El código del capital // Los abogados no se votan

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    El código del capital
    Katharina Pistor
    Capitán Swing, 2022
    344 páginas
    21 €

    Cómo los grandes bufetes internacionales ayudan a perpetuar los privilegios de unos pocos.

    Katharina Pistor, destacada académica alemana con una solvente carrera entre Alemania y Estados Unidos —incluyendo Columbia, su base de operaciones, y Harvard— expone en este trabajo fundamental el papel de los bufetes internacionales en la “codificación del capital” al servicio de las clases privilegiadas del capitalismo global. De alguna forma, Pistor actualiza, cargada de datos y de conocimientos, la frase de Marx con la que se cierra el libro: “Vuestro derecho no es sino la voluntad de vuestra clase erigida en ley, voluntad cuyo contenido está determinado por las condiciones materiales de existencia de vuestra clase”.

    Se trata de un libro alejado de posiciones doctrinarias, de prejuicios y de dogmas. Llega a estas conclusiones no a partir de Marx, sino a través de las herramientas académicas y también de un notable conocimiento práctico del funcionamiento de las corporaciones y del ejército de abogados globales que vela por sus intereses.

    La lectura de este trabajo es esencial para entender mejor el gran reto que afronta la política contemporánea, en la que no basta con ganar elecciones: la “codificación del capital” —un código en manos de los abogados al servicio del capital construido a lo largo de siglos— dificulta mucho cualquier proceso de cambio pacífico realmente de calado.

    Blindaje: Cuatro atributos blindan el capital: prioridad, durabilidad, universalidad y convertibilidad

    “La codificación del capital se produce de una forma mucho más descentralizada de lo que piensan los marxistas. Los poseedores de activos no necesitan controlar el Estado directamente y mucho menos ganar luchas de clases o revoluciones; lo único que necesitan es tener de su parte a los abogados adecuados, aquellos que codifican sus activos de forma legal”, concluye Pistor. Deshacer, o al menos matizar, semejante madeja —condensada en miles de tratados internacionales— no parece un objetivo ilusionante que permita ganar elecciones. Pero Pistor demuestra que, en realidad, es la madre del cordero. 

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