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Separaciones en un mundo global

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Noviembre 2017 / 52

Sin patria: Los grandes poderes no entienden de fronteras ni de naciones.

Bolsa de Londres. FOTO: Unión Europea

El territorio catalán podría no llegar a ser ni de Catalunya, ni de España, sino de grandes inversores internacionales, cuyas palabras clave no son ni patria ni bandera, sino riesgos y oportunidades

En cuanto comenzó a ser visible la pelea del independentismo catalán, las bolsas mundiales miraron a España y tanto el Financial Times como Bloomberg se apuraron a analizar las oportunidades internacionales que el conflicto podría llegar a dar. Básicamente decían que, de inmediato, si bajaba la Bolsa y subía la prima de riesgo, se podrían comprar acciones de empresas y bonos del Estado español (el de Catalu-nya se considera bono basura) muy baratos para venderlos caros después, cuando —a corto-mediano plazo— se estabilizaran.

Los inversores del ladrillo son otros de los que miran con preocupación, o interés, la situación. Los primeros ejecutivos de Merlin Properties, Colonial, Hispania y Green Oak ya hablaron de una posible ralentización del parqué, si se endurece la situación, en un reciente simposio del salón inmobiliario Barcelona Meeting Point.

“Si la gente deja de comprar por miedo, van a surgir oportunidades para comprar más barato, a nivel especulativo. Son inversiones de cartera, que buscan comprar hoy y vender mañana. Es uno de los sectores que ven más oportunidades de negocio”, explica Alejandro Inurrieta, doctor en Ciencias Económicas, empresario y consultor.

Como pasó en Argentina, en 2001, y con la crisis de las subprime, los pocos que tenían dinero en mano pudieron comprar a precio reducido las casas y las tierras que ya volverían a aumentar al finalizar la crisis.  

 

Paraísos fiscales

El dinero impagado de los impuestos de las grandes fortunas no es de ninguna nación. En España, según el reciente informe anual del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) sobre la actividad de las empresas del IBEX 35, las mayores compañías de España, incluidas las catalanas, poseen más de mil sociedades radicadas en paraísos y nichos fiscales. 

Pero el asunto, una vez más, no es sólo español, sino una tendencia mundial. Hay casi seis billones de euros en activos financieros ocultos en paraísos fiscales. Gracias a ello, las haciendas públicas del mundo dejan de recaudar anualmente 130.000 millones de euros de impuestos (Gabriel Zucman, La riqueza oculta de las naciones).

Dentro o fuera de España, los catalanes tendrán que librar la batalla con los mismos problemas que los españoles en cualquier caso, pero de forma muy evidente si quieren formar parte de la Unión Europea.

Una buena mayoría de las normativas que se aplican en España no provienen de Madrid, sino que son reflejo de directivas de la Unión Europea, donde se encuentran los lobbies más poderosos, y donde se deciden asuntos tan importantes como los tratados de libre comercio o la política monetaria, incluidos los tipos de interés, pasando por muchos otros ámbitos que afectan directamente a la vida cotidiana de las personas.

Tampoco el empleo se salva de los cambios globales, y la pérdida de legitimidad de los sindicatos es global. Con las nuevas tecnologías, la precariedad de la gig economy (véase el Dossier en página 37) ha llegado para quedarse en España, en Catalunya, y en el resto del mundo; por lo menos  mientras no aparezca una fuerza lo suficientemente fuerte como para volverla más justa.

La desigualdad es también otra de las grandes batallas que habrá que librar. “La desigualdad está en su nivel más alto desde que existen registros”, declaraba en un comunicado el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría. Según un informe publicado en 2015 por esa organización, el 10% de la población más rica de la OCDE gana 9,6 veces más que el 10% más pobre. En los años ochenta, esa diferencia era de 7 veces más.

No son de ningún país los ocho hombres que poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas, la mitad más pobre de la humanidad (Oxfam). La desigualdad es un mal que aqueja sin fronteras y que paradójicamente ha favorecido el crecimiento mundial de los nacionalismos.