¿Cómo terminará el capitalismo? // El capitalismo es un enfermo crónico

  • Un análisis del futuro que le espera al capitalismo desde la óptica de un sociólogo.

    Una de las características de ¿Cómo terminará el capitalismo? (Traficantes de Sueños [2017]) es que su autor, Wolfgang Streeck, no es un economista, sino un sociólogo. De ahí que su objetivo no sea el análisis de la economía capitalista, sino el de una sociedad capitalista en decadencia, que se colapsa como consecuencia de las contradicciones manifiestas en su propio éxito, pero también como resultado de haber debilitado o incluso laminado propuestas alternativas.

    ¿Cómo terminará el capitalismo?
    Wolfgang Streeck
    Traficantes de Sueños, 2017
    291 páginas. 
    Precio: 25 €

    En cuanto a las contradicciones de la sociedad capitalista, la referencia sigue siendo el diagnóstico de Karl Polanyi (La gran transformación, Virus Editorial) acerca de la consideración capitalista del trabajo, la naturaleza y el dinero como falsos bienes que se intercambian sin límites en una economía de mercado que quiere ser autorregulada. Las consecuencias de esta ideología se evidencian hoy en la simultaneidad de la crisis medioambiental y de los mercados inmobiliarios, de la cronificación del paro y del subempleo, así como en las carencias del control democrático a los abusos de los mercados financieros. 

    Lo que el autor constata es la incapacidad de la sociedad capitalista actual para encontrar respuestas ágiles a los problemas manifiestos de la conjunción de un crecimiento económico débil, del aumento de la desigualdad, del endeudamiento crónico propiciado por la dominancia de la economía financiera, de la consolidación de oligopolios de facto, incluyendo los basados en la disrupción de base tecnológica, todos ellos trufados por una corrupción omnipresente. Algo que atribuye al resultado del auge de la ideología neoliberal a partir de los años setenta. 

    Su pronóstico, en lo que constituye una de sus propuestas más distintivas, es que la sociedad capitalista no será, como mínimo a corto plazo, sustituida por un sistema social alternativo, sino que prolongará su enfermedad en un período largo de interregno, de entropía social y de desorden. Un período, en línea con el arquetipo de sociedad líquida popularizado por Zygmung Bauman, en el que los individuos se verán confrontados a la necesidad de vivir privados de la orientación y la protección de las instituciones y acuerdos colectivos implícitos en lo que intuitivamente se entendía como la sociedad.

    Desde esta perspectiva, el problema de base es la construcción o reconstrucción de unas bases alternativas a las de la sociedad capitalista. El alcance y las consecuencias todavía manifiestas de la crisis de 2007-2008 ha propiciado el descrédito tanto de instituciones que han sido los pilares de la sociedad capitalista durante las últimas décadas como de sus líderes. Se hace difícil confiar en su capacidad, e incluso en su disposición, para corregir los males de lo que tanto han contribuido a crear. También, a estas alturas, parece ingenuo confiar en que algún tipo de gobernanza sea capaz de contener la tendencia intrínseca del capitalismo a expandirse sin límites, porque implicaría una contradicción intrínseca con una ideología que confía a la magia de los mecanismos de mercado que la suma de acciones guiadas por intereses individuales resulte en beneficios colectivos. 

    EXPANSIÓN ILIMITADA: A estas alturas de la historia, parece ingenuo pensar y confiar en que algún tipo de gobernanza sea capaz de contener la tendencia intrínseca del capitalismo a expandirse sin límites 

    El problema es que reemplazar la ideología, las instituciones y los líderes de la sociedad capitalista exige precisamente disponer de alternativas, y éstas no son hoy por hoy evidentes. Un análisis en la línea que propugnan las escuelas de negocio llevaría a la conclusión de que esta sociedad capitalista tiene todos los síntomas de un sistema susceptible de disrupción. Pero si los disruptores no son lo bastante fuertes, o lo bastante hábiles, los incumbentes pueden sobrevivir durante más tiempo del que hubiera parecido posible o deseable.

    En este caso, la posibilidad de supervivencia del capitalismo se basaría según el autor en la supervivencia de una cultura que continúa primando la ética neoprotestante del esfuerzo individual, compensado a corto plazo con la expansión continuada de un consumo hedonista y de alternativas tecnológicas y farmacéuticas para adormecer la conciencia. Sería, en palabras difícilmente traducibles del autor, una cultura resultante de la combinación de coping, hoping, doping y shopping. Añadiríamos, dado que Streeck no lo aborda explícitamente, que se trata precisamente de una cultura que las propuestas de base tecnológica e ideología neoliberal que emanan de Silicon Valley contribuyen a consolidar.

    Ante este panorama, el autor propugna la necesidad de reconstruir desde una perspectiva sociológica y de economía política, los fundamentos de una sociedad con la capacidad de implantar mecanismos colectivos de no-mercado con la misma agilidad y eficiencia con la que los mecanismos de mercado tienden a expandirse. Esa reconstrucción intelectual, así como su puesta en práctica por parte de activistas y políticos con una disposición moral acorde, es ciertamente posible. En tanto que no se materialice, sin embargo, la sociedad capitalista seguirá en su actual estado de enfermedad crónica.

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