La grieta de las izquierdas

  • Julio 2019

    Investidura: El PSOE y Unidas Podemos ya no tienen diferencias programáticas insalvables, pero el pulso por la composición del Gobierno ha acrecentado la desconfianza mutua.

    Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se estrechan la mano durante una reunión tras las elecciones. 
    FOTO: PSOE

    La noche del 28 de abril, tras una gran movilización ante el miedo a la irrupción de Vox en la política española, los progresistas respiraron aliviados: se había evitado un gobierno de “las tres derechas”, en referencia al PP, Ciudadanos y Vox. Les bastaban conocimientos elementales de aritmética para poderse ir a dormir tranquilos: las “tres derechas” quedaban lejos de la mayoría absoluta. Pero a principios de julio “las tres derechas” habían reconquistado Madrid y la aritmética básica ya no parecía garantizar nada.

    La grieta que separa las izquierdas en España es en teoría la más estrecha y fácil de sortear de los últimos 80 años, tras el acuerdo programático alcanzado en 2018 entre el PSOE y Unidas Podemos, reforzado si cabe por la nueva predisposición de ERC y hasta de EH Bildu a no bloquear el Congreso. Pero a principios de julio, la grieta seguía ahí: con la fecha de la investidura fijada para el 22 de julio, el acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos parecía aún lejísimos. Y la amenaza de nuevas elecciones, una posibilidad real… que reabría la posibilidad de un gobierno de “las tres derechas”. Incluso en el caso de acuerdo, la desconfianza recíproca se habrá acrentado.

    Y eso que el único escollo para el acuerdo parecía exclusivamente la participación o no de Unidas Podemos en el Ejecutivo de Sánchez, lo que lleva implícito un amplio terreno previo compartido, respaldado por el acuerdo presupuestario de la pasada legislatura que no llegó a materializarse pero que dibujó un horizonte común, una grieta, pues, minúscula con perspectiva histórica. Pero aun así, importante: desde los últimos y trágicos días de la II República en guerra, en 1939, el PSOE no comparte el Consejo de Ministros con la opción política a su izquierda, y aquello acabó tan mal que la herida sigue sin cicatrizar por los dos lados. Ninguna opción con participación del PCE, o su sucesor, IU (ambos ahora dentro de la constelación de Unidas Podemos), había mostrado realmente desde entonces interés en sumarse a un Gobierno de España dirigido por un socialista. Ni el PSOE parecía quererlo.

     

    MÁS QUE UN MATIZ

    Pero ahora Unidas Podemos exige estar en el Gabinete. Y Sánchez solo les quiere en el sottogoverno. En circunstancias normales, parecería apenas un matiz, más allá de la pesada mochila histórica de la Guerra Civil. Pero la situación de excepcionalidad del momento político, con los líderes del independentismo catalán encarcelados a la espera de sentencia o en el extranjero, dificulta el acuerdo por el tabú que supone en sectores muy influyentes del país la participación (aunque sea indirecta, a través de la abstención)de los independentistas. Estos sectores influyentes, tradicionalmente asociados al establishment, ponen el grito en el cielo ante la posibilidad de que el Ejecutivo no esté lo suficientemente cohesionado ante una sentencia como la del procés, y ven a Unidas Podemos como una especie de caballo de Troya que acabaría favoreciendo los intereses de los independentistas. Son los mismos sectores que han promovido una feroz campaña mediática para que Ciudadanos facilite la investidura de Sánchez con una abstención, precisamente para taponar la influencia de los independentistas.

    La sentencia del ‘procés’ dificulta un gobierno de coalición

    El PSOE querría las manos libres, pero las cuentas no le salen

    Estas presiones pueden ser un problema para Sánchez, pero sus estrategas prefieren verlas como una gran oportunidad para formar un gobierno monocolor sin ataduras, incluso asumiendo el riesgo de nuevas elecciones. El cálculo detrás de estas maquinaciones es que el PSOE tendría posibilidades de crecer a costa de las dos exestrellas de la nueva política Pablo Iglesias y Albert Rivera, que no solo estarían cociéndose a fuego lento, sino que se arriesgan a ver nacer a poderosos competidores en su menguante mercado electoral: el Más País de Íñigo Errejón y un hipotético instrumento social-liberal con los críticos de Ciudadanos de la mano del ex primer ministro francés Manuel Valls.

    La coyuntura europea también beneficia a Sánchez en el pulso que mantiene para la formación de gobierno, y ello tiene más interconexión que nunca con la política nacional en la medida en que el independentismo trata de extender la crisis a las instituciones de la UE. Tras los comicios europeos, el PSOE no solo lidera al principal grupo socialdemócrata de la Eurocámara, sino que se presenta como el campeón del europeísmo fiel a Bruselas y además en alianza con Emmanuel Macron, el presidente francés en el que tanto se miraba el hoy estupefacto Rivera. Para todas estas importantes bazas, Sánchez está convencido de que le perjudica tener a Unidas Podemos en el Gabinete.

    El 28-A frenó a las ‘tres derechas’, que pueden tener otra oportunidad

    Las cartas están repartidas y Sánchez parece tener unos cuantos triunfos en la mano. La gran paradoja es que contar con buenas cartas no significa necesariamente acabar formando gobierno y unas nuevas elecciones serían también una segunda oportunidad para “las tres derechas”. La pequeña grieta que separa a las izquierdas podría ser también el preludio de un derrumbe. 

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