Juventud cualificada busca empleo

  • Casi la mitad de los jóvenes españoles de entre 16 y 30 años no tiene trabajo ni lo busca. La buena noticia es que la mayoría de ellos está mejorando su formación.

    Los jóvenes han aprovechado los años de crisis y de recuperación económica para mejorar su formación en lugar de buscar un trabajo mal pagado o, con frecuencia, inexistente. En su último Informe trimestral de la economía española, el Banco de España constata que, a diferencia de lo ocurrido en el anterior periodo expansivo (1995-2007), la recuperación actual “está asentada en un patrón que no está incentivando a los jóvenes a salir del sistema educativo”. El Banco de España apunta la posibilidad de que la drástica disminución de la tasa de actividad entre los jóvenes acabe siendo beneficiosa para la economía española, pues “podría verse compensada por incrementos de la actividad y de la productividad de esta generación en el futuro”. 

    La Encuesta de Población Activa (EPA) más reciente muestra que la tasa de actividad de los españoles con edades comprendidas entre los 16 y los 30 años se ha reducido significativamente desde el estallido de la crisis, al pasar del 70% en 2007 al 53% actual. La tasa de actividad mide en porcentaje la relación entre la población activa (compuesta por las personas ocupadas y desempleadas) y todas las personas en edad de trabajar (incluyendo las que no trabajan ni buscan trabajo). Refleja, por tanto, el porcentaje de la población entre 16 y 65 años que o bien trabaja o quiere hacerlo. 

    Los menores de 30 años han renunciado a entrar en el mercado laboral o lo han abandonado en mayor proporción que las personas mayores ante las menores oportunidades de empleo. La mayoría lo ha hecho para mejorar su formación, como lo demuestra el hecho de que el porcentaje de jóvenes inactivos que estudian haya aumentado desde el 25% de 2007 hasta el 38,7% de 2018.

     

    MENOS 'NINIS'

    Por el contrario, la proporción de jóvenes que no estando ocupados tampoco estudian se ha reducido considerablemente, aunque sigue siendo significativa. Hoy hay 600.000 ninis menos que  en los peores momentos de la crisis, en 2012, cuando llegó a haber 1,7 millones. Actualmente, son el 15% de los jóvenes.

    El repunte en el número de ninis  durante la recesión tuvo su origen en la gran cantidad de jóvenes que dejaron sus estudios durante el periodo expansivo anterior (atraídos por empleos poco cualificados y bien pagados, muchos en la construcción) y que se quedaron en paro con la crisis. Esta huida de las aulas no se está produciento ahora, aunque la economía haya mejorado.

    El alargamiento del periodo formativo de los jóvenes españoles se ha traducido en una mejora de su nivel educativo. La tasa de abandono escolar sigue siendo alta si se compara con la media europea, pero es claramente inferior a la observada en los peores años: del 30% de los alumnos de entre 18 y 24 años en 2007 se ha pasado al 17,9% en 2018, según Eurostat.

    Así, el porcentaje de jóvenes que obtuvieron como máximo el título de la ESO se ha reducido desde el 36,5% de 2007 hasta el 23,3% actual. La mayor parte de esa disminución se ha traducido casi exclusivamente en un aumento del porcentaje de jóvenes con titulación universitaria que ha pasado del 23,1% al 33,9% en el mismo periodo.

    Una titulación superior ayuda a tener una vida laboral más larga y mejor retribuida. Como subraya el Banco de España, quienes solo estudian la ESO presentan tasas de actividad comparativamente elevadas durante los primeros años de carrera laboral, pero esta suele ser más corta, lo que repercute en los ingresos totales de ese colectivo a lo largo de su vida. Además, los niveles de paro son claramente inferiores entre las personas con mejor formación, y los puestos trabajo más cualificados están menos expuestos en tiempos de crisis. Según datos de la última EPA, la tasa de desempleo de las personas con edades entre los 25 y los 30 años ronda el 34% para quienes tienen como máximo la ESO, mientras que se reduce al 15% para los universitarios.

    En definitiva, parece que pronto tendremos -esta vez sí- una generación de jóvenes sobradamente preparados. Ahora solo hacen falta empleos de alta cualificación y decentemente pagados para cuando concluya su periodo formativo. Parece imposible, a no ser que el mercado laboral dé un vuelco y que los jóvenes bien formados tengan salarios similares al de generaciones anteriores cuando vayan cumpliendo años.

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