Macron y los parados

  • Por (Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa)
    Octubre 2018

    TRANSPARENCIA: La capacidad de los consumidores para cambiar el mundo es mayor de lo que se piensa. En el terreno agroalimentario, el crecimiento de la demanda de bio es tal que Francia importa hoy muchos productos que podrían perfectamente cultivarse en el país. Unido al potencial de la revolución digital, el poder de los consumidores alcanza también a la composición de los alimentos transformados. Así, una aplicación gratuita como Yuka permite, escaneando los códigos de barras, saber con precisión lo que hay en los diferentes productos, empezando por aditivos de todo tipo. Esta aplicación se apoya sobre todo en Open Food Facts, una base de datos abierta desarrollada en modo participativo al estilo de Wikipedia. Mientras las normas de etiquetaje legales sigan siendo insuficientes debido a la resistencia de la industria, esos instrumentos podrían llevar, si su uso se extiende, a obligar a los productores a modificar la composición de sus productos para no perder cuota de mercado. 

    ACCESO A LA SANIDAD: El plan de reforma del sistema sanitario francés, anunciado el mes de septiembre ¿permitirá que todo el mundo tenga acceso a la sanidad? Aliviar a los médicos de las tareas burocráticas que hacen colectivamente, desarrollar estructuras intermedias entre el hospital y la atención primaria para garantizar la continuidad de los cuidados y desatascar las urgencias hospitalarias, tener en cuenta los deseos de las jóvenes generaciones de médicos de no ejercer en el modo liberal (sin por ello agraviar a los que hoy lo hacen), introducir nuevas normas de tarificación por actividad, suprimir los numerus clausus… el Gobierno ha anunciado una serie de medidas que van en el buen sentido. Pero hay que ponerlas en marcha. Los medios que se han prometido para ello no están a la altura, dada la austeridad que sufren, sobre todo, los hospitales públicos. En cuanto a la moralización de los honorarios excesivos, habrá que esperar. Lo mismo que para la prevención medioambiental. Aunque, dada la degradación de la oferta sanitaria heredada de los gobiernos precedentes y la multiplicación de zonas donde no hay médicos, hay por dónde empezar.

    Francia promete para 2020 una renta universal de actividad

    No se atacará la causa de la pobreza con éxito sin atacar a la probreza misma 

    POBREZA: El plan contra la pobreza presentado por el Gobierno francés el mes de septiembre da muestras también de un auténtico conocimiento de los problemas a los que hay que enfrentarse. La insistencia sobre la primera infancia o sobre la necesidad de proponer soluciones a los jóvenes que salen de la ayuda social a la infancia, así como la ampliación de la Garantía Jóvenes  van en el buen sentido de cortar el mal de raíz. Igualmente, desarrollar la experiencia Territorios cero parados de larga duración o la inserción mediante la actividad económica demuestra que Emmanuel Macron no confía únicamente en la recuperación para que vuelvan al mercado laboral los excluidos. Las medidas de simplificación anunciadas podrían, por otra parte, hacer bajar el índice de las personas que, teniendo derecho a una prestación, no la reciben. El  Gobierno ha prometido también para el año 2020 una “renta universal de actividad” cuyos contornos no están aún muy definidos. Sin embargo, los medios que se han dedicado al plan (8.000 millones de euros en cuatro años) siguen siendo limitados y conllevan una gran parte de reorganización. Además, el establecimiento de algunas medidas va depender de la voluntad de las colectividades territoriales, empezando por los departamentos, en un momento en el que el Gobierno les está apretando las tuercas en el plano presupuestario. Y, lo que es más importante, el Gobierno se niega a aumentar los mínimos sociales a la vez que disminuye las cotizaciones salariales para que “el trabajo pague”. Una lógica que refleja la convicción de que la exclusión sería en gran medida voluntaria y que habría, pues, que incitar a los pobres a “atravesar la calle”, como dijo recientemente Macron a un joven parado, y que vayan a ocupar los múltiples empleos no dotados… Si hay que ayudar a los excluidos, de nada sirve castigarlos. Una cosa está clara: no se atacará la causa de la pobreza con éxito sin atacar a la pobreza misma.  

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