La producción del dinero // Contra el dominio despótico de la banca

  • Por (Director)
    Abril 2017

    La economista plantea alternativas para reducir el inmenso poder de las finanzas sobre nuestras vidas.

    “Las finanzas deben ser el sirviente, el sirviente inteligente, de la comunidad y la industria productiva; no su amo estúpido”. Con esta frase de un documento sobre pleno empleo y política financiera del Comité Nacional Ejecutivo del Partido Laborista británico, la economista  Ann Pettifor encabeza uno de los capítulos de su extraordinario trabajo de divulgación sobre la producción del dinero. La elección de este texto de 1944 es ilustrativa de la preocupación de la autora por la amenaza que representan las finanzas  para la sociedad.

    La producción del dinero
    Ann Pettifor
    Libros del lince, 2017
    222 páginas.
    Precio: 18 €

    Con un lenguaje lúcido y comprensible, la economista Pettifor,  explica en La producción del dinero cómo acabar con el poder de los bancos, el funcionamiento del sistema financiero  y los problemas que está generando a la sociedad el excesivo poder que ha ido acumulando la banca. Es una obra útil  por sus  propuestas y alternativas.

    La primera tarea que nos plantea la escritora de varios libros de finanzas es que se precisa “que la opinión pública entienda mejor cómo se origina el dinero y cómo funciona el sistema financiero”. En su opinión, se trata de áreas de la economía ignoradas por la corriente mayoritaria de economistas. Cree que “el motivo por el que existe tanta confusión acerca del dinero, la banca y la deuda reside en que los economistas se mantienen al margen del sistema financiero”.

    El segundo propósito de la obra es “canalizar la ira ciudadana generada por los banqueros y los políticos para favorecer alternativas progresistas y positivas”. La autora se declara discípula de Keynes, de quien se conocen mucho mejor sus trabajos sobre las políticas fiscales a favor del pleno empleo y la recuperación económica, pero que no se ha dado la relevancia que merecía su Teoría general del empleo, el interés y el dinero. Sobre este punto recuerda que el mejor economista del siglo XX fue implacable en su exigencia de que “el sector financiero se hallase subordinado a los intereses de la sociedad en general y defendió activamente la eutanasia de los rentistas”.

    A Pettifor le preocupa “el poder despótico de las finanzas”, cuyos intereses son los que condicionan y dirigen el sistema monetario. En su análisis desmitifica uno de los más graves equívocos sobre la producción del dinero, que se atribuye erróneamente a los bancos centrales. La autora rescata unas manifestaciones de Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra, quien había reconocido que era el sistema bancario privado el que “imprime” el 95% del dinero en sentido amplio, es decir billetes, monedas y depósitos, mientras que el banco central sólo imprimía en torno al 5%.

    LA FANTASÍA DEL DINERO APOLÍTICO "Pettifor es la autora perfecta capaz de destruir la fantasía de que el dinero es apolítico y de que la política monetaria debe mantenerse al margen de la democracia", según Yanis Varoufakis

    Las críticas del libro al funcionamiento actual del sistema financiero no suponen una visión negativa y dogmática de todo lo relacionado con la banca. Al contrario. Pettifor aboga por un sistema bancario sólido y no tiene miedo en afirmar que “los sistemas monetario y financiero se cuentan entre los logros culturales y económicos más grandes de la humanidad”. Y precisa que “hoy en día quienes viven en sociedades con sistemas monetarios sólidos no deberían tener poca disponibilidad de dinero para afrontar, por ejemplo, la precariedad energética y el cambio climático”. Por ello está convencida de que “sólo si el poder público controla de manera adecuada el sistema bancario, de acuerdo con los intereses de la economía en su conjunto, no habrá escasez de finanzas para el desarrollo de una actividad productiva sensata”.

    El libro describe un panorama muy incierto de las finanzas mundiales por el aumento del endeudamiento y el riesgo de deflación, lo que lleva a muchos analistas a anunciar otra crisis del sistema financiero globalmente interconectado. Uno de los riesgos más inquietantes es el aumento de los flujos transfronterizos que han pasado de representar el 69% del PIB en 1980 al 438% del PIB en 2007. 

    En este contexto el libro plantea una propuesta de manera destacada, que consiste en la necesidad de establecer el control del movimiento de capitales. La autora considera que “para que una democracia reguladora logre administrar un sistema financiero que favorezca los intereses de toda la ciudadanía  —y no sólo los de una minoría globalizada y móvil— es indispensable que el capital deslocalizado sea relocalizado mediante el control de capitales”. En su opinión, esto supondría “una completa transformación del orden monetario mundial”. También aquí Pettifor vuelve a Keynes, quien opinaba que los países debían sin duda cerrar sus fronteras al capital internacional descontrolado y móvil y para ello proponía gravar los flujos transfronterizos de capital. La Unión Europea intenta aplicar esta idea a través de la Tasa Tobin. La autora termina su trabajo con una sugerente iniciativa: “Si la gente conduce, los líderes seguirán”.   En su opinión, hay dos grupos cuya participación en estas cuestiones es esencial: las mujeres y los ecologistas. Esta es sin duda su propuesta más revolucionaria.

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