El desengaño europeo // Los peligros del idealismo

  • Septiembre 2014

    Un europeísta advierte de que esta UE lleva al desastre.

    El desengaño europeo
    Sami Naïr
    Galaxia Gutenberg, 2014
    176 páginas Precio: 15,90 €

    El catedrático francés Sami Naïr —en realidad, un sabio europeo— hace mucho que advierte que la construcción europea marcha por un camino que lleva al precipicio, pero la crisis ha acelerado tanto la tendencia que hasta empezamos a divisar el acantilado. ¿Qué otra cosa es, si no, que la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, encabece los sondeos en Francia?

    En este libro, Naïr trata de agarrar el toro por los cuernos a través de una entrevistarío que le hace su colega James Cohen, politólogo estadounidense de la Universidad Sorbona Nueva París 3, en el que no elude ningún asunto espinoso porque precisamente es la técnica del avestruz la que acaba haciendo germinar los monstruos.

    Naïr es un europeísta convencido que, sin embargo, avisa que el patrón de construcción europea actual —con el euro a la alemana como símbolo máximo— puede acabar paradójicamente destruyendo la UE. El catedrático subraya muchos problemas, pero dos son especialmente importantes: por un lado, la simbiosis entre la construcción europea y el neoliberalismo y las privatizaciones. Por otro, el idealismo de crear una supranacionalidad artificial de forma acelerada y sin afrontar las consecuencias de la erosión del Estado, herramienta clave para la identidad, la democracia y también para el Estado de bienestar.

    Sus posiciones son, en consecuencia, duras de tragar por los europeístas más entusiastas porque parece que exijan retrocesos: suponen, por ejemplo, reabrir el debate sobre el euro —Naïr apuesta por mantenerlo, pero recuperando la “serpiente monetaria” que permitía devaluaciones por países, con lo que en la práctica existirían varios euros— y apostar por un modelo confederal en lugar de federal. Gusten o no, son propuestas que aspiran a salvar la construcción europea despojándola del idealismo. Merece la pena seguir el debate que Naïr abre en toda su crudeza: quizá no habrá muchas más ocasiones para abordarlo con serenidad.

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