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Estos años bárbaros // “Informe contra mí mismo”

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Diciembre 2015 / 31

Joaquín Estefanía profundiza en las secuelas de la crisis y su impacto en la democracia.

Es muy sintomático que Joaquín Estefanía (Madrid, 1951) haya  elegido este título para el prólogo de su último libro: Estos años bárbaros.  Estefanía, periodista y economista, reflexiona sobre el reciente deterioro de la democracia en un país cuya historia del siglo XX ha estado  dominada por la inestabilidad y en el que la normalidad democrática ha sido una excepción. “¡Bendita democracia, con más o menos calidad!”, exclama Estefanía, “en la que uno puede rectificar sin que ocurra nada. Tantas veces hay que rectificar”.

Estos años bárbaros
Joaquín Estefanía
Galaxia Gutenberg, 2015
318 páginas.
Precio: 19,50 €

Es como una invitación a una rectificación colectiva. El balance del devastador escenario que ha quedado después de la Gran Recesión no es para menos. “Más pobres, más desiguales, más precarios, menos protegidos, más desconfiados, menos demócratas”, son las primeras palabras que encabezan el libro. Acto seguido documenta con datos cada uno de estos aspectos que están triturando a la sociedad española.

Desde sus libros y artículos en El País, periódico en el que ha desarrollado la mayor parte de su vida profesional y que ha dirigido durante seis años, Estefanía se ha convertido en el intelectual de referencia de los análisis más rigurosos sobre la situación económica y social de España. Este libro no es sólo un brillante diagnóstico acerca de las causas y efectos de los catastróficos efectos sociales de la crisis, sino que va más allá y profundiza en su impacto en la propia democracia.

El autor presta especial atención al deterioro de la calidad de la democracia, una materia que conoce bien como director del Informe sobre la Democracia en España, de la Fundación Alternativas, desde 2007. En el libro se refiere al último trabajo de esta entidad al recordar que, “el porcentaje de insatisfacción con el funcionamiento de la democracia situaba a España 17 puntos porcentuales por encima de la media europea”. En su opinión hay una creciente percepción ciudadana de que “los poderes económicos (no representativos) se han impuesto a los poderes políticos (representativos) y los han derrotado una y otra vez”.

Esta es sin duda la piedra de toque del debate de fondo actual. “Han regresado las dudas”, señala, “sobre la compatibilidad de un sistema de gobierno democrático con una economía capitalista financiarizada. Muchos ciudadanos sufren la sensación cotidiana de que la política es impotente para resolver sus problemas colectivos”. La  idea de que los gobiernos pueden corregir los fallos de los mercados  en beneficio de la mayoría es cada vez más dudosa.

En su opinión, el detrimento de la convivencia de la democracia con el capitalismo ha sido en buena parte consecuencia del cambio de naturaleza de este último. “El capitalismo”, escribe, “ha dejado de ser comercial o industrial para devenir capitalismo financiero, una especie de casino en el que las grandes corporaciones constituyen el nuevo grupo dominante”. La consecuencia es que “la democracia avanza a sorbos, pero pierde en calidad, mientras que el capitalismo financiero es el único sistema socioeconómico realmente existente, y va acompañado de ausencia de frenos y regulaciones, y de abusos, escándalos y complicidades con el poder político (por ejemplo, las célebres puertas giratorias)”.

LA AUSTERIDAD EXPANSIVA Se ha producido “el triunfo de las ideas equivocadas”, como la de la llamada “austeridad expansiva“. Pero ni el recorte del gasto ni la moderación salarial han aumentado el crecimiento ni reducido la deuda

Este cambio de naturaleza del capitalismo se ha visto agravado por lo que el autor llama “el triunfo de las ideas equivocadas”, uno de cuyos más lamentables ejemplos es el de “la austeridad expansiva”, aplicado a Grecia, España y Portugal. La receta de la austeridad descansa en que todo gran ajuste fiscal que base sus objetivos en recortar el gasto y se apoye en la moderación salarial tendrá carácter expansivo. El autor explica como los hechos no han sido así. No sólo no ha habido un efecto expansivo, sino que la austeridad “ha hecho a la mayoría de esos países más pobres, más desiguales, más precarios, menos protegidos, más desconfiados y menos demócratas. Buena cosecha. ¿Quién asume las responsabilidades?”, se pregunta. “La mayor tragedia”, precisa, “no es que haya dañado la macroeconomía (ni se ha crecido más ni se ha reducido la deuda), sino el enorme sufrimiento que ha causado algo de lo que deben hablar los economistas y los políticos que son deudores intelectuales de los mismos, no sólo los teólogos o los moralistas”.

Una de las consecuencias más inquietantes de la crisis económica en España ha sido la aparición de una estructura social dual en la que el 30% de la población (14 millones de personas) está condenado a vivir en la pobreza. El autor advierte que “este 30% estará  sometido a un elevado deterioro y sin esperanza de recuperación sustancial durante, al menos, una década”. 

A su juicio, se trata de un modelo de sociedad que no sólo es consecuencia del devenir de la economía, sino que “tiene sus raíces principales en decisiones políticas que conforman un escenario de precariedad, desigualdad extrema, ausencia de movilidad social y un sistema productivo y de relaciones laborales que apuesta por la inseguridad, los salarios bajos, una fiscalidad débil  y el desmontaje de las políticas sociales conseguidas después de años de luchas  sindicales y ciudadanas”.