Enseñanzas de esta crisis

  • Abril 2020

    La crisis causada por la epidemia de covid-19 nos está dando muchas lecciones. La primera es una gran dosis de humildad. Nadie había considerado que se pudiera producir una epidemia tan grave a excepción de unos pocos epidemiólogos. Tampoco habíamos imaginado que tras los extraordinarios avances científicos, la humanidad hubiera mostrado una fragilidad tan estremecedora. Meses después del estallido de la epidemia todavía ignoramos cómo curar la enfermedad, si habrá un rebrote en otoño y cuándo dispondremos de vacunas.

    En el mundo de la economía el desconcierto no es menor. Las instituciones internacionales no cesan de revisar sus previsiones con resultados cada vez más aterradores, sobre todo para la ocupación. La Organización Internacional del Trabajo prevé la destrucción de 230 millones de empleos. El Banco de España pronostica que  la actividad económica podría retroceder hasta en un 13,6% este año. 

    Esta crisis refleja que las leyes del mercado ya no pueden ser las únicas que regulen la economía. La necesidad de empresas con propósito social, respetuosas con los derechos de los trabajadores, consumidores y del medio ambiente ha pasado de ser un debate teórico a una urgencia. Asegurar la salud de los ciudadanos se ha convertido en una exigencia previa. 

    Segunda. El Estado debe desempeñar un mayor papel para asegurar los servicios sanitarios y sociales y una economía equilibrada. Los recortes del gasto sanitario exigidos por las recetas de austeridad han sido catastróficos. 

    Tercera. La respuesta social a la crisis revela que en la base de la sociedad se ha generado unos nuevos valores. El humanismo y la solidaridad son los nuevos referentes. Médicos, enfermeras, cuidadores, científicos, trabajadores públicos y privados que arriesgan sus vidas atendiendo en primera línea a los ciudadanos son los hombres y mujeres que despiertan más admiración. En España, más del 20% de las víctimas son personal sanitario y en Italia han fallecido más de 150 médicos. Los voluntarios se multiplican en todas partes. En el Reino Unido, 750.000 personas se han ofrecido para colaborar en el Servicio Nacional de Salud, el triple de lo esperado. En España se multiplican las ofertas de personas en las plataformas de voluntarios.

    Las leyes del mercado no pueden ser las únicas que regulen la economía

    Se imponen otras reglas basadas en la solidaridad y la sostenibilidad

    Cuarta. Debemos replantear el trato que damos a los mayores. La mitad de las víctimas se ha producido en las residencias de ancianos. Hay que investigar la gestión de estos centros. Se trata de una actividad que debe guiarse por criterios humanísticos y no por la ganancia. Es necesaria una reflexión más exigente sobre si nuestra sociedad asegura el respeto que merecen los ancianos.

    Quinta. El modelo de globalización sin límites ha sido un desastre. La externalización, por ejemplo, de la producción de mascarillas, respiradores y la materia para fabricar test a otros países han dejado indefensos a muchos Estados. Muchas empresas han quedado paralizadas por su dependencia de componentes fabricados en el exterior.  Se pierden cosechas por las restricciones a la entrada de inmigrantes. Ha sido ejemplar la decisión de Portugal de regularizar a los trabajadores sin papeles.

    Sexta. Necesidad de una justicia fiscal y liquidar los paraísos fiscales. Los países del G-20 acordaron en 2009 luchar contra estas jurisdicciones sin lograrlo. Ahora Francia ha excluido de las ayudas públicas a las compañías establecidas en paraísos fiscales. La UE debería tomar nota.

    Séptima. Revisar las relaciones internacionales. El virus no entiende de fronteras. Frente a la torpeza inicial de Francia y Alemania de impedir la venta de material sanitario a Italia, luego se ha visto el comportamiento ejemplar de los hospitales alemanes acogiendo a centenares de enfermos franceses. Esta crisis exige estrechar los lazos entre Estados y ciudadanos de la Unión. Pero la solidaridad debe extenderse a todos los pueblos del planeta. Las fronteras y los nacionalismos son el pasado. La ONU debe adquirir un mayor protagonismo. Europa tiene que volcarse en África para evitar una hecatombe.

    Quizá la enseñanza principal de esta crisis es que el capitalismo que prioriza la búsqueda del beneficio es insostenible. Tenemos demasiados indicios en las tensiones sociales causadas por la desigualdad y los daños al medio ambiente. El parón económico ha mostrado que una atmósfera respirable es posible. Se imponen otras reglas basadas en la sostenibilidad y la solidaridad. 

    El desastre aún se puede evitar. 

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