Memorias. El extraño camino a "la Caixa" // Vilarasau, el último 'homenot' de la Caixa

  • Por (Director)
    Febrero 2013
    Los episodios de la expansión y crecimiento de la entidad de ahorro hasta convertirse en la primera de España, explicados por su impulsor.

    Memorias. El extraño camino a “la Caixa”

    Josep Vilarasau

    RBA. 731 páginas

    2012. Precio: 29€

    Resulta bastante insólito que en plena crisis financiera y en el momento de máximo desprestigio de los bancos, un banquero se haya atrevido a presentar un detallado balance de su gestión. Aunque su versión de los acontecimientos sea muy personal, es impresionante el caudal de información que Josep Vilarasau ofrece a los lectores en las 731 páginas de sus Memorias. El extraño camino a “la Caixa”. Un trabajo en el que hay mucha historia de la Caixa, de las cajas y de episodios clave de la economía catalana y española, en lenguaje claro y ameno. 

    El relato de Vilarasau es sobre todo una historia del poder financiero. Desde la anécdota de cómo alcanzó el puesto de mando de la Caixa a la forma en que organizó sus sucesivos equipos de dirección desvelan su afilado instinto de orientación para el poder. El autor dedica bastantes páginas a explicar la estrategia que le permitió gestionar a un grupo humano que durante su mandato pasó de los 3.500 empleados en 1976 a más de 23.500 en 2003. Una historia de evidente interés para las Escuelas de Negocios. 

    Su forma de llegar a la Caixa muestra unos rasgos de osadía que definen el estilo que luego marcará su gestión. Después de los reiterados vetos del ministro de Hacienda, Rafael Cabello del Alba, para que dirigiera la Caixa, el autor desvela sus esfuerzos hasta lograr una audiencia personal con el Rey para afianzar su nombramiento.  El monarca le mostró su satisfacción y dos días después el Consejo de Ministros bendijo su designación como director general de la Caixa, cumpliéndose el ansiado deseo del presidente Narcís de Carreras. 

    Vilarasau explica sus primeras percepciones tras una larga trayectoria en altos cargos de la Administración y Telefónica.  ”Mis primeras impresiones al ocupar el cargo”, confiesa, “resultaron enormemente positivas, en primer lugar por la sensación de libertad”.  “Encontrarme súbitamente en una empresa” prosigue, “donde todo dependía de uno mismo y de las reglas del mercado fue para mí como respirar aire puro después de tres años de no poderlo hacer en CAMPSA”.

    Su obsesión por crecer y romper corsés se puso claramente de manifiesto desde el primer día de su llegada a la Caixa, con la puesta en marcha de un ambicioso plan de expansión de oficinas. Estaba convencido, explica, de que “la causa primera para ser cliente de una caja o un banco era la cercanía”. El resultado de su estrategia ha sido palpable. Entre 1976 y 2002, la entidad pasó de las 360 a 4.640 oficinas, la mayoría fuera de Catalunya y Baleares. 

    LA PIRUETA: Vilarasau confiesa los cambios jurídicos para aplazar su jubilación y seguir en el poder

    Su determinación por la expansión a ultranza le llevó a una larga “lucha personal para hacer entender al ministro de Economía, Carlos Solchaga, y al Gobernador del Banco de España la aberración que suponía encerrar en un territorio que representaba la quinta parte del país a una institución con pleno crecimiento”. Su estrategia pasó por la creación de GrupCaixa, a través del cual abrió 230 “tiendas de dinero” en el resto de España. Fue acusado de fraude de ley y tuvo que enfrentarse a otras cajas. Pero al final, cuando en 1988 se liberalizó la expansión, la Caixa convirtió en un día todas estas oficinas en sucursales normales de la Caixa. “Nos habíamos adelantado varios años a lo inevitable”, escribe.

    Es sorprendente la franqueza con que explica “la pirueta” jurídica que ideó para alargar su mandato pasando de director general a presidente ejecutivo con el fin de permanecer en el poder y evitar la jubilación. Una resistencia comprensible, pero que contrasta con las prejubilaciones que antes había ordenado.

    Vilarasau describe algunos episodios decisivos como el papel de la Caixa en la adjudicación de Banca Catalana, su enfrentamiento con Pujol por no haberle comunicado el nombramiento del presidente Salvador Millet. También desvela con sorpresa su primer salario de 500.000 pesetas brutas al mes, pero el lector echará en falta sus emolumentos en el momento de su retiro. Tampoco hay referencias de las cuantiosas pérdidas por la compra de un banco en Francia ni los créditos perdonados a los partidos políticos.

    En su activo, destacan la incorporación de mujeres a la entidad, la modernización informática, y la consolidación de la primera entidad financiera del país.

    Especialmente interesantes son las 25 páginas dedicadas a “la pesadilla de las primas únicas”.  Una batalla jurídica que se prolongó más de 15 años en la que la Caixa perdió mucha reputación. El autor se muestra muy crítico con la inspección de Hacienda. Lo notorio, según la descripción del propio autor, es la independencia de la Inspección, que jamás claudicó a los pactos entre el Gobierno y la Caixa. El conflicto se cerró por la prescripción de las actuaciones por un fallo de la inspección, lo cual ha impedido llegar al fondo del asunto.

    A diferencia de otros litigios entre la Administración y los bancos, Vilarasau se ha amparado únicamente con las armas del derecho. El libro confirma al autor como uno de los homenots de Catalunya descritos por Josep Pla. Vilarasau sentó las bases para levantar el gran banco que quería crear, a costa de diluir sus raíces sociales. Su sucesor, Isidro Fainé, ha culminado la obra. 

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