La superación del capitalismo

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  • Por (Director fundador y editorialista de Alternativas Económicas)
    4 Noviembre, 2019

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    ‘Capital e ideología’: El investigador francés Thomas Piketty vuelve a la carga con una obra que ayuda a comprender la crisis y que propone alternativas.

    FOTO: FRONTEIRAS DO PENSAMENTO / GREG SALIBIAN

    Hace seis años el economista francés Thomas Piketty nos iluminó sobre las causas y consecuencias de la actual crisis del capitalismo. En su obra El capital del siglo XXI explicó los efectos perversos del imparable crecimiento de las desigualdades y sus catastróficos efectos sobre la vida de las personas y la economía. 

    El trabajo del investigador francés, exhaustivamente documentado, ha tenido un extraordinario reconocimiento, como lo prueba la compra de más de 2,5 millones de ejemplares de su obra. Su notable capacidad didáctica tiene la virtud de que la economía deje de ser un asunto exclusivo de los especialistas. Al mismo tiempo, ha merecido los mejores elogios de distinguidos premios Nobel. Robert Solow calificó el libro de “muy serio” y Paul Krugman destacó las advertencias de Piketty sobre los riesgos de restaurar el “viejo capitalismo patrimonial”.

    Ahora, Piketty nos sorprende con su nuevo trabajo, Capital e ideología, de próxima aparición en castellano (a final de este mes de noviembre, en Deusto), una investigación muy documentada de más de 1.200 páginas. Es un valioso instrumento no tan solo para comprender la crisis económica y social en la que estamos inmersos, sino porque incluye alternativas muy ilustrativas. A pesar de su amplia extensión y de la materia, no debería desanimar a ningún lector inquieto, porque se trata de un libro de economía para todos los públicos perfectamente asequible.

    El propósito del autor es hacer una “historia a la vez económica, social, intelectual y política de los regímenes no igualitarios, es decir, una historia de los sistemas de justificación y de estructuración de la desigualdad social”.

    Piketty considera pertinente la expresión de Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, de 1848: “La historia de toda sociedad hasta nuestros días ha sido la historia de la lucha de clases”. Pero al final de su investigación plantea reformular esta frase de la manera siguiente: “La historia de toda sociedad hasta nuestros días no ha sido más que la historia de la lucha de las ideologías y de la búsqueda de la justicia”. Y precisa que, “a diferencia de la lucha de clases, la lucha de las ideologías descansa en el hecho de compartir los conocimientos, las experiencias, el respeto al otro, la deliberación y la democracia”. Piketty subraya: “nadie poseerá jamás la verdad absoluta sobre la propiedad justa, la democracia justa, el impuesto ni la educación justos”.

    Esta actitud radicalmente antidogmática da más valor a la contundencia de sus conclusiones y propuestas. El profesor de la Escuela de Economía de París se muestra convencido de que es posible “superar el capitalismo y la propiedad privada y construir una sociedad justa sobre la base del socialismo participativo y del social federalismo”. 

    LIBRO CON PROPUESTAS

    Quizá lo más relevante de este libro es que no se limita al análisis, sino que incluye relevantes propuestas. Su nuevo modelo social se basa en el establecimiento de un régimen de propiedad social y temporal que se apoya en tres columnas: Un empoderamiento de los trabajadores a través de su participación en los derechos de voto y de poder en los órganos de decisión de las empresas. Es una iniciativa en plena sintonía a la existente en algunos países del norte de Europa y  que propugna la senadora demócrata Elisabeth Warren en EE UU. Un segundo pilar está constituido por un sistema fiscal con impuestos sobre la propiedad y sobre la renta fuertemente progresivo y una regulación colectiva de las emisiones de carbono que permitan financiar los seguros sociales y una renta básica, la transición ecológica y la puesta en práctica de un verdadero derecho igualitario a la educación. En tercer lugar, Piketty considera fundamental establecer una nueva organización de la globalización con tratados de desarrollo económico, que pongan en su corazón objetivos cuantificados de justicia social, fiscal y cambio climático. Esto significará el abandono de ciertos tratados en vigor, en particular los acuerdos de libre circulación de capitales establecidos desde 1980-1990. El autor considera que ante la incapacidad de la coalición socialdemócrata de superar el cuadro de Estado–nación es necesaria la organización de un sistema que se puede etiquetar como socialismo participativo y social federalismo.

    En definitiva, el libro, como confiesa el autor en sus últimas páginas,tiene un único objetivo: “contribuir a la reapropiación ciudadana del saber económico e histórico”.

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