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Cómo desactivar las voces críticas

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Junio 2022 / 103

Cuanto más sencillo, más oscuro. Parece una contradicción, pero  no. O no siempre. La necesidad de buscar representaciones simplificadas de los problemas puede acabar escondiendo sus implicaciones, sobre todo cuando se trata de retos complejos. En este sentido, una de las voces más destacadas de la economía ecológica, José Manuel Naredo, alerta en su último libro sobre cómo, en la persecución de un mundo más estable y cohesionado desde un punto de vista social y ecológico, hasta los propios movimientos sociales críticos compran conceptos vacíos de contenido que, en su opinión, contribuyen a mermar su fuerza. De ahí el título de la obra: La crítica agotada

Doctor en Ciencias Económicas y estadístico, Naredo ve en el empleo de "términos fetiche desafortunados" una forma de hacer ver que cambia todo para que nada cambie, al no ponerse en cuestión el sistema económico.  "Medio ambiente" sería uno de estos conceptos. Para el autor, es un "vacío analítico" que contribuye a reducir el foco de la conservación del planeta —con sus recursos, sus paisajes y sus ecosistemas—, que se queda en las emisiones de CO2.

Son muchos los conceptos asentados que Naredo critica a lo largo del libro: del "contrato social" a la "propiedad", pasando por la "producción" y la idea misma de "sistema económico". Pero incide especialmente en el "desarrollo". Porque este concepto no casa con el enfoque ecointegrador que lleva años defendiendo, "por mucho que [el desarrollo] se revista con envolturas ecológicas, verdes, resilientes, circulares, inclusivas, justas... y sostenibles".

Incluso puede hablarse de retroceso. En el pensamiento de John Stuart Mill, que ha servido de base de formación a tantos y tantas economistas, a mediados del XIX se reconocía  la contradicción básica entre la fe en el crecimiento y un mundo físico que no crece.

Fusión: Naredo defiende un enfoque que integre preocupaciones ecológicas y toma de decisiones económicas

Economistas, políticos, periodistas... en general, utilizamos todo el tiempo estos conceptos. Naredo subraya el modo acrítico en el que lo hacemos, sin tener en consideración los daños sociales y económicos asociados. Deseamos que haya mayor crecimiento, mayor desarrollo, mayor producción. El economista ecológico desliza críticas a keynesianos y a marxistas, porque, al comprar los mismos conceptos, asumen las categorías básicas del sistema que se supone que quieren corregir o transformar. 

La revolución de las ideas

Y el poder, pues encantado, porque el statu quo no cambia. Viene al caso la reflexión del geógrafo Elisée Reclus, a finales del XIX: más allá de las luchas sangrientas, "la verdadera revolución es la que se realiza en las ideas". Sin ella, el  fracaso.

Como el desarrollo sostenible ha entrado en el mainstream, La crítica agotada puede sonarle radical o provocador a mucha gente (no será el caso entre quienes compartan las tesis del decrecimiento). Su aportación es el impacto que el lenguaje tiene sobre las voces críticas y el hecho de que, más allá de la denuncia, marque caminos de acción en la fusión de las preocupaciones ecológicas en las decisiones económicas. Al fin y al cabo, ¿cómo valorar en dinero que cada día salga el sol y fluyan las energías limpias?