Ganar al futuro // Europa solo será viable si es social

  • Por (Director)
    Junio 2018

    El futuro de la Unión Europea: Joaquín Almunia vincula el futuro de la UE a consolidar la socialdemocracia.

    Ganar el futuro. Cómo Europa y la socialdemocracia pueden salir juntas de sus crisis
    Joaquín Almunia
    Taurus Páginas: 295 Precio: 20,90

    Joaquín Almunia,  Bilbao 1948, ha sido vicepresidente de la Comisión Europa y comisario de Competencia (2010 -2014) después de seis años de ocupar la comisaría de Asuntos Económicos y Voluntarios.  Su  experiencia en puestos clave de la Unión durante una década le ha permitido hacer un destilado de los principales desafíos que afronta Europa de manera comprensible y extraordinariamente útil.

    El rasgo más llamativo del libro del exministro socialista es su tono autocrítico. Así reconoce “sin ambages algunos graves errores políticos: por ejemplo, en las dosis excesivas de austeridad fiscal que dominaron durante algunos años la respuesta ante la situación griega”. De la misma manera, admite “la falta de instrumentos imprescindibles para evitar el deterioro de la cohesión social y el aumento de las desigualdades tanto en España como en el conjunto de la Unión”.

    El autor reconoce la influencia académica e intelectual del paradigma neoliberal y las condiciones que marcaron la creación de la Unión Económica y Monetaria. “Europa”, admite críticamente , “se volcó en la introducción del euro y en la profundización del mercado interior, pero olvidó reforzar su dimensión social”. 

    Una de las decisiones de la construcción de la unión monetaria que acarreó más problemas fue el establecimiento de la libre circulación de capitales. Según Almunia, esta decisión “redujo los márgenes de maniobra de las políticas tributarias y presupuestarias que seguían estando básicamente en manos de las autoridades nacionales. Con ello se alentó la pérdida de capacidad redistributiva de los impuestos, el incremento de los niveles de endeudamiento público y privado y un crecimiento excesivo del peso de los mercados financieros globales”.

    Estas deficiencias conducen al autor a constatar que han aumentado las distancias entre los países más avanzados y más rezagados. En su opinión, “falla la convergencia real. Las desigualdades aumentan también en el interior de cada país”. 

    Son conclusiones de especial valor por lo que dicen y, sobre todo, porque quien las dice tuvo un papel relevante en la política europea cuando se adoptaron estas medidas. Al mismo tiempo, ha sido un defensor incansable de las políticas reformistas que han impulsado los socialistas. Con estas premisas es fácil comprender la tesis central del libro y es que el futuro de Europa y de la socialdemocracia va de la mano. “Mirando el futuro”, escribe Almunia, “de la misma manera que la Unión necesita una auténtica dimensión social, la socialdemocracia necesita de esta para que su proyecto político recobre su atractivo ante la opinión pública”.

    En relación con la Europa social el autor propone la puesta en marcha de “un instrumento fiscal financiado presupuestariamente, o de manera alternativa a través de un sistema común de protección del desempleo”.  Recoge así la idea de su compañero en la Comisión, el economista húngaro László Andor, que lo planteó en 2013, pero  de difícil aplicación.

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