Banco de Alimentos ¿Combatir el hambre con las sobras? // Un lavado de cara

  • Banco de alimentos: Aparentemente, quienes consumimos somos responsables del desperdicio alimentario. Esto no es exactamente así.

    Banco de Alimentos ¿Combatir el hambre con las sobras?
    X. Montagut. J. Gascón
    Icaria, 2016
    87 páginas. Precio: 9 €

    A veces, lo aparentemente bueno puede producir el efecto contrario del que busca. Esta es la premisa que los autores toman para hacer una crítica al Banco de Alimentos, que tildan de “lavado de cara” de empresas, y un sistema, que produce lo que en teoría combate.

    Los autores buscan, primero, en el sistema agroindustrial que produce el hambre (aunque sus impulsores dicen que lo combate) y que pone en manos de grandes transnacionales la tierra y la producción de alimentos. Cuenta cómo ese sistema, con las grandes superficies de compra como principales canales de distribución, son responsables de la mayor parte del desperdicio alimentario, desde la cosecha, la pérdida en el transporte y el desecho de frutas o verduras “imperfectas”.

    Una aclaración importante, que dan al final del libro, es que los impulsores del Banco de Alimentos son los mismos dueños de esas grandes superficies y esas pocas corporaciones de la  industria alimentaria.

    Los grandes supermercados forman parte del Banco de Alimentos  y movilizan  a 20.000 personas voluntarias que piden en la puerta del supermercado que la gente compre más para donar. Esos mismos establecimientos tiran a la basura una buena parte de la producción, ya sea porque no quieren mostrar la fruta o verdura con defectos, o porque tiran lo que está a punto de caducar y lo que tiene vencida la “fecha de consumo preferente” (algo distinto que la fecha de caducidad: los productos no están en proceso de pudrirse, sino que comienzan a perder propiedades vitamínicas). Además, la mayor parte de lo que da el Banco de Alimentos, procede de subvenciones de la UE, que se podrían dedicar a otras acciones.

    Los autores recomiendan, como políticas públicas, huertos comunitarios y otro tipo de trabajo donde la gente pobre pueda participar en su mejora, en vez de recibir pasivamente y deprimirse.

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