“Incluso sin capitalistas que lo respalden, nuestro barco mantiene su rumbo” // Denis Clerc

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  • Stéphane Trapier

    Denis Clerc dice estar orgulloso de la revista que fundó. Tanto hoy como ayer, Alternatives Economiques [proyecto inspirador y socio-colaborador de Alternativas Económicas, que cumple ahora 40 años] pone de manifiesto los problemas que sacuden la sociedad y los explica con vocación pedagógica.

    Al fundar Alternatives Economiques usted pretendía aportar a los ciudadanos un enfoque crítico y pedagógico de la economía. ¿Por qué con una revista?

    Existe un viejo proverbio: “Las palabras se las lleva el viento, lo escrito permanece”. Es a través de lo escrito como se difunde el conocimiento y se contrastan ideas y puntos de vista. La prensa es uno de los pilares fundamentales de toda sociedad democrática. Hace 40 años, si uno quería llegar a un público amplio y no se tenía una fortuna personal, el texto impreso era el único instrumento posible. Hoy sigue siendo fundamental, pues las redes sociales y la televisión no ofrecen una visión en profundidad. Por otra parte, yo me expreso mejor por escrito que oralmente: al menos se puede precisar o matizar el pensamiento, hallar las palabras correctas y no dejarse llevar y decir lo que se nos pasa por la cabeza en el momento de hablar. Recuerdo una mesa redonda en la que participé: Philippe Frémeaux [que dirigió Alternatives Economiques y falleció en agosto pasado] me había recomendado que no dijera tal cosa, que era mejor decir tal otra. Estaba de acuerdo, pero en el calor de la conversación dije exactamente lo que él temía que dijera.  

    Lanzó la revista como una botella al mar. Sin plan de negocio, sin campaña de publicidad, sin grandes accionistas.

    ¿Quién hubiera puesto dinero en una cabecera que parecía condenada al fracaso? La experiencia de Nouvelle Donne [un proyecto anterior más ambicioso y que fracasó por falta de fondos] me había abierto los ojos. De ahí el modesto comienzo, la parquedad —cosas serias, no llamativas—, amigos economistas que aportaban sus conocimientos, un gran esfuerzo de claridad. Todo ello tuvo el efecto de una bola de nieve: en dos años teníamos 4.000 suscriptores, 10.000 en cuatro años. Gracias, sobre todo, a Philippe Frémeaux, que pasó a ser redactor-jefe en 1987, el aumento de la audiencia se aceleró: las ventas superaron los 100.000 ejemplares en 1995. Dos revistas económicas han desaparecido (Science & vie Économie en 1992, absorbida por L’Expansion, que, a su vez fue absorbida por L’Express en 2017). Alternatives Économiques sigue en pie. 

    En su último libro usted dice: “Es siempre posible simplificar un tema difícil sin traicionarlo”. Sin embargo, da la impresión de que, para los economistas, siempre es posible hacer complejo un tema sencillo tratándolo a través de su sesgo ideológico.

    Yo distinguiría entre los diversos economistas. Están los que se basan en la observación y actúan en función de la experiencia, como en el caso del OFCE (Observatorio Francés de las Coyunturas Económicas). Y están los que confían ciegamente en su modelo de referencia porque lo consideran científico, y cuya principal preocupación es perfeccionarlo o generalizarlo. Un buen ejemplo de este segundo caso es el de un reciente artículo de Jean-Marc Daniel, en Les Echos. Daniel cree en las virtudes de la competencia y del libre mercado y critica el plan de relanzamiento francés diciendo: “una recuperación estable exige una evolución de los salarios acorde con la de la productividad y una gestión de las finanzas públicas que descarte cualquier déficit que no sea coyuntural”. Como, debido a la crisis sanitaria, la productividad ha descendido en un 10% habría, pues, que reducir los salarios un 10% y no aumentar el déficit público. Olvida una realidad que ya se observó en la década de 1930 con motivo de la Gran Depresión, así como en Japón en la década de años 1990 y en Francia en 2012 (y en 1935 con Pierre Laval): reducir los salarios y el gasto público en un periodo de recesión provoca deflación, es decir, una bajada de los precios y las rentas que lastra toda la economía y acentúa la pérdida de empleos, como en un círculo vicioso. Es la gran lección de Keynes con su análisis del papel de las expectativas.

    ¿Quién es?

    Denis Clerc (Sidi Bel Abbes, Argelia, 1942) fundó Alternatives Economiques en 1980 y dirigió la publicación hasta 1993, cuando pasó a ocuparse de la gestión de la cooperativa editora de la revista. Economista comprometido, fue presidente de la Federación Nacional de Asociaciones de Reinserción Social y de la asociación Economía y Humanismo. Amante del vino, pasa sus días de descanso entre los viñedos de Dordoña y el Jura. En este último departamento, es socio de una librería cooperativa.

    “Seamos realistas, pidamos lo posible”, ese era el proyecto de la revista, muy alejado de la caricatura de algunos medios, que la presentan como defensora de una Gran Noche revolucionaria. Pero si no hay alternativas al capitalismo, ¿por qué ese nombre?

    No olvidemos el plural de nuestra cabecera: en el caso del paro, de las desigualdades, del medio ambiente o de lo social, siempre existe la posibilidad de llevar a cabo políticas diferentes que podrían mejorar las cosas. Es la línea de la revista desde hace 40 años. Por ejemplo, hoy, Alternatives Economiques no está de acuerdo con que la solución sea un aumento constante del crecimiento y, por tanto, de la destrucción medioambiental. Sería mejor pensar en otras formas de reparto de las rentas o del empleo y tener en cuenta el medio ambiente y las necesidades sociales. Estoy convencido de que el capitalismo no solo no es eterno, sino que, debido a los crecientes problemas que engendra su huida hacia adelante (el cada vez más de las rentas, los beneficios, las innovaciones, las desigualdades...), terminará por transformarse o por hundirse. Pero estamos tan decepcionados de esos futuros prometedores que más vale no aventurarse por ese camino. Intentemos romper con lo que consideramos malas orientaciones. Saber si ello se hará progresivamente o será producto de un cambio radical del sistema económico capitalista es, en mi opinión, mera especulación.

    Volvamos a un episodio poco conocido de la historia de la revista: en 1997, Georges Ghosn (hermano de Carlos), propietario de Le Nouvel Economiste, propuso fusionar las dos cabeceras. 

    Es cierto que hablamos de ello en la revista. Georges Ghosn pensaba que nosotros éramos buenos en macroeconomía y malos en microeconomía, al revés que el Nouvel Economiste, de ahí esa propuesta de fusión. Nos hizo gracia por lo extravagante que era. Pero mostraba que esa “revista  poco conocida” se tomaba en serio. “Poco conocida” es una expresión de Pierre Cahuc (por cierto, un economista totalmente desconocido por el gran público), coautor de un violento escrito publicado en 2016 en el que, apoyándose en una serie de citas desvirtuadas, nos trataba de peligrosos ignorantes. Perder los nervios hasta ese extremo es un buen síntoma: quiere decir que hemos tocado un punto sensible de esos economistas que intentan justificar a cualquier precio el neoliberalismo con la pretensión de trabajar en nombre de la ciencia. 

    “Escribo los artículos en mi calidad de economista, no como periodista”, ha escrito usted.

    Los periodistas saben contar una historia, pero les cuesta explicarla. Lo contrario que les pasa a los economistas: como todas las profesiones que pretenden ser científicas, destacan las razones por las que una explicación es buena y otra errónea, utilizando la jerga apropiada. Siempre he intentado conciliar los dos registros: analizar la situación en mi calidad de economista (yendo más allá de las simples constataciones), pero explicarla de un modo comprensible para todo el mundo. Esta voluntad de compaginar ser serios en el análisis y accesibles a la hora de explicar las cosas es el sello distintivo de Alternatives Économiques, desde el primer número al más reciente. Una característica que explica que numerosos enseñantes recomienden a los alumnos su lectura.

    "Nuestro sello distintivo es ser serios en el análisis y accesibles al explicar las cosas"

    "La condición de cooperativa es un estandarte del que nos sentimos orgullosos"

    ¿Por qué lanzó la revista con la fórmula de una asociación y luego de una cooperativa?

    Una asociación es fácil de crear, no exige aportación de capital y cada adherente tiene el mismo peso. Pero, al cabo de cuatro años de aumento de las ventas, y por tanto del volumen de negocio, era mejor adoptar un estatuto de sociedad, tanto frente a nuestros acreedores como frente a la fiscalidad. Y se impuso la opción de la Scop (sociedad cooperativa y participativa). De hecho, los financieros de la asociación eran economistas que participaban en la aventura (Alternatives Economiques era la única publicación en la que los redactores no solo no cobraban, ¡sino que tenían que depositar una cuota de entrada!). Además, con un nombre como el nuestro, era difícil ser editado por una sociedad anónima o de responsabilidad limitada en la que el derecho de voto es proporcional al número de acciones (o de participaciones) que se poseen. Elegir el estatuto en el que rige el principio de  una persona = un voto y en el que la mayoría del capital lo aportan los asalariados gracias a una (pequeña) retención de su salario, eran dos símbolos plenos de alternativas. El paso de una asociación a una sociedad cooperativa y participativa se hizo en medio del entusiasmo general. Fue solo a posteriori cuando nos dimos cuenta de que no teníamos derecho a equivocarnos: si la revista tuviera dificultades financieras no habría ningún caballero de brillante armadura que acudiera en nuestra ayuda, a diferencia de lo que ha pasado en Le Monde, Libération, L’Express o Marianne. Pero, tanto ayer como hoy, el estatuto de cooperativa se vive más como un estandarte del que estamos orgullosos que como una preocupación. Incluso sin capitalistas que lo respalden, pero con unos asalariados motivados y unos lectores fieles, nuestro barco mantiene su rumbo.

    "Es fundamental que la economía esté al servicio de la sociedad, no al contrario"

    ¿Cuál es el futuro de la revista?

    No soy adivino. Ninguna cabecera es eterna, pero creo que, por el momento, Alternatives Economiques está en buenas manos. La línea editorial es acorde con las cuestiones fundamentales que se plantea nuestra sociedad, como demuestra el número de sus lectores, en sensible aumento desde hace un año.

    ¿Sigue estando orgulloso de Alternatives Economiques?

    Sí. Y con razón: la crisis de 2008 ha mostrado los fallos de la financiarización, y la pandemia, la inquietante degradación del medio ambiente, los excesos de la globalización y la importancia de unos servicios sanitarios y sociales de calidad para todos. Al incidir en estos problemas, no es que no nos enteremos de nada, como insinúan con frecuencia nuestros colegas, sino que somos más lúcidos que ellos. Un ejemplo: algunos economistas critican violentamente el experimento Territorios cero parados de larga duración, que se lleva a cabo en una decena de lugares, por considerarlo demasiado caro e ineficaz. ¡Como si devolver a las personas excluidas su dignidad procurándoles un trabajo socialmente útil significara dilapidar el dinero de los contribuyentes! Me ha alegrado mucho que la Asamblea Nacional haya dado una bofetada a esa forma de egoísmo de ricachones aprobando por unanimidad el proyecto de ley que amplía el experimento a medio centenar más de territorios. Es fundamental comprender que la sociedad no está al servicio de la economía, sino que la economía debe de estar al servicio de la sociedad. Esa es la lucha que lleva a cabo Alternatives Économiques y que la honra. 

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