La dictadura de los supermercados // Las pocas empresas que lo deciden todo

  • Grandes superficies: Es un espejismo eso de que en el supermercado tenemos mil opciones para consumir. En la práctica, unas pocas empresas controlan todo lo que consumimos.

    Vivimos en un mundo que funciona del revés, un mundo “enfermo”, como bien dice el periodista y director de la colección A Fondo de la editorial Akal, Pascual Serrano, en la presentación inicial del texto. Eso es exactamente lo que se concluye al leer, uno tras otro, la cantidad de datos que nos da este libro.
    La autora, Nazaret Castro, que se ha ido especializando con su “Carro de combate” en profundizar sobre los artículos de consumo, nos trae casi todas las malas noticias. Noticias que no vemos, o no queremos ver, para creer que vivimos en un mundo un poco más amable. 

    La dictadura de los supermercados
    Nazaret Castro, 2017
    236 páginas
    Precio: 17,10 €

    Los supermercados y las grandes superficies, no sólo se han llevado por delante a los tenderos del barrio o del pueblo. Lo peor de todo es que son poquísimos. El grave problema es que un puñado de empresas deciden las reglas con las que deben vender los productores. Deciden así la vida de miles de personas. O la no vida.

    Parece que en el supermercado los productos sean más baratos que en la tienda del barrio. De hecho, no parece. Es así en muchos casos. Pero lo que no sabemos es que eso que para nosotros es “barato” es en realidad mucho más barato, porque el distribuidor se lleva una gran parte de los beneficios. En algunos productos, como la leche, el distribuidor se llega a llevar hasta el 90% de lo que pagamos en la tienda. 

    En algunos casos, como en los productos que vienen de lejos, quien produce gana, según explica Nazaret, un 2000% menos de lo que cuesta en el súper. 

    La presión sobre los proveedores, con condiciones abusivas como dar gratis la primera entrega,  son asfixiantes para quienes producen. Sólo podría cambiar eso con una política estricta que ponga freno, como lo hizo en algún caso Ecuador, pero eso no parece que vaya a suceder.  

    Sólo grandes distribuidores pueden asumir la cantidad de requisitos y condiciones. Las cumplen Hendrix, Fenus, Monsanto, Cargill, Adm y Bunge, que controlan todo lo que comemos.  

    Pero esa presión por rebajar el precio tiene muchas otras aristas, siempre negativas. 

    Cuando abre un nuevo hipermercado cerca de un pueblo la noticia suele ir acompañada de la cantidad x de puestos de trabajo que crea (de calidad dudosa), pero nunca de la cantidad de empleos que se pierden, al cerrar los negocios locales.

    Eso, amén de que muchos de los productos que se venden, incluidas las verduras y la carne, tuvieron que bajar tanto el precio que se hacen con monocultivos, granjas industriales y el apoyo de pesticidas, hormonas, antibióticos y otros productos químicos malos para la salud. 

    Menos mal que existe la economía social. Y qué pena que sólo seamos unos pocos.

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