“La educación es la clave para eliminar los estereotipos” // Moha Gerehou

  • Presidente de SOS Racismo Madrid 

    El periodista y activista aboga por el mestizaje

    “La educación es la clave para eliminar los estereotipos”

    Al conversar con Moha Gerehou (Huesca, 1992) llaman la atención dos cosas: su alto grado de compromiso y la serenidad con que habla de las amenazas de muerte que ha recibido por su papel destacado en la lucha contra la discriminación racial. Al presidente de SOS Racismo Madrid le preocupa mucho el ascenso en España de movimientos de corte racista o xenófobo similares a los de otros países europeos, pero cree que estamos todavía a tiempo de aprender de los errores cometidos en Francia y Reino Unido para construir un modelo de sociedad más integradora y con menos prejuicios.

    AVANCES Sostiene Moha Gerehou que la lucha contra el racismo en España ha dado un salto cualitativo con la incorporación de jóvenes que, como él, sufren la discriminaciçon en primera persona. FOTO: J. P. V.-G.

    ¿Es España un país racista?

    Sin duda, pero no creo que sea especial respecto a otros países. En el mundo en que vivimos está completamente instaurado un sistema racista en el que las personas negras, latinas y de otras razas hemos estado siempre en una posición mucho peor, lo que se ha traducido en la esclavitud, en el apartheid... En España, por ejemplo, tenemos ahora los centros de internamiento de extranjeros (CIE). Que España es un país racista lo vemos en los medios de comunicación, que constantemente señalan a la población inmigrante o negra para acusarnos de cosas negativas; lo vemos en el ocio, cuando intentas acceder a un local y te restringen la entrada por el color de tu piel; lo vemos cuando intentamos acceder a una vivienda y nos dicen que no alquilan a negros o inmigrantes; lo vemos en la exclusión sanitaria... Lo veo incluso en conversaciones con amigos, en las constantes bromas que a veces se salen de madre. No sólo quienes han migrado, sino los hijos de inmigrantes y las personas negras o latinas que somos españolas seguimos siendo vistos de manera distinta por la sociedad. A mí constantemente me interpelan diciéndome que soy de África. Aunque les diga que soy tan de Huesca como cualquiera, mucha gente no me ve como una persona de Huesca, sino como una persona de África que ha venido en patera. Todavía queda mucho.

    ¿Existe un racismo a la española, distinto al de otros países europeos?

    Cada país tiene su contexto y su historia, y eso hace que el racismo evolucione de manera distinta. La comparación más habitual es con Estados Unidos. En España también tenemos paradas racistas por parte de la policía: a las personas negras, gitanas o árabes se nos para muchísimo más por la calle para pedirnos la documentación como sospechosos de haber cometido un delito que a la población blanca. En Estados Unidos también ocurre. Allí trasciende más porque muchas de esas paradas acaban con policías asesinando a negros. Aquí no se producen esos asesinatos, pero lo que me interesa es el fondo: tanto en Estados Unidos como en España nos paran por el hecho de ser negros o árabes, por ser sospechosos de haber cometido un delito.

    Hasta hace poco tiempo, la inmensa mayoría de españoles no habían convivido nunca con personas de otras razas.

    En Francia e Inglaterra el fenómeno migratorio lleva muchos años de ventaja y allí es más habitual el mestizaje. En España empezó hace treinta o cuarenta años. Aquí estamos todavía a tiempo de construir un modelo de sociedad que aprenda de los errores de Francia y Reino Unido. Sobre todo de los de Francia, donde existen las banlieues, barrios totalmente segregados. Hay partes de España que tienen mucho que ver. Lo vemos en Lavapiés, aquí en Madrid, donde se ha instalado una población inmigrante bastante grande, o en Usera, donde hay mucha población asiática. Eso es un error, porque la segregación hace que se siga viendo a los otros como distintos, cuando lo que debería promoverse es el mestizaje. Estamos todavía a tiempo de arreglarlo. 

    Parece que la segregación empieza en la escuela.

    En España hay colegios en los que ya hay un 80% de niños de origen migrante o gitanos, por ejemplo, y otros en el que el 80% son alumnos blancos. Eso es un problema, porque en los colegios de alumnos de origen inmigrante hay niños que tienen que aprender un idioma nuevo, que tienen más dificultades, a los que nadie en casa les puede ayudar con los deberes. Eso hace bajar las notas y se dice que es un colegio conflictivo. En los otros colegios las condiciones son mucho mejores y los padres te pueden ayudar con los deberes. Al final, esas diferencias se trasladan a la universidad, donde sigue habiendo un clarísimo desnivel entre el número de alumnos blancos y el de alumnos de origen inmigrante o de color. Eso merece una reflexión.

    Pero ello tiene que ver también con la pobreza. La gente de raza no blanca suele tener menos recursos.

    A mí me ha ocurrido. Mis padres no han estudiado y no sabían leer ni escribir; siempre se han dedicado a empleos de baja cualificación. Eso te condiciona muchísimo. Si iba mal en una asignatura no les podía pedir que me ayudaran con los ejercicios de matemáticas y tampoco me podían costear un profesor particular porque no tenían dinero. Había un agravio comparativo con compañeros cuyos padres eran arquitectos o profesores, que podían ayudarles con los deberes o apuntarles en una academia de inglés. La economía ayuda muchísimo a conformar el futuro: el hecho de que puedas avanzar más o menos depende mucho de la situación económica de tus padres. Por eso es tan importante garantizar que la población migrante tenga unos recursos mínimos para poder avanzar en igualdad de condiciones.

    ¿Le preocupa el ascenso de la extrema derecha racista en España?

    Por supuesto. Ha ganado mucha fuerza con los fenómenos surgidos en Europa en los últimos años: LePen en Francia, Geert Wilders en Holanda, Amanecer Dorado en Grecia... En Reino Unido, con el Brexit, ha habido un auge antiinmigración. En España está latente. Mucha gente me dice: “Aquí no hay esa extrema derecha”. Sí la hay; otra cosa es que no tenga representación parlamentaria, como en otros países. Pero hay grupos como el Hogar Social Madrid y otros de ideología neonazi que abogan por la antiinmigración y por mantener pura la raza española, lo que quiera que signifique eso. Todas esas ideas existen aquí, y las personas que sufrimos el racismo lo vemos día a día, como cuando te cruzas con alguien de aspecto nazi en el metro y te mira con cara de pocos amigos. Nos preocupa que eso se acabe trasladando a una legitimidad parlamentaria y, por desgracia, se está avanzando hacia eso. Se habla, por ejemplo, de que la aspiración del Hogar Social Madrid es convertirse en un partido político para presentarse a las elecciones. Si eso ocurriera, ya no sólo habría que enfrentarse a ellos en el plano social, sino también en el plano político. 

    ¿Qué tipo de denuncias se reciben con más frecuencia en SOS Racismo?

    Hay un poco de todo. Por ejemplo, hacemos visitas frecuentes al CIE de Aluche, en Madrid, donde las personas internadas allí nos cuentan barbaridades del trato que les dispensa la policía, cómo se vulneran constantemente sus derechos, cómo muchas veces se producen agresiones o les dejan sin comer. Hay muchas denuncias de paradas racistas por parte de la policía y también denuncias de carácter social, como cuando un programa de televisión pone a un personaje gitano estereotipado como ladrón, o titulares de medios que hablan de “asalto masivo” en la valla de Melilla, como si hubieran saltado cien mil personas cuando en realidad han saltado cincuenta. Ese tipo de criminalización también nos viene de la sanidad: gente que ha ido al médico y que no les quieren atender por no tener los papeles en regla. 

    ¿Quién es?

    Sus padres vinieron a España procedentes de Gambia y él nació en Huesca, como sus tres hermanos. Fue al instituto en la ciudad aragonesa y llegó a Madrid en 2010 para estudiar periodismo en la Universidad Complutense. Tras hacer prácticas en los medios Yahoo noticias e Inter Sport Magazine, hace dos años entró a trabajar en eldiario.es, donde ha cubierto asuntos económicos y actualmente es editor de portada. Le gustaría que algún día la falta de dinero en las familias no fuera un impedimento para alcanzar objetivos escolares y profesionales. FOTO: J. P. V.-G.


    ¿Sufren más discriminación las mujeres que no son de la raza mayoritaria?

    Sin duda. El machismo y el racismo se juntan y las mujeres sufren una doble discriminación. Las mujeres negras o árabes no sólo se enfrentan al racismo, sino a la idea de que están siempre dispuestas al sexo. Algunas cuentan cómo están en la calle esperando a alguien y un hombre les pregunta cuánto cobran. Una compañera periodista negra me cuenta que cada vez que queda con alguien cerca de la Gran Vía se lleva un libro para que no la confundan con una prostituta. Las mujeres musulmanas son víctimas de agresiones islamófobas constantemente por llevar el velo.

    ¿Se nota un aumento de los incidentes racistas tras atentados como los de Catalunya del verano pasado?

    Nosotros colaboramos estrechamente con una organización llamada Plataforma contra la Islamofobia. Ellos han notado cómo en los últimos años, desde 2014, ha habido un aumento exponencial de las agresiones islamófobas. Tras los atentados de Catalunya ha habido un crecimiento alarmante, porque mucha gente se siente legitimada para insultar, pegar o hacer pintadas amenazantes en mezquitas. Lo hemos notado mucho, tanto en redes sociales como en público.

    “Las mujeres sufren doble discriminación: el machismo y el racismo”

    “Gente muy válida se queda fuera del mercado laboral por el color de su piel” 

    Parece que las redes sociales se han convertido en una plataforma ideal para difundir el odio y el rencor.

    El propio día de los atentados recibí un montón de mensajes que me acusaban de ser en parte culpable por fomentar la inmigración. Mucha gente asocia la inmigración y los refugiados con el terrorismo. Ese discurso está latente, y con cada atentado sale a relucir. 

    El paro y la precariedad son los rasgos dominantes del mercado de trabajo en España ¿La sufren especialmente los inmigrantes y gente de otras razas?

    En este terreno hay una cuestión esencial, y es la Ley de Extranjería. La gente que llega a España necesita un permiso de residencia, que no se consigue tan fácilmente, y con frecuencia se da la siguiente paradoja: si no tienes un trabajo no puedes acceder a los papeles, y si no tienes papeles tampoco puedes acceder a un trabajo. Los inmigrantes cobran mucho menos y aceptan determinadas condiciones porque no les queda otra. Aparte de la dificultad para acceder a los papeles, está la discriminación en el proceso de selección, cuando envías un currículum a una empresa para solicitar un puesto de trabajo. Nunca he tenido la certeza de que no me hayan cogido en un trabajo por negro, pero siempre te queda la mosca en la oreja. Las mujeres musulmanas que llevan velo también tienen una dificultad brutal a la hora de acceder a un empleo por mucho que tengan logros académicos o experiencia laboral, sobre todo si es un trabajo de cara al público. Todos estos factores dificultan nuestro acceso a la economía. 

    ¿Tienen menos oportunidades los jóvenes que no sean de raza blanca?

    Incluso a las personas que hemos nacido en España y tenemos estudios nos cuesta acceder a un empleo. Es una gran pena, porque hay mucha gente muy válida que se queda fuera del mercado laboral simplemente por el color de su piel o por su origen y que podría aportar diversidad y otras formas de pensar. Para cualquier empresa que aspire a crecer, y más en un mundo tan globalizado, es importante tener distintas visiones, que no todos sus empleados vean las cosas de la misma manera. Hay que garantizar que tengamos las mismas oportunidades reales que los demás.

    ¿Cómo reflejan los medios de comunicación la creciente diversidad racial en España?

    Con los mismos prejuicios que tiene la sociedad. Los medios tenemos un altavoz e influimos en la sociedad, hacemos que esos prejuicios, esas ideas, se solidifiquen. Se necesita mucha pedagogía en los medios. 

    En películas, series de televisión o anuncios hay escasa presencia de personas de razas distintas, y cuando aparecen suelen estar muy estereotipadas.

    Hay un anuncio de los jamones Navidul de hace unos años que es una absoluta vergüenza. Salen dos personas blancas prisioneras de una tribu africana de caníbales y salvajes que adoran a un mono y que hablan como seres primitivos. Es increíble que a día de hoy se siga transmitiendo la imagen de África como un lugar primitivo donde se comen seres humanos. Es una gracieta que ya huele... La publicidad se hace para ganar dinero, y si lo hacen es porque tiene una respuesta positiva por parte de la sociedad. Eso es muy grave.

    ¿Qué se puede hacer para que España sea cada vez un país menos racista?

    Hay dos partes: una corresponde a la sociedad y otra que tiene que ver más con la política. Por la parte social, la clave para eliminar todos esos prejuicios y estereotipos que se siguen difundiendo en los medios y en todos lados está en la educación. No hay que hacer tantas separaciones y debemos unirnos más; que no me vean a mí como una persona negra, sino como Moha, periodista de eldiario.es. Por la parte política y económica es preciso reformar leyes como la de Extranjería, que hace que la gente inmigrante entre directamente en la sociedad como ciudadanos de segunda, las leyes que nos excluyen de la sanidad, las leyes que no nos garantizan un acceso a la educación similar al resto de la población... Una cosa muy importante es que las personas que sufrimos racismo estemos en el centro de esos cambios. Hasta hace poco, la mayoría de quienes dirigían el movimiento antirracista en España eran personas blancas. En los últimos años ha avanzado mucho el discurso antirracista por el hecho de que hemos empezado a tener voz personas que sufrimos el racismo. Yo puedo ir a un sitio y explicar el racismo con casos concretos; eso da más legitimidad que si lo hace una persona que no ha vivido directamente la discriminación. Tenemos que estar en las instituciones, en los partidos, en las empresas, para garantizar que la lucha contra el racismo sea una prioridad. 

     

    COMPROMISO

    “He elegido no callarme”

     

    ¿Qué le llevó a convertirse en activista contra el racismo? 

    El punto de inflexión fue una parada racista de la policía. Iba con un amigo de aspecto latino por el campus de la Universidad Complutense y la policía fue a por nosotros. Ocurrió en un ambiente universitario, que se supone que es un ambiente seguro. Estábamos rodeados de gente blanca y nos pararon a nosotros para pedirnos la documentación y ver si estábamos en situación irregular. Fue tan gráfico que me dije: “Tengo que intentar hacer algo”.

    ¿En su experiencia personal con el racismo cotidiano, qué es lo que más le ha dolido?

    Sentirme excluido de determinados ámbitos. Ir a una discoteca y que me digan “no puedes entrar”, comprobar que lo único que te diferencia de tus amigos blancos —con los que compartes gustos, formas de vestir, etc.— es el color de tu piel. Ver la exclusión de forma tan clara es lo peor. Me lleva a preguntarme: “¿Es que no soy como el resto?”.

    ¿Le merece la pena seguir peleando a pesar de las amenazas que recibe en las redes sociales y las páginas web de extrema derecha?

    Sin duda. Creo que tengo una responsabilidad. Hay que predicar con el ejemplo y una forma es esa: no callarte nunca. Si ahora yo dijera que lo dejo, para mucha gente sería una decepción. Si una persona como yo, que tengo perfil público por escribir artículos en eldiario.es y ser presidente de SOS Racismo Madrid, se ve incapacitada para luchar contra el racismo, ¿qué puede hacer el resto? Para mí ser activista no es un hobby, es una responsabilidad que me tomo muy en serio. Me va en ello mi día a día, y si algún día tengo hijos, no quiero que esto siga ocurriendo.

     

    ORGANIZACIÓN

    “El racismo está en todas partes”

     

    ¿A qué se dedica SOS Racismo? 

    Es una organización con veinticinco años de vida que lucha contra el racismo y la xenofobia en toda España y en todas sus formas, tanto en los ámbitos sociales como en los institucionales. Nos dedicamos sobre todo a labores de denuncia, visibilización y educación respecto a la lucha antirracista.

    ¿Cómo se financia?

    Cada territorio tiene autonomía para financiarse como quiera. En Madrid nos financiamos principalmente a través de donaciones. No recibimos subvenciones, pues creemos que ello puede limitar o coartar nuestros proyectos. 

    ¿Tiene implantación en toda España?

    Tenemos representación en ocho comunidades. Las principales son las de Madrid y Catalunya. Nos gustaría crecer para estar en todas, pues el racismo no entiende de comunidades, sino que está en todas partes.

    ¿Cómo se puede colaborar con la organización?

    Un particular puede hacerse socio de SOS Racismo pagando una cuota de  60 euros al año. También se puede ser voluntario y trabajar en el día a día de la organización. Cada uno puede aportar sus conocimientos: los abogados pueden ayudar con las denuncias, los periodistas escribiendo artículos... 

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