar de la Universidad de Valencia, ve en el consenso político alrededor de la FP “una señal de que el modelo funciona bien, una señal de que avanza a paso lento pero seguro”. Montse Blanes, directora de la Fundació BCN Formació Professional, que batalla para visibilizar la FP como una opción de futuro, tiene otra teoría: “Es cierto que existe consenso en que la Formación Profesional debe potenciarse y prestigiarse. Pero quizá no se han metido demasiado porque ha sido poco visible dentro del sistema”. 

Hasta ahora. El paro juvenil, pese a haber descendido al 35,6% desde niveles insólitos superiores al 57% en los peores momentos de la crisis, persiste como gran asignatura pendiente, junto al fracaso escolar. La política de bonificaciones generalizadas de contratos y programas como el plan de garantía juvenil han mostrado sus límites. La mejora de los niveles educativos de la sociedad durante la democracia ha derivado en una pirámide educativa desequilibrada en comparación con los países vecinos más desarrollados: el vértice —la educación universitaria y los ciclos formativos de grado superior— está sobredimensionado, al igual que la base de personas con una formación básica. Mientras, la cintura —correspondiente al bachillerato y los ciclos de grado medio— se estrecha.

En España faltan técnicos, especialmente en campos como la robótica, la informática o la mecánica. Y esta circunstancia ha llevado a focalizar todas las esperanzas en la Formación Profesional. En especial, en la modalidad dual, de inspiración alemana, que planteó el exministro de Educación José Ignacio Wert a finales de 2012 sin acuerdo con los agentes sociales. “Esperemos que el consenso a partir de ahora sea realmente por su importancia y su valor”, dice Blanes.

 

MODELO DESCONOCIDO

“El modelo dual es aún un gran desconocido. No tiene mucho que ver con las prácticas de toda la vida, las que se realizan en una empresa cuando acabas los estudios. Hablamos de un sistema de corresponsabilidad formativa entre la empresa y el centro educativo, en el que cada parte asume una parte del currículum formativo”, explica Clara Bassols, directora de la Fundación Bertelsmann, una de las impulsoras de la Alianza para la FP dual que promueve este modelo de aprendizaje en alternancia en la escuela y el centro de trabajo durante periodos largos (dos a tres años). 

En España faltan técnicos en informática, robótica y mecánica

Los duales son sólo el 3% de los estudiantes que optan por la Formación Profesional

“Existen muchos modelos de dual, pero lo esencial en todos ellos es que tanto el centro educativo como la empresa dispongan de la figura del tutor para hacer un buen seguimiento de los alumnos, que las empresas remuneren a los aprendices o que la FP dual se imparta con un régimen de alternancia mínima entre el centro educativo y la empresa”, añade Bassols. La fundación que dirige pide al Gobierno apoyos para las empresas con mentalidad formadora: “No incentivos en forma de costes salariales de los jóvenes, sino para financiar el coste de tutores y prospectores que puedan acompañar en el proceso,  sobre todo a las empresas pequeñas”. 

Este tipo de aprendizaje, que pone en contacto a los alumnos con la realidad de las empresas y sus recursos punteros, es una posibilidad en España desde hace cinco años. Sin embargo, se ha ido abriendo camino con reglas de juego distintas y ritmos distintos en cada comunidad autónoma, sobre un telón de fondo problemático: la falta de acompasamiento entre las políticas que cuelgan de Educación y las que dependen de Empleo.  

 

EXPANSIÓN, CON LÍMITES

En términos cuantitativos, la evolución del modelo es incontestable: el número de estudiantes se ha multiplicado por seis, hasta los 23.919 desde 2013; el de instituciones formativas, por cinco, hasta los 894; y las compañías, por veinte, hasta las 9.916. Sin embargo, este salto puede sugerir una idea equivocada de lo que está sucediendo con la FP dual. De los jóvenes que han optado por la Formación Profesional al terminar la Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), y que suman 810.621en el curso 2017/2018, la proporción de duales supone sólo un 3%. 

Compararnos con los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) pone las cosas en su lugar, aunque los últimos datos disponibles —en el Panorama de la Educación 2017—, sacan la foto del año 2015, y dos años cuando se llevan cinco de implantación son mucho tiempo. En todo caso, esos datos apuntan que el porcentaje de estudiantes de ciclos de FP es del 12% en España, frente a una media del 26% en la OCDE. La distancia es aún mucho mayor si se compara la proporción de jóvenes que combinan sus estudios de FP con el aprendizaje en el centro de trabajo: un 0,4% en España,  frente al 16,9% de la OCDE. 

Luces y sombras

La cifra de empresas que han probado la FP dual se multiplica por 20, pero la media de alumnos por empresa baja de 8,7 a 2,5

“No es poco lo conseguido en cinco años”, valora Bassols, para quien, además, la implantación no se puede hacer de forma masiva. “Hablamos de un cambio de mentalidad, que no puede intentarse de golpe. No se trata de correr, sino de hacer las cosas bien. Nuestro mayor reto es que se entienda un sistema que, bien aplicado, es ventajoso para todas las partes”, afirma.

La calidad. El cómo. Ahí estalla la batalla. Del camino recorrido nacen los recelos. Desde CC OO, Eduard Requena, responsable de FP de Catalunya —una de las comunidades donde la proporción de alumnos bajo esta modalidad es más elevada (ver mapa)—,  coincide con los promotores de la Alianza en que “importa más la calidad que la cantidad”. Pero Requena subraya que la implantación de la dual “se produjo sin consenso previo, bajo los efectos de la reforma laboral y con la voluntad de debilitar la negociación colectiva y de precarizar el trabajo, y de ahí nacen sus límites”.

El Gobierno ha fijado como objetivo que el total de alumnos que estudien en FP dual —ahora casi 24.000— lleguen a 100.000. Incluso los abanderados de este modelo dudan que sea posible sin una reforma a fondo.  El Ejecutivo prepara un real decreto con modificaciones. Esta vez sí ha recibido propuestas de patronales, sindicatos y actores del sistema educativo. Bajo la supervisión de la Comisión Europea, que reclama a España una mejora de los programas de formación dual y mete el dedo en la llaga de la remuneración del aprendiz.

 

DIFERENCIAS AUTONÓMICAS

Junto a modelos de referencia —de FP en general, más allá de la dual—, coexisten modelos muy distintos. En Andalucía, desde el primer año de formación el alumno se desplaza ya a la empresa. No se le paga un salario, pero sí ayudas para el transporte al centro de trabajo. La alternancia en Catalunya se produce a partir del segundo año de aprendizaje, y suele ser de periodicidad semanal, con obligación de retribución, al igual que en otras comunidades como Murcia. Se puede elegir entre pagar beca o un contrato de formación y aprendizaje. Pero en Aragón la beca no es posible; sólo el contrato. En la Comunidad de Madrid,  la FP dual se plantea un primer año entero en el centro educativo y el segundo, enteramente en la empresa.  

Las empresas de cierto tamaño con presencia en distintas comunidades, empezando por las multinacionales de matriz alemana, llevan tiempo quejosas por las dificultades de gestionar tanta diferencia.

Cuando Bankia decidió impulsar hace tres años la formación dual incorporando estudiantes a la entidad financiera, con la idea sobre todo de prepararlos para la banca multicanal, pensó en Valencia (30 alumnos) y en Madrid (20) por su masa crítica. Fueron necesarias reuniones de coordinación, y las diferencias condicionaron decisiones como la selección de los centros educativos o la opción de remuneración (becas de 520 euros al mes durante nueve meses).  En la Comunidad de Madrid, los centros públicos sólo permiten cursar un año entero en la escuela y el otro en la empresa. “Este planteamiento impide la relación constante y la valoración de los progresos entre el centro educativo y la empresa, que en el caso de Bankia pudo aprovechar una fuerte cultura de coaching y orientación  existente en la entidad”, explica Mercedes Chacón, directora  de la Fundación Bankia por la Formación Dual, que además de estudiantes para el banco promueve otros proyectos de Formación Dual, como becas para investigación biomédica y clínica. De ahí que se eligiera a dos centros de la Cooperativa Gredos San Diego Madrileña y, en la Comunidad Valenciana,   el centro público de FP Mislata y en la Florida Centro de Formación Cooperativa Valenciana.  

Las pymes son reacias por el coste en tiempo, papeleo y salarios 

El Gobierno quiere elevar los alumnos en FP dual a 100.000 

Los alumnos pasan por banca de particulares, atención al cliente, banca de empresas o información online. “Cuando terminan podrían tener, además del grado superior de FP en administración y finanzas, una especialización en gestión financiera. De los 44 de la primera promoción fueron contratados 17, pero el objetivo no es incorporarlos, sino formarlos para que puedan trabajar para empresas del sector”, asegura Chacón. 

 

MENOS ALUMNOS POR EMPRESA

Pese a experiencias de este tipo, desde el gabinete de estudios de CC OO, Miguel Recio, que además dirige un centro donde se imparte FP, alerta de que el sistema dual no da más de sí. “Hay muchas más empresas y muchos más alumnos, pero si nos fijamos en el número medio de alumnos por empresa, vemos que ha caído de 8,7 a 2,5. Es el fin de la FP dual. El modelo no puede crecer, no tiene recorrido”.  Apunta que el modelo ha funcionado con las empresas grandes, pero que el impulso va decayendo. “Si eres una empresa grande y tienes a 20 jóvenes, seguro que puedes ponerles tutor e instructor, pero está claro que si tienes a dos alumnos no puedes destinarles un tutor. Y una empresa pequeña nunca podrá asumir el coste de la formación, no tendrá recursos. Si coges a uno o dos alumnos, sólo sale a cuenta si los ponen a hacer otras cosas”, añade, en referencia al uso del alumnado como mano de obra barata. 

Es el gran tabú, que en parte gana peso por el hecho de que el real decreto que en 2012 desarrolló la FP dual incluyó dos vías para acceder a este tipo de programa: por una parte, los programas del sistema educativo (grado medio o superior de la FP); por la otra, a través del contrato de formación y aprendizaje. Si se accede a la FP dual por una vía, que depende de Educación, o por la otra, que depende de Empleo, son diferentes las garantías, derechos y obligaciones —para aprendices respecto de la formación y para empresas, respecto a las ayudas y bonificaciones—.

A través de la FP dual que depende de Educación y los departamentos educativos autonómicos, se formaron casi 24.000 jóvenes entre 2013 y 2017. En el mismo periodo, se firmarona 515.589 contratos de formación y aprendizaje. En este segundo caso, hablamos de la formación  que puede destinarse tanto a trabajadores en paro como a trabajadores en activo.  Por esta segunda vía un trabajador puede obtener certificados de profesionalidad que gestiona el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE).  En teoría, si una persona va sumando módulos de formación de este modo, puede acabar accediendo al punto de llegada de los ciclos formativos de FP educativos. En la práctica, son mundos aparte. 

Este medio millón de contratos de formación y aprendizaje tuvo, además, un recorrido irregular.  En una primera etapa, entre 2013 y 2015, se dispararon, especialmente en el comercio y la hostelería. Una disposición transitoria, que se fue renovando cada seis meses hasta principios de 2016, eliminaba los requisitos exigibles a la formación que iba asociada al contrato.  Se permitía así impartir, según denunció CC OO, cursos no acreditables en modalidad a distancia tradicional que estaban subvencionados cuando se realizaban (supuestamente) en centros privados durante el primer año. Además, se podían firmar contratos con  jóvenes de hasta 30 años de cualquier nivel académico, cuyas cotizaciones se bonificaban al 100% (en un 75% para empresas de más de 250 empleados). Y se posibilitó encadenar contratos en la misma empresa haciendo  distintas tareas. 

Una empresa que invierte en FP dual no tiene ayudas ligadas al contrato de formación

Bankia paga 520 euros a sus estudiantes de FP dual en Valencia y Madrid durante 9 meses

En 2015 se aplicaron bonificaciones adicionales sobre los costes de “tutoría” de las empresas y las horas de formación cuando el contrato se realizaba con jóvenes beneficiarios de Garantía Juvenil. Para CC OO, fue un impulso del negocio de la formación sin que mejorara necesariamente la cualificación y la inserción laboral de jóvenes. 

En 2016 y 2017, tras las denuncias recibidas por la Inspección de Trabajo sobre el carácter fraudulento de muchas contrataciones, el Gobierno decidió no prorrogar la mencionada disposición transitoria y suprimir la financiación de la formación a distancia tradicional y la formación no acreditable. El número de contratos cayó bruscamente. Lo cierto es que no es posible conseguir datos sobre la formación asociada a los contratos para la formación.

Este contrato, además, dura entre un año y tres años. En cambio, los ciclos de la FP dual que dependen de Educación —que son los que implican a las instituciones formativas y los que impulsa la Alianza para una FP dual de calidad, en línea con la realidad de países inspiradores como Alemania, Suiza, Austria, Dinamarca u Holanda, cada uno con variantes— duran dos o tres años. 

En un país con escasa tradición de formación en la empresa y donde nueve de cada diez nuevos contratos son temporales —y cada vez más cortos, pues una cuarta parte de los de duración determinada no llegan a los siete días, según datos oficiales del SEPE— no parece fácil encajar este modelo formativo. La dual requeriría que las empresas planificaran que en los siguientes dos o tres años contaran con alumnos a los que deberán remunerar durante dos o tres años y a los que deberán instruir y tutelar porque, a medida que aprendan sobre el sector, aportarán a la organización. 

 

INTEGRACIÓN Y FINANCIACIÓN

“El reto sería integrar todo el sistema de FP. Poner orden en la acreditación de competencias, venga la persona del subsistema que venga, del educativo o del ocupacional, eso sería urgente”, insiste Montse Blanes. La ley de FP que Catalunya aprobó el Parlament en 2015 va en esta línea, con ideas como la integración real y la existencia de una agencia para la FP con vida propia. Pero no se ha desplegado.

Guillem Salvans, coordinador en Catalunya de la Alianza para la FP dual,  enfatiza que, “para que funcione este modelo dual, es importante que los puestos de aprendizaje estén vinculados a ocupaciones con una curva larga de aprendizaje, se ubiquen en sectores maduros donde se plantee una necesidad de reposición de personal por las jubilaciones a la vista, con trabajadores experimentados con cierta disposición a enseñar, o bien que se den en sectores donde el empleo crezca, como la informática o la tecnología”.

No se trata, en teoría, de que un bar saque un aprendiz como personal barato de camarero. Ante el gran reto de un tejido productivo de pymes, la Fundación Bertelsmann plantea, además de más incentivos a las empresas que se suman a la FP dual de la rama educativa, que el modelo dual se pueda implantar a través de asociaciones de empresas sectoriales o clusters, con empresas que puedan compartir tutores. Es lo que ha hecho la asociación Adecat, a la que le interesa encontrar a personal cualificado en decoletaje (mecanización de piezas en serie). En Suiza, la FP en alternancia supone aprender en la comunidad educativa, en la empresa y ,si la empresa es pequeña, también a través de gremios.

El auténtico problema no es tanto el coste que suponga para ellas remunerar al aprendiz, es decir, salarial, sino la falta de tiempo y de estructura, de personal, para poder dedicarse a formar a una persona”, explica Salvans.

Pueden encadenarse contratos con tareas diversas en una empresa

La FP dual funciona en sectores con recorrido largo de aprendizaje

Pese a las críticas, los principales sindicatos no están, sin embargo, en contra de una Formación Profesional dual siempre que sea “de calidad”. UGT incluso firmó a finales de enero un convenio de colaboración mediante el que se adhirió a la Alianza para la FP dual y se comprometió así a impulsar este sistema de aprendizaje ante las altas tasas de desempleo juvenil en España y ante “una adecuación no siempre óptima” entre la formación que se ofrece y las necesidades del mercado laboral, según el texto firmado. El secretario general de la UGT, José María Álvarez, considera “una asignatura pendiente” el desarrollo de una FP dual de calidad, integrada al más alto nivel en la estrategia de las empresas y con alumnos tutorizados. Un sistema para el que exige “suficiente financiación”. 

“Existe un acuerdo generalizado sobre la necesidad de una formación en alternancia y las posibilidades de reforzarla. Una opción hubiera podido ser reforzar, ampliar las prácticas en la FP tradicional”, apunta Montse Blanes, para quien “el modelo al que llamamos dual tiene sentido realmente cuando una empresa tiene claro que los empleos que puede generar deben ocuparlos técnicos y que el mejor modo de seleccionarlos es formarlos ella misma”. 

 

ALUMNO NO, APRENDIZ

La opción de potenciar, reforzar y ampliar el actual sistema de prácticas en Formación en Centros de Trabajo (FCT) es precisamente lo que reclamó en 2016 un informe elaborado por investigadores de empleo e inclusión social de la Universitat de Valencia (UV) tras valorar como “precipitada” y “poco planificada” la implantación en la Comunidad Valenciana y en toda España de la Formación Profesional Dual. Fernando Marhuenda es uno de sus autores.

“Cuando se implantó la dual, pensé que no era una necesidad de nuestro sistema ni educativo ni productivo y que tendría poco recorrido. Ahora ya veo que es una opción que se va a quedar, una modalidad añadida.  El sistema existente, pese a ser escolar desde 1970, cuenta desde los 90 con una participación importante del sistema productivo que interviene de forma relevante, tanto en la participación directa en la elaboración de los títulos y sus respectivos currículos, como mediante la formación en prácticas en la empresa”, opina el profesor. 

En los países donde la FP ni siquiera se concibe si no es dual como Alemania, son las empresas las que, a partir de los perfiles que necesitan, eligen a los alumnos que formarán, y que más que alumnos son aprendices, y que desde el primer día tienen un contrato con una remuneración que va de menos a más. Más que alumnos, son aprendices. La empresa puede incluso sugerir al alumno a qué centro educativo debe o puede ir.  “La dual es una modalidad de calidad que puede beneficiar a estudiantes, empresas y centros, pero su generalización requeriría una impliación mucho mayor del sector privado. A corto y medio plazo es inviable en un país con una cultura empresarial limitada en formación y con la complicación añadida del pequeño tamaño de las empresas”, augura Marhuenda.

“La FP dual no responde a una necesidad del sector productivo. Si no, habría multitud de empresas matándose por ella y no es el caso.  En la comunidad educativa fue algo sobrevenido, una puerta a través de la que algunos  pueden pretender sustituir con aprendices que cuestan poco a gente de la plantilla”, subraya, por su parte, Recio. 

 

300 ALUMNOS EN LOS SALESIANOS

Precisamente parte de las tareas de los centros formativos que han apostado fuerte por el aprendizaje en alternancia, como los Salesianos de Sarrià en Barcelona, ha consistido en valorar hasta qué punto las empresas que aceptaron o pidieron alumnos estaban realizando tareas repetitivas, sin que se garantizara el aprendizaje práctico que se había acordado con la escuela, según explica Miguel Ángel Buendía, su coordinador de FP dual. De los 1.200 alumnos de FP de este centro, estudian en dual cerca de 300, de los cuales 200 estudian un Grado Superior. “Empezamos en 2014. Al principio, vivimos un poco de caos organizativo, sobre todo respecto de la combinación de horarios. Ya ha pasado lo peor”, explica Buendía. “Es cierto que no todas las empresas valen para el modelo, pero igualmente no todos los alumnos valen”, apunta. “La FP dual es mejor, pero no necesariamente más fácil”, concede Bassols.

En Informática, robótica y administración y finanzas, la demanda empresarial es importante. Donde hay más alumnos que empresas en los ciclos de grado medio. Cuando los jóvenes que querían entrar en un programa dual en alternancia en el centro de trabajo no pueden realizarla por falta de empresa (sí pueden en la escuela), Buendía admite que ser elegido se acaba convirtiendo en una especie de “premio”. Expertos en FP como Blanes alertan, en este sentido, sobre la posibilidad de que se acabe generando desigualdad entre los alumnos.  Y también que los centros educativos con más recursos —privados y concertados— puedan sacar ventaja frente a los públicos.  

“La FP dual está bien cuando la empresa tiene claro que los puestos que tiene los deben ocupar técnicos, y que la mejor manera de seleccionar personal para sus necesidades es la que forme ella misma”, dice, desde el Consejo de FP Barcelona.  “Necesitamos empresas que no vean la inversión en formación como un coste, sino una inversión”.

 

MEJORES  REMUNERACIONES

Uno de los pocos informes de seguimiento disponibles es el publicado recientemente por el Consell de Treball Econòmic i Social de Catalunya (CTESC), en el que se advierte que los alumnos que son contratados después de una FP dual tienen una mejor remuneración y más contratos indefinidos que los que cursan la FP tradicional.

Pero uno de los aspectos que pone de manifiesto ese balance es el hecho de que una gran mayoría de empresas se inclinan por pagar becas en lugar de firmar contratos de formación. Las becas implican dar de alta al alumno en la Seguridad Social, pero la compensación es menor —de media, 300 euros frente a 500—, al igual que la protección. Sobre todo, escapan de la vigilancia de los comités de empresa. Uno de los grandes caballos de batalla pasa por la remuneración de los alumnos. “Nuestra línea roja es la contratación laboral, porque otorga más derechos, junto con una mayor transparencia”, remarca Requena, desde CC OO. Y remacha: “El auténtico error es que sigamos sin orientar a los jóvenes durante la enseñanza obligatoria. Dual o no, la FP sigue planteándose una alternativa menos prestigiosa que el bachillerato”.

 

REAL DECRETO

Hacia un FP común

El Gobierno anunció a finales de noviembre pasado que prepara un nuevo real decreto que regulará la Formación Profesional (FP) dual para impulsarla en España. Fuentes conocedoras del proyecto, que estará listo este año, explican que el Ejecutivo planteará “un mínimo común denominador” en todo el Estado para dar “coherencia” al modelo. Está por ver el modo en que hará compatible esta voluntad con el respeto a las competencias autonómicas.

Una de las novedades que abordará el decreto es la necesidad de algún tipo de remuneración, aunque todo apunta a que no se forzará a la firma de un contrato con los aprendices que refuerce la relación laboral. Las becas están sobre la mesa. Aunque el Ejecutivo quiere reducir el abanico de contratos disponibles, baraja la opción de impulsar un contrato específico de formación adaptado a la FP dual, que incluso pudiera utilizarse en horario nocturno o en turnos de fines de semana. La Alianza para una FP dual pide que no haya límite de 30 años para esta modalidad.