Incertidumbres sobre el empleo

  • A principios de agosto la economía española apenas había recuperado cuatro de cada diez puestos de trabajo destruidos durante el confinamiento. El rebrote de los contagios amenaza con frenar la mejoría.

    Los datos de empleo que hemos ido conociendo en las últimas semanas siguen reflejando el devastador impacto de la pandemia de coronavirus. Aunque las afiliaciones a la Seguridad Social aumentaron en 417.000 personas entre mayo y julio (tres meses seguidos en positivo),  queda mucho para volver a la situación anterior al confinamiento, pues entre marzo y abril se perdieron la friolera de 883.053 cotizantes. 

    En julio aún había, por tanto, 464.000 afiliados menos que en febrero, cuando la Seguridad Social tenía 19.250.229 millones de personas inscritas. Si se comparan los datos con los del mismo mes del año pasado, la diferencia es todavía mayor. A finales de julio pasado los afiliados sumaban un total de 18.785.554, frente a los 19.533.211 de julio de 2019, la mayor cifra de la serie histórica. Son 747.657 personas menos cotizando. El parón del sector turístico se ha notado, y mucho, en la contratación: en julio se firmaron poco más de 1,5 millones de contratos, casi el 30% menos que un año antes.

    El aumento del número de afiliados se debe, fundamentalmente, a la salida paulatina de trabajadores de los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), señal de que algunas empresas van recuperando la normalidad. En la primera semana de agosto permanecían en ERTE menos de un millón de trabajadores (959.000), el 72% menos del máximo de 3,4 millones alcanzado a principios de mayo. Según el secretario de Estado de Seguridad Social, Israel Arroyo, el 95% de los trabajadores que están abandonando los ERTE se reincorporan a su puesto de trabajo, mientras que el resto se jubilan o se marcha al paro. A mediados de agosto, más de la mitad de los 773.320 trabajadores que seguían en ERTE por fuerza mayor se concentraban en tres sectores: comidas y bebidas (22% del total), comercio (16%) y servicios de alojamiento (15%). 

    La gran incógnita es si será posible mantener ese ritmo de salidas de ERTE durante el otoño. La respuesta va a depender, en gran medida, de que se consiga frenar el rebrote de covid-19 o de si, por el contrario, será necesario endurecer las medidas de prevención, con el consiguiente daño a la cuenta de resultados de las empresas y al empleo. El Gobierno planea renovar los ERTE cuando concluya su vigencia, el 30 de septiembre, pero su intención es que no puedan acogerse a ese mecanismo todos los sectores, como hasta ahora, sino solo aquellos más necesitados de apoyo. Hasta julio, el Gobierno había destinado 8.100 millones de euros a pagar las nóminas de los ERTE y ahora busca reducir la factura.

    El verano ha traido consigo una sensible reducción del desempleo. El número de parados registrados en el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE, antiguo INEM) bajó en 89.849 en julio (-2,33%), primer descenso desde el inicio de la pandemia y el mayor desde 1997. Al finalizar el mes había inscritos 3.773.034 parados, un nivel similar al de julio de 2016 y 1 millón menos que los registrados en verano de 2012, el peor año de la crisis financiera. El dato de paro registrado no incluye a los trabajadores en ERTE.

    Pese a la mejora de las cifras, el empleo que se crea sigue siendo precario, como lo demuestra el hecho de que 9 de cada 10 nuevos contratos son temporales. Una muestra de la inseguridad laboral reinante: el 1 de julio se registraron 174.000 nuevas afiliaciones netas, mientras que el último día del mes se dieron de baja 184.000. Como apuntan J. Ignacio Conde-Ruiz, Manu García, Luis Puch y Jesús Ruiz en el blog Nada es gratis, de Fedea, “el uso y abuso de la contratación temporal permite ajustar la demanda de empleo al calendario y hacerlo sin rubor, pues se ajusta al fin de semana, a la semana o al mes durante todos los meses del año”. 

    El incremento en el número de contagios y de personas hospitalizadas por covid-19 amenaza con echar por tierra la mejoría experimentada tras el fin del confinamiento. La OCDE ha advertido de que España corre el peligro de quedarse rezagada respecto de las principales economías avanzadas en la recuperación de la crisis. La economía española está dando síntomas debilidad, mientras que los demás países de la eurozona gozan de mejores expectativas. 

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