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¿Quién domina el mundo? // Los peligros que nos acechan

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Diciembre 2016 / 42

GLOBALIZACIÓN: Un análisis de los retos de nuestro tiempo, desde la amenaza nuclear hasta el calentamiento de la Tierra.

¿Quién domina el mundo?
Noam Chomsky
Ediciones B, 2016
388 páginas
Precio: 22 €

Noam Chomsky escribió este libro a principios de año, cuando apenas empezaba la campaña presidencial en EE UU. Si el profesor del MIT hubiera sabido quién va a instalarse en la Casa Blanca en enero próximo, a buen seguro que este sería un texto aún más crítico con su propio país y mucho más pesimista con respecto al futuro de la humanidad.

Chomsky, una de las principales referencias intelectuales de la izquierda estadounidense, cita sólo una vez en todo el libro el nombre de Donald Trump, y lo hace para destacar que el magnate neoyorquino es uno de los aspirantes a la candidatura republicana que durante la campaña negaron la responsabilidad del hombre en el calentamiento global e incluso pusieron en duda su existencia. Y es que el cambio climático es, junto a la amenaza de una guerra nuclear, la cuestión que más preocupa al pensador norteamericano, hasta el punto de sostener que las perspectivas de una supervivencia digna para la humanidad son escasas a largo plazo si no se produce un cambio de rumbo significativo.

Al responder a la pregunta que da título al libro, el autor apunta que con frecuencia se piensa que son los Estados, especialmente las grandes potencias, los que gobiernan el mundo. Aunque la idea no es del todo incorrecta, Chomsky subraya que es imprescindible conocer quiénes son los verdaderos “amos de la humanidad”, utilizando el término acuñado por Adam Smith. Si en tiempos del llamado “padre de la economía” eran los comerciantes y los dueños de las industrias de Inglaterra, hoy son las grandes multinacionales —la mayoría estadounidenses—  y las instituciones financieras.

Sostiene Chomsky que las empresas y los organismos controlados por esos “amos” ejercen una influencia desproporcionada no sólo en el terreno internacional, sino también dentro de sus propios Estados, de los que dependen para protegerse y conseguir apoyo económico.  Es por ello imprescindible,  en su opinión, controlar el enorme poder que ha acumulado EE UU y revisar con espíritu crítico los métodos utilizados para ejercerlo.

El autor denuncia que la política neoliberal de la pasada generación ha concentrado la riqueza y el poder en muy pocas manos, al tiempo que ha ido minando el funcionamiento de la democracia. La creciente oposición a ese “asalto neoliberal”, afirma, ha puesto al descubierto un aspecto crucial que demasiado a menudo se acepta con normalidad: tratar a los ciudadanos como meros espectadores y no como participantes.