Rutas sin mapa // Transición y peligro ‘ecofascista’ a la vista

  • Poscapitalismo: Con un horizonte temporal límite para la acción colectiva, el Premio Catarata de Ensayo pide abrazar la imperativa transición socioecológica. Un camino con riesgos, como el ecofascismo

    He aquí la descripción de nuestro actual delirio consumista, en pleno colapso capitalista, en palabras de Emilio Santiago Muíño en Rutas sin mapa: “Una sociedad que considera un derecho adquirido comer langostinos en Navidad o irse un fin de semana a Londres a ver un concierto, una sociedad que protesta porque se reduce en 10 km por hora el límite de velocidad en autopista es una sociedad muy poco preparada humanamente para la escasez que nos viene encima”.

    El autor propone un salto al ecosocialismo libertario que logre encontrar “una aventura excitante” en una vida marcada por la austeridad en el consumo de energía y materiales. El libro admite la dificultad de entusiasmar con propuestas de corte decrecionista, pero desde lo que autodenomina “pragmatismo utópico” celebra la búsqueda de nuevas formas de riqueza  (cooperativismo, autogestión de la comunidad, bancos de tiempo, monedas sociales) y una aspiración a  la abundancia en tiempo, en  relaciones sociales y en vidas con sentido.

    Rutas sin mapa
    Emilio Santiago Muíño
    Catarata, 2016
    143 páginas 
    Precio: 15 €

     

    El peligro  del ecofascismo al que alude  este joven antropólogo en su libro se dibuja en más de un sentido. De entrada, enganchadas como están nuestras vidas al sobreconsumo y la energía sucia y barata, no hay que descartar que hagamos cualquier cosa para no renunciar a ellas y que acabemos en islas superprotegidas donde el despilfarro siga siendo posible a costa de la favelización del resto del mundo. Otra derivada posible sería una pelea brutal entre Estados competidores cuyas élites diesen un golpe para controlar los últimos recursos del planeta y cuya economía se encontrara forzosamente intervenida. 

    Emilio Santiago Muíño  alerta del expandido analfabetismo ecológico existente, y no salva precisamente a los partidos, tampoco a los de izquierdas, de no efectuar grandes esfuerzos por hacer más evidente ante la opinión pública la gravedad del problema ni advertir sobre la necesidad de avanzar hacia un nuevo patrón civilizatorio basado en una economía altamente socializada regida por principios cooperativos.

    Una advertencia que atraviesa el libro es la trampa en la que debería evitar caer el poscapitalismo del siglo XXI: la de la megamáquina (por citar la idea de Mumford, que a lude a sociedades sin capacidad de ser dueñas de sus actos, sin resquicios de libertad)  sin posible autocrítica en la que incurrió el socialismo en el siglo XX. Rutas sin mapa, un libro breve de contenido enorme, traza, en efecto, numerosas rutas, no tanto para salvar el planeta como para salvarnos a nosotros mismos y a las criaturas vivas que nos acompañan.

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