Hablemos claro sobre el comercio mundial // Una globalización saludable es posible

  • Dani Rodrik propone avanzar hacia un comercio internacional más justo para reducir las desigualdades y frenar la oleada populista que recorre buena parte del mundo.

    Hablemos claro sobre el comercio mundial

    Dani Rodrik

    Editorial Deusto

    326 páginas. Precio: 19,59 euros

    No deje el lector que el título le lleve a engaño, pues hay mucho más que comercio en el último libro de Dani Rodrik, el gran estudioso de la globalización. El auge de la extrema derecha y los populismos, el deterioro de la democracia liberal, el papel de los Estados-nación, la crisis del euro, los estragos de los avances tecnológicos, los excesos de la globalización, el rearme ideológico de la izquierda... casi todos los grandes temas de actualidad tienen cabida en esta recopilación de artículos y trabajos publicados en los últimos años por el autor.

    El comercio internacional (al mismo tiempo impulsor del desarrollo y origen de las desigualdades) ha pasado a ocupar un lugar central en el debate político, como lo demuestran la elección de Donald Trump, el brexit y el ascenso de los movimientos populistas y de extrema derecha. Recuerda Rodrik cómo él y otros economistas advirtieron hace décadas de las consecuencias que tendría llevar la globalización económica más allá de los límites marcados por las instituciones que regulan, estabilizan y legitiman los mercados. Los responsables de los estragos causados por la hiperglobalización, sostiene sin ambages, son los políticos de los partidos tradicionales, pues fueron los gobiernos -conservadores y socialdemócratas por igual- quienes decidieron flexibilizar las regulaciones financieras y facilitar la movilidad total del capital entre fronteras, y también quienes mantuvieron esas políticas intactas a pesar del estallido de la crisis financiera global. De aquellos polvos, estos lodos.

    En su defensa de una globalización sensata e inclusiva, Rodrik trata de desmontar algunos mitos, como la idea de que los países pobres necesitan aranceles muy bajos en las economías avanzadas para beneficiarse de la globalización. De hecho, recuerda, los mejores ejemplos de crecimiento basados en exportaciones -Japón, Corea del Sur, Taiwán y China- se hicieron realidad cuando las barreras comerciales eran más altas que las actuales. A los progresistas preocupados tanto por la desigualdad en los países ricos como por la pobreza en el resto del mundo, el economista turco asegura que es posible avanzar en ambos frentes al mismo tiempo, pero subraya a renglón seguido que para ello es esencial modificar de manera radical el actual enfoque de los acuerdos comerciales.

    Cierta marcha atrás en la globalización puede ser positiva, afirma el autor, siempre y cuando sirva para mantener una economía mundial "razonablemente abierta". En concreto, Rodrik cree necesario situar los fundamentos de la democracia liberal por encima de los del comercio y la inversión internacional, así como restablecer un "equilibrio sensato" entre la gobernanza nacional y la global. "Necesitamos una economía mundial plural en la cual los Estados-nación conserven la suficiente autonomía para elaborar sus propios contratos sociales y desarrollar sus propias estrategias económicas", sostiene el profesor de Harvard al subrayar que el Estado-nación sigue siendo el factor decisivo en la distribución de los ingresos, el centro neurálgico de las instituciones de apoyo al mercado y el principal objeto de apego y vinculación personal.

    No ahorra el autor críticas al papel de la izquierda en los excesos cometidos en el último medio siglo. En lugar de aportar ideas nuevas, señala Rodrik, los economistas y tecnócratas de izquierdas abdicaron ante el fundamentalismo del mercado, asumieron sus principios básicos y llevaron la globalización a un punto crítico. A su juicio, el principal problema de los progresistas es la falta de un programa claro para remodelar el capitalismo y la globalización con la mirada puesta en el siglo XXI, aunque apunta a que economistas como Thomas Piketty, Anat Admati y Mariana Mazzucato están aportando ideas novedosas e interesantes.

    NO HAY EXCUSAS Los avances tecnológicos y la globalización, sostiene Rodrik, no son excusa para justificar las desigualdades. Los políticos pueden (y deben) influir en ambos fenómenos para asegurarse de que traen consigo más trabajo y mejores salarios

    Pese a todo, Rodrik se muestra sorprendido por el brusco giro a la derecha que ha dado la política en los últimos años y por el ascenso de los nacionalismos y los populismos xenófobos. El éxito de los populistas, apunta, es haber dado voz a la indignación de los excluidos y haber ofrecido soluciones concretas -si bien equivocadas y, a menudo, peligrosas- a los problemas de los ciudadanos. En su opinión, los políticos tradicionales no recuperarán el terreno perdido hasta que ellos también sean capaces de aportar soluciones con reformas a gran escala sobre la manera de gestionar la economía nacional y mundial. Corremos el riesgo, concluye el autor, de que, sin ideas más audaces, todo lo positivo que ha traído el orden democrático y liberal sea barrido por una reacción negativa a sus excesos.

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