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52 — PASEO // Día 4

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Diciembre 2020 / 8

Hoy he salido a pasear por primera vez en casi dos meses. Confinado en el radio de 1 km. Lo peor del paseo es saber que durante unos días el paisaje será siempre el mismo, un paisaje cotidiano, conocido. Aunque hoy era diferente. La gente con mascarillas da un cierto tono irreal, de distopía, de película de ciencia ficción de mundos indeseables. Hay miedo. En teoría, el enemigo es un virus invisible, pero en la práctica el miedo es al vecino, al potencial portador del mal. Ya había gente que antes tenía miedo. Que la inseguridad sea lo que más preocupante en ciudades con bajo índice de delincuencia dice mucho de cómo percibimos la realidad. Ahora el círculo del miedo se ha ampliado. Antes tenía un carácter xenófobo y racista, ahora cualquiera puede ser un portador de enfermedad. Vuelve, ampliado, el miedo que antes causaron otras enfermedades. En mi primera infancia los mayores estaban obsesionados por la tuberculosis, después fue el cáncer (“el mal feo” que nadie nombraba), el sida. Lo de ahora es más general. Hace retroceder el mundo 100 años.

Quizás también la sociedad los ha estado retrocediendo desde el triunfo del neoliberalismo, aunque no se había percibido. 

Y, a pesar de todo, pasear sigue siendo hermoso. Es un placer de pobres. Los ricos se pertrechan en urbanizaciones aisladas, con guardas, donde no hay peatones, solo automóviles. En cambio los barrios obreros y populares son abigarrados, complejos. Generan convivencia, encuentros, relaciones humanas. 

Pasear es sano, no solo para el cuerpo. Es la mejor forma de conocer nuestro entorno. De sentir que hay mucha gente igual alrededor. En la formación de todo ciudadano debería incluirse un paseo por los diferentes barrios de su pueblo o ciudad. Que alguien le explicara cómo la gente que ha vivido en ellos los ha creado y ha luchado para mejorarlo, cómo se han tejido espacios sociales que permiten entender por qué la mayoría de personas aprecian el barrio en el que viven. 
Ahora el paseo va a ser corto. De reconocimiento de lo conocido. De retomar el pulso al barrio. Pero es también un preludio de otros muchos paseos. Bienvenido.