Accede sin límites desde 55 €/año

Suscríbete  o  Inicia sesión

“Deberíamos haber contribuido a una mayor expansión del pacifismo”

Comparte
Pertenece a la revista
Junio 2022 / 103

Fotografía
Mariana Vilnitzky

Xavier Giró

Experto en análisis del discurso

“Deberíamos haber contribuido a una mayor expansión del pacifismo”

Xavier Giró, Xavi para los amigos, que son muchos, es un periodista experto en medios e inmigración, medios y conflictos armados y análisis de la cobertura informativa de conflictos. Nos reunimos con él en su casa, donde nos ofrece confortablemente té y galletas.

¿Cuál es nuestra responsabilidad como periodistas? 

Hay un compromiso como persona, que es anterior al periodista: contribuir a hacer un mundo más justo, más equitativo, libre de opresiones. También debe hacer su trabajo, que técnicamente consiste en ayudar a comprender el mundo. Sin embargo, suele decirse: “Nosotros explicamos el mundo y la gente que decida lo que quiera”. Eso es un autoengaño. Claro que la gente decidirá lo que quiera, pero lo que mostramos en alguna medida o bien limita sus opciones o presiona en un sentido o en otro. Nuestra responsabilidad está en asumir que así funciona aunque hacerlo trae problemas. Los periodistas buscamos trabajo en cualquier sitio. Y, muy a menudo, en medios con los que no comulgamos ideológicamente.  Imaginemos que trabajamos en un diario derechista, siendo periodistas más bien de izquierdas. Un diario derechista puede  denunciar los abusos de poder, las agresiones contra las mujeres, discriminación salarial, etcétera. Pero no mostrará la alternativa si comporta eliminar el patriarcado o superar el capitalismo. 

A veces me pregunto quién soy yo para cambiar el mundo. Porque mi ideología no es necesariamente la buena. Yo no soy dueña de la verdad ni experta, solo me hago preguntas. Y me planteo si realmente hacemos una aportación positiva.

Todos, humildemente, debemos reconocer que nuestra propuesta no tiene por qué ser la solución. Por ejemplo, no sabemos si la economía crece exactamente así o asá, pero sí sabemos que como funciona ahora va mal encaminada. Y sabemos que, por ejemplo, el cooperativismo es una alternativa, o simplemente, un paso adelante.¿Por qué? Porque reparte mejor la riqueza. Ya no hay la apropiación del valor de nuestro trabajo de forma abusiva. Y, humildemente, lo defendemos. Luego, por supuesto, lo que comunique el periodista debe ser sólido. A veces abordamos temas para los que no estamos preparados, en los que lo mejor sería callar. 

No podemos saberlo todo. Por eso, suenan raros los debates televisivos con "expertos" en Covid y en Ucrania.

Claro que no. Debemos saber callar cuando toca. Lo que no puede ser es que asumamos que no lo sabemos y sigamos hablando. Porque entonces lo más probable es que lo que podamos recoger sean ideas de reproducción del sistema.

Las respuestas las dan las personas expertas, que trabajan en un tema día a día, durante horas y horas y horas.

Aunque hay excepciones entre expertos, si tan solo explicamos en un lenguaje comprensivo lo que ellos dicen no cambiamos mucho. Más bien ayudamos al dominio ideológico de unos expertos sobre el común de los mortales. Porque en líneas
generales, en economía, son más los expertos afines al sistema hegemónico y son los que más horas han podido dedicar a su quehacer.  De todas formas, el periodismo no puede limitarse a transmitir las ideas de los expertos en algo tan político como la economía. Tenemos que abrir la ventana y cotejarlo con la realidad.

Pero muchas veces no hay ventana.

Eso es cierto. Pero lo que ocurre es que la mayor parte de los conflictos son asimétricos. Un actor tiene mucho más poder que el otro. Y hay actores que son más víctima que victimario.

Y el otro también puede ser víctima.

Sí, hay una dimensión de víctima en el victimario, pero su poder es inmenso. No solo es un poder fáctico, material, sino que se ha consolidado en el tiempo con un sustrato ideológico. Nosotros lo percibimos. Y los grandes medios viven inmersos en esa nube de creencias y se adaptan a ellas porque en caso contrario dejarían de ser medios de masas.

Pero las cosas no son tan blancas y negras. Están repletas de grises. Empezando con una cierta complejidad, por ejemplo, al decir que todo victimario también tiene una dimensión de víctima. Un votante de Trump, por ejemplo.

El individuo que parte de una posición oprimida, discriminada y, en lugar de luchar por la emancipación de su condición social y económica, se pasa a las filas ideológicas del que defiende esa situación de opresión, se ha pasado al otro lado. Puede que porque se ve beneficiado como parte del dispositivo represivo.

¿Quién es?

Xavier Giró, hoy técnicamente jubilado, era hasta el año pasado profesor de Periodismo Político en la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), director del grupo de investigación Observatori de la Cobertura de Conflictes y codirector del máster ‘La comunicación de los conflictos armados, la Paz y los movimientos sociales’, mientras existió. Es doctor en Periodismo y MA in Journalism and Public Affairs por la American University (Washington). Fue jefe de política en el Diari de Barcelona (1987-1989), jefe de informativos en A3 Televisión en Cataluña (1990) y redactor jefe de la revista El Viejo Topo de (1993-1997).

O puede que esté confundido.

No estoy diciendo que no sea así. Objetivamente, se ha pasado a los que defienden un orden desigual, aunque él era víctima. Por lo que sea. Porque las alternativas que le han ofrecido hasta ahora no le han resuelto para nada la vida. Y, aunque algunas cosas le parezcan extremadamente reaccionarias, por ejemplo, en temas de feminismo, pues ha venido uno que le promete llenar la olla a costa de otros, un chivo expiatorio, los inmigrantes. Mientras no lleguen al poder, eso le satisfará. Pero, claro, a esa persona hay que verla también como un ser humano. 

¿Nosotros contribuimos a esa fricción?

En casi todos los conflictos los actores tienden a polarizar. Y, además, está el juego de espejos entre los actores en conflicto, también en los asimétricos. El de abajo tiende a emular las formas de lucha y dominio del que está arriba. Aunque sean indefendibles. Y, discursivamente, intentan cohesionar su grupo, aun a costa de la verdad.  Los conflictos son complicados, y nuestro reto no es solo ayudar a los de abajo, sino superar un conflicto, de forma justa. Y eso está muy poco en nuestra cultura.

En Ucrania, ¿cómo lo están haciendo los medios de comunicación?

Yo no soy experto en Ucrania, pero hay cosas para decir. No vamos a hacer una crítica a los individuos que cubren el conflicto. Los medios generalistas también son distintos entre ellos. Y hay una cosa que hacen bien: estar sobre el terreno y hablar de la gente que sufre. Y es que 13 millones de desplazados es una cifra bestial. Y seis millones fuera del país. Otra cosa es que utilicen eso que hemos llamado cuadrado de polarización ideológica: lo tuyo malo es muy malo, lo mío malo es poco malo. Y eso, en el caso de la guerra, se ve llevado a la última expresión. Además, como en otras guerras, en Ucrania, todos sabemos que hay un gran equipo de comunicación alrededor de la presidencia, que conduce a los periodistas. Es innegable que hay 13 millones de desplazados. Eso está comprobado. Pero más allá de esto, las atrocidades o quién va ganando, son difíciles de saber, incluso estando en el terreno. Y tampoco se sabe lo que ocurre en las negociaciones. Creo que que el público no es bastante consciente de eso. Por otro lado, ¿qué cosas está haciendo Putin que no hayan hecho Estados Unidos o la OTAN, por ejemplo en Irak o Afganistán? ¿Qué hemos hecho antes para evitar la guerra? Cuando se cayó el muro de Berlín deberíamos haber contribuido a una mayor expansión del pacifismo que empujara a la disolución de la OTAN.

Pero ahora es justamente lo contrario.

Hemos hablado de los acontecimientos de forma que hoy es aceptable que España se comprometa a duplicar el presupuesto de armamento en 10 años.

Pasar al 2% del PIB.

Y las armas acabarán usándolas. Había que poner freno antes. Decir que todo es culpa del loco del Putin es demasiado simplista.

Lo que pasa realmente no lo sabemos.

Incluso diría más. También nos vemos arrastrados a reproducir los discursos de unos y de otros. Sin poder poner una banda en la revista o en la pantalla que diga: “Todo esto lo decimos desde la más absoluta ignorancia”. Aunque hay excepciones. Hay márgenes, hay programas, hay periodistas, hay expertos que saben más y quienes especulan menos.

La gente desconfía hasta de la política de cerquita. Se ha visto desengañada gente cuya opción después de años por fin llegó al poder.

Eso también lo tenemos que introducir en nuestra forma de ver el mundo. Pero no estamos preparados porque la lógica de conflicto es perversa. Nos hace creer que los nuestros son los buenos y no lo harán. Y sí lo harán, porque dentro de nosotros también hay jerarquía. La jerarquía dentro de los oprimidos también existe.

"Nos vemos arrastrados a reproducir los discursos de unos y de otros"

"No podemos solo transmitir ideas de expertos. Debemos abrir la ventana y cotejarlo con la realidad"

Aquel poema de Galeano… el jefe “que prepotea al empleado que desprecia al obrero que maltrata a la mujer que golpea al hijo que patea al perro”.

Incluso dentro de la fábrica, el dirigente sindical puede que en lugar de levantarse a las 5 de la mañana a repartir panfletos, envíe a los de la base. O que le cueste perder el privilegio de no estar apretando tornillos en la cadena de montaje. Tiene sus horas sindicales.  Cuando estudié en Estados Unidos había un profesor de sistemas económicos comparados. Y tenía una propuesta de cómo organizar la economía: si yo soy profe, por ejemplo,  no solo voy a dar clases, sino que voy a tener un rato de clases, un rato de gestión, un rato de limpieza. Igual las personas que hacen limpieza tienen que estar un rato en la gestión y también enseñando cosas de la vida.  

Los estudios dicen que la gente lee aquello con lo que está de acuerdo. Ya no mira otras cosas. Pero también les pasa un poco a los periodistas.

Hace unos años echaba una mano a la planificación de El Anuario de los silencios. Es una publicación que reúne reportajes de asuntos que no se han tratado en los medios o lo hace desde un ángulo distinto. Se encarga media.cat, un grupo básicamente independentista. Un año sugerí que había un tema silenciado dentro del mundo independentista: los españolistas razonables, gente que no es represiva, y que tienen sus argumentos. E hicieron un reportaje sobre eso. Es cierto que el lector se tiende a mover en su zona de confort. Pero dentro de los medios hay también una dinámica distinta. Si no, nunca habría habido textos a favor de los trabajadores, de las mujeres oprimidas, etc. Claro que muchos no hablan. Sobre todo si estás en precario, pero puedes permitírtelo cuando eres una estrella. No es que el conjunto del discurso cambia, sino lo que yo llamo las grietas discursivas que le dan más credibilidad al medio. Esos discursos abren grietas en zonas que no son de confort para una parte de los lectores. Y esos lectores, a veces, lo rechazarán, pero otras, la presencia de esa grieta les hará pensar.

Esta reflexión sobre el papel de los medios, ¿se da también en las redacciones?

Hay redacciones y redacciones. Por ejemplo, ahora hay un cierto grado de discusión sobre la forma justa de describir la situación en Ucrania, pero no mucho. 

Usted ha vivido en Estados Unidos. ¿Cuál es la diferencia de hacer periodismo entre allí y aquí?

Recuerdo una de las lecciones que recibí. Tenía que hacer un artículo y titulé algo así como “Barcelona se manifiesta en contra de…”. Y me respondieron: ¿Cuántos se manifiestan? ¿100.000? ¿Un millón? ¡No será toda Barcelona! Y pensé. Tienen razón. Cuántas veces no he visto aquí el “Barcelona dice…” e igual son paseo de Gràcia y cuatro subyacentes. “Cataluña pide blablabla…”. ¿El 25% de Cataluña? ¿El 75%?. Luego dicen: “La mayoría de Cataluña…”. Pero “la mayoría” tiene cuánta mayoría: ¿51%, 75%, 90%? Por otro lado, cuando el Gobierno pide una cosa es “España pide”. No. Es el Gobierno. Son cosas distintas. Es como lo de Rusia y Putin. No puedes poner “Rusia hace blabla”. Es el Gobierno ruso. Esta  precisión es muy importante. 

"Una sociedad sana hará un buen uso de la tecnología. Si degenera, ocurrirá lo contrario"

Puede crear odio y hacer mucho daño.

Porque hay un montón de gente que no tiene un colchón conceptual bien estructurado. Y aunque lo tenga, puede no funcionar, porque pasa el día en alerta.

¿Cómo llevaron los medios el procés?

Cada medio es distinto, pero se han simplificado los actores. Hay una serie de críticas básicas, casi técnicas: tergiversar la realidad está mal. O las palabras de uno u otro. Y eso también se ha hecho. Se ha cogido el rábano por las hojas continuamente de unos y de otros. No todos los medios, pero muchos.

Hoy la gente se informa en redes sociales. ¿Cómo se analiza el discurso ahora?

No sé mucho sobre redes todavía. Lo que diré es muy provisional. Pienso que las nuevas tecnologías dependen sobre todo de quién las controle, pero también de cómo está la sociedad. Si es sana, habrá un buen uso. Si degenera, habrá un mal uso.

Pueden incluso controlar nuestra manera de pensar, como pasó con Facebook. Y luego están magnates como Elon Musk, queriendo comprarlo todo.

El agravante con estas redes tan masivas es que pocas manos lo pueden controlar todo, pero hay también un montón de usos que siguen estando bien. Por ejemplo, la difusión de ideas progresistas, como las campañas por el clima. Una sociedad activa tendría un colchón ideológico conceptual sobre el cual no importa que caiga una lluvia ácida porque tendríamos un chubasquero. Pero si no, las tecnologías avanzadas multiplican la dominación.

¿Hay alguna manera de enfrentarnos? 

La manera es, sobre todo, multifactorial. El tema es incentivar buenos usos de la gente motivada. Por ejemplo, durante la pandemia, los grupos de WhatsApp del barrio sirvieron para facilitar la comunicación en redes de solidaridad. No es una respuesta muy contundente, pero no tenemos solución contundente. Al menos apuntamos líneas de actuación que puedan ir creando condiciones para que veamos una salida.