Medicina de género // “Doctor, tome en cuenta que soy mujer”

  • La medicina de género es un campo jóven. Todavía buena parte de la medicina no incluye las diferencias físicas de las mujeres.

    Si no sabes nada y te lo cuentan te parecerá que te están hablando de la medicina aplicada en el medioevo. Pero no. Se trata de la medicina aplicada en el fragor del siglo XXI.

    Medicina de género, un libro divulgativo del ginecólogo israelí Marek Glezerman (que médicos y médicas deberían leer) nos abre los ojos ante una situación alarmante: la medicina tradicional, la que usamos hoy, está basada en el cuerpo de los hombres. “La nueva revolución de la medicina: el papel del sexo en el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades”, reza el subtítulo del libro. Y una se pregunta: ¿Cómo puede ser que pasaran por alto durante tanto tiempo esta obviedad? ¿Cómo puede ser que hacer algo tan obvio como tener en cuenta a las mujeres sea una revolución? 

    Medicina de género
    Marek Glezerman
    Plataforma Actual
    22 euros
    327 páginas

    Hasta hace apenas unos años, la mayor parte de los estudios clínicos que se hacían sobre las enfermedades y sus curas se llevaban a cabo con hombres, porque las mujeres eran más complicadas de analizar. Ellas tienen algo que las hace complejas: menstrúan. Eso significa que durante el mes van cambiando sus niveles hormonales como una montaña rusa. En vez de tomar eso en cuenta, no solo a la hora de crear nuevas medicinas sino también a la hora de analizar las mismas enfermedades, sus síntomas y sus consecuencias, lo que se hacía era simplemente hacer pasar esto por alto; hacer como si el 50% de las características de la población mundial no contara.

    Hace pocos años se descubrió (y todavía muchos médicos no lo aplican) que, por ejemplo, un infarto se manifiesta de forma completamente distinta en una mujer que en un hombre. Ellas no suelen mostrar un dolor fuerte en el pecho o en el brazo. Por el contrario, se descomponen y pueden estar incluso una semana con el infarto sin darse cuenta, lo que, por supuesto, hace que en ellas sea mucho más difícil de diagnosticar y, por tanto, sea mucho más peligroso. Sucede que hay mujeres que van a urgencias con un infarto y las tratan como si tuvieran una indisposición. Les dan algún calmante y las mandan a casa. 

    El cuerpo de la mujer no se ha estudiado suficiente. Y la mayoría de los fármacos para tratar enfermedades cardiovasculares, además de otro tipo de dolencias, solo han sido probados en hombres. 

    Algo parecido sucede con el cáncer de colon. La herramienta de diagnóstico más usada para la detección precoz es menos sensible cuando la paciente es mujer, lo que puede producir un retraso en el diagnóstico, y que ellas terminen pagando con sus vidas, porque la detección precoz es clave.

    La no distinción del género no es buena para las mujeres, pero tampoco es bueno para los hombres. Solo el 1% de los hombres sufren cáncer de mama, pero la enfermedad no está lo suficientemente estudiada en su caso. Tampoco es bueno que los hombres hablen menos de sus problemas y sentimientos con los médicos, porque pueden ocultar las enfermedades.

    MEDICINA BASADA EN HOMBRES: Hasta hace poco el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades se basaba en hombres. La menstruación descartaba a las mujeres de los estudios

    El  libro da también datos que no suelen conocerse con tanta exactitud, como que el cáncer de pulmón es un 170% más frecuente en mujeres que en hombres. O que hay personas que tienen características médicas y químicas de ambos sexos en su organismo, que les hacen sentirse hombres a pesar de parecer mujeres o viceversa (de hecho, salvando las distancias, hay un pinzón ginandromórfico,que es mitad macho y mitad hembra, que fue estudiado para determinar la importancia de la genética en la determinación de la función celular en ambos sexos). Que genéticamente las mujeres son en realidad el sexo fuerte (tanto es así que predice que el hombre en el futuro podría desaparecer); que las mujeres suelen sentir más frío que los hombres por un tema metabólico (y que médicamente los mecanismos químicos de sus cuerpos pueden ser más efectivos… Es decir, que es mejor adaptar la temperatura ambiental a las necesidades de las mujeres); que los niños aguantan mucho menos el llanto de un bebé que las niñas, etc.

    El libro también pone el acento en un tema muy importante, y que también se toma demasiado a la ligera: la enorme importancia que tiene la situación de las mujeres embarazadas en el futuro de las personas. Algo tan común como el estrés de las madres puede causar en los fetos trastornos que les llevarán a tener enfermedades como diabetes, hipertensión y otras dolencias en sus vidas adultas. Sin embargo, no hay protocolos para cuidar a las mujeres embarazadas en este sentido. 

    Conclusión: La próxima vez que vaya al médico, llévele el libro Medicina de género.

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