Federalismo contra independencia

  • Por (Director)
    Agosto 2015

    Cuesta trabajo admitir que con los dramáticos problemas que padecen millones de personas en este país -el paro, la pobreza, el deterioro de las condiciones de vida y las angustiosas necesidades de vivienda, por citar sólo algunos- la agenda política esté marcada por el debate de la independencia de Catalunya. Resulta sinceramente increíble pensar que estos graves desafíos que requieren soluciones muy complejas y la participación de muchas administraciones puedan encontrar soluciones milagrosas con la independencia.

    Pero la realidad es que el desafío secesionista se ha convertido en uno de los retos más serios para España, tanto para su sociedad como para la economía. Los desaires y la abulia del Gobierno de Mariano Rajoy ante un conflicto que se ha exacerbado durante su mandato han suministrado una munición fundamental para reforzar las distintas corrientes del movimiento independentista. La obstinación que ha mostrado el presidente de la Generalitat, Artur Mas, impulsando con todo el aparato de su Gobierno las movilizaciones secesionistas, ha sido, sin duda, uno de los agravantes más serios del contencioso.

    Es difícil de comprender que el hombre que está al frente de un partido conservador como Convergència Democràtica de Catalunya (CDC), cuya fuerza se ha labrado siguiendo una trayectoria de moderación, diálogo y seny, rechace frontalmente participar en la reforma de la Constitución. Una Constitución a la que su partido aportó uno de los ponentes más destacados.

    Los acontecimientos se han precipitado y ya estamos en puertas de las elecciones del 27 de septiembre. Llegamos a ellas con una sociedad catalana crecientemente dividida y un deterioro cada vez mayor de las relaciones entre Catalunya y el resto de España. Ninguna de las encuestas de opinión y análisis realizadas pronostica un mejor esclarecimiento del panorama tras los comicios. En cambio, todo parece indicar que es bastante probable que el resultado del procés deje unas cicatrices que no sean fáciles de curar.

    La sociedad catalana es una sociedad moderna con un número creciente de ciudadanos que comparten más de una identidad. Se puede compartir la identidad catalana y española, pero también cada vez hay más personas de países europeos, africanos o latinoamericanos que, sin renunciar a sus raíces, se sienten también catalanas y españolas. En una sociedad en la que cada día son más frecuentes las personas con identidades plurales, no tiene justificación forzarlas a definirse por una sola identidad.

    Es cierto que existen determinados problemas territoriales. Los países más avanzados han resuelto las diferencias territoriales con estructuras federales. Existen formas muy variadas, desde confederaciones como la suiza hasta estructuras federales más modernas como Alemania.

    Además, en el caso de España, en contra de lo que se pueda pensar, las diferencias de riqueza entre las distintas regiones son menores que las que existen en numerosos países europeos como Bélgica, República Checa, Alemania, Francia, Italia, Holanda, Rumanía, Eslovaquia, Suecia y Reino Unido. Realmente, resulta difícil pensar que no puede existir una fórmula de acuerdo en un marco federal en que se puedan sentir cómodos todos los ciudadanos.

    En relación con las diferencias regionales, el reciente libro de Josep Borrell y Joan Llorach (véase 'Las cuentas míticas de la Catalunya independiente') ha demostrado la falsedad de muchos argumentos que han pretendido justificar un supuesto “expolio fiscal de Catalunya”. Los supuestos 16.000 millones de euros de saldo fiscal han quedado reducidos realmente a una quinta parte.  

    Resulta difícil imaginar que Catalunya, que ha sido uno de los países con más conciencia y vocación europea, se pudiera quedar fuera del proyecto europeo. Más difícil resulta todavía pensar en el desarrollo del proyecto europeo, en el que además de compartir moneda, limitaciones presupuestarias, y una legislación impresionante, cada vez se produce una mayor aproximación entre países. No es razonable pensar que se busque estrechar lazos con países alejados y de culturas muy distintas, como los Estados bálticos, y querer distanciarse de las regiones españolas, con las que existen numerosos lazos personales, culturales y económicos.

    En el campo de la economía, el movimiento secesionista va directamente en contra de la marcha de la historia. Nunca las empresas catalanas -grandes, medianas y pequeñas- se habían españolizado tanto como en los últimos años. Para ellas ha sido una gran suerte contar con un campo de expansión tan próximo. Sólo hay que pensar en las grandes corporaciones de finanzas, edición, farmacia, energía, alimentación, servicios y otros tantos sectores. Lo mismo puede decirse de la penetración de las empresas españolas en Catalunya. Sin duda, la elección del momento para la separación no es el más oportuno. 

    No es extraño que los analistas internacionales que observan los acontecimientos con más imparcialidad sigan sin vislumbrar la independencia como una posible realidad. La realidad de verdad es la del primer párrafo, lo que pueda ocurrir con el euro, con China y, sobre todo, con millones de inmigrantes. Esto sí que son problemas que requieren todas nuestras energías.

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    5 Comentarios

    1. Emili Soro

      Sorprendente leer este editorial de "alternativas económicas" Estoy en las antípodas de su manera de pensar, pero les continuaré leyendo por si me aportan algún argumento sólido a favor de estar en España. Por el momento siguiré con la opción, quien sabe si posible, de ser independiente de un estado y unos medios que ignoran, ofenden y faltan a la objetividad de los hechos. España y muchos españoles son adorables, pero quiero ser de un pobre, pequeño, aldeano país independiente. Ja les visitaré como turista.
      No espero que lo comprendan, sólo que lo respeten.

    2. (no verificado)

      esbiaixat i ideologitzat, una llàstima!

    3. Ramón Soriano Güémez

      Ciertamente tiene toda la razón el editorial. Ante los graves retos (cambio climático, crisis refugiados, creciente desigualdad, etc.) es claramente suicida la senda emprendida por el independentismo. En Cataluña llevamos dos años con un gobierno que no ejerce, limitado a promover la independencia con recursos públicos. Y en Madrid, un Rajoy que espera que el problema se resuelva solo y que cuando propone algo concreto (reforma TC) refuerza aún más el independentismo. Las próximas elecciones no solucionaran nada y la situación, la vida del común de los ciudadanos, continuará deteriorándose.

    4. Imagen de Marc Casanovas Bassas
      Marc Casanovas Bassas

      Entenc que com a editorial us posicioneu on cregueu més oportú, però un mità amb el nom d'Alternatives econòmiques no s'hauria de restringir tant a la possibilitat de canvis de fons del país. Per més identitats que hi convisquem...

    5. (no verificado)

      Bélgica es un país con un norte rico en lo que se habla neerlandés y un sur menos rico (minimalmente) en lo que se habla francés (estoy olvidando a los hablantes de alemán, pero buen). Un norte de cultura anglosaxa y un sur de cultura meridonial. Con una historia larga (pero casi vieja) de 'opresión' del norte por el sur o sea por una cultura de 'francophonia'. Ahora, el partido más grande en Flandes y en Bélgica es el NVA, un partido flamenco y secesionista, y está gobernando en Flandes y Bélgica para transformar especialmente (toda) Bélgica en un país como ellos lo quieren, un país 'PP'.
      A mi me parece que el 'problema' Belga, Catalán, Escocés, Lega Nord en Italia, Bavaria en Alemania es siempre lo mismo: a nosotros parece que los problemas de todo el mundo (como ahora los refugiados de Syria) vienen hasta EN nuestra casa y los políticos nacionales no pueden protegernos. Por eso queremos, prefieremos los políticos de cerca que nos prometen un 'puerto de refugio seguro' (viviendo nuestra cultura) de ese mundo peligroso. Lo que es una promesa falsa, por supuesto, finalmente. Porque los problemas del mundo no reconocen fronteras.
      Una cosita extra: Flandes es una región rica gracias a la exportación. Parece un poco contradictorio con el sueño de independencia. Necesitamos el mundo para vender nuestros productos (lo que implica una visión internacional, no ?), pero queremos ser independientes (parece).
      Otra cosa extra: en Alemania existe el 'Finanzausgleich', lo que significa que los partes más ricos pagan un poco más de impuestos para ayudar a los partes menos ricos. Y claro, hay discusiones...
      Finalmente, los más ricos nunca pagan gracias a los políticos, los menos ricos pagan más, para sus vecinos de Andalucia, o hasta para sus vecinos de Rumania.
      Pero retirarse en 'nuestra' nación, sea Flandes o Catalunya, es una opción falsa, porque vamos a continuar a estar confrontado con el mundo global. Cada día. Y Flandes ni Catalunya puede protegernos, Europa puede, esperamos.

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