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49 — PRIMERO DE MAYO // Día 1

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Diciembre 2020 / 8

Una jornada devaluada desde hace tiempo. Empezó a hacerlo el franquismo al inventarse lo del San José Obrero para despistar. Quizás sería preferible que no fuera festivo, como el 8 de marzo, que acaba siendo una jornada verdaderamente reivindicativa. 

Mi primer 1 de mayo creo que fue en 1969, en la clandestinidad. Fue una manifestación relámpago de jóvenes que reivindicábamos derechos y celebrábamos nuestra juventud. A principios de los ochenta ser obrero ya no estaba en la ola de la historia. Hubo una verdadera construcción intelectual para demoler el concepto de clase obrera. Y muchos de los antiguos líderes corrieron a estudiar carreras para alterar su trayectoria vital. 

Nunca se ha reflexionado bastante sobre el papel de la educación en la formación de una conciencia social que divide a la gente asalariada en subgrupos que no se reconocen entre sí formando un mismo colectivo social. Hoy lo obrero se asocia a incultura, trabajo precario, estigma. Lo ha explicado muy bien Owen Jones. Y los sindicatos son vistos como parásitos, forman parte del mismo grupo de los políticos. Seguro que han fallado en muchas cosas, pero hay evidencia científica que indica que un país es más desigual cuanto más débiles son los sindicatos.

En España los denostados sindicatos, con todas sus debilidades y errores, han aguantado una estructura de negociación colectiva que ha permitido mantener un nivel mínimo de salarios y derechos laborales. Y por eso la reforma laboral de 2012 fue a por ellos. Hoy estamos inmersos en una crisis que va a ser la continuación de lo ocurrido en los últimos años. La precariedad, los bajos salarios, las brechas salariales de género y de otro tipo, los abusos y malas condiciones de trabajo de los que estos días tantas muestras hemos podido observar en la sanidad, las residencias, el reparto, la limpieza, la hostelería, la investigación... deberían ser intolerables. Y animar a una respuesta social a su altura. Necesitamos mejores leyes y sindicatos más fuertes, la fuerza del colectivo frente a la debilidad que nos genera el individualismo. 

Por eso, el 1 de mayo no lo puedo considerar una celebración obsoleta, sino una apuesta de futuro, para los trabajadores de hoy y los de mañana. Y lo voy a celebrar, aunque sea en el formato virtual 
que marcan las circunstancias.