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63 — PERSONAJES //Día 15

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Diciembre 2020 / 8

A la mayoría de capitalistas la pandemia no les resulta beneficiosa, aunque ya se sabe que cuando las cosas van mal siempre hay alguien que sabe sacar tajada. Ya están las farmacéuticas y las empresas que ahora llamamos tecnológicas (como si la tecnología no existiera en toda actividad productiva) relamiéndose con las oportunidades que les depara la situación. Pero tampoco ellos son el origen del problema.

Lo que sí está más claro son las razones que han hecho que la pandemia sea tan brutal en nuestras lares: los que han contribuido a debilitar nuestro sistema sanitario y de bienestar, los que han hecho que tantas personas hayan llegado al confinamiento en una situación insoportable, sin ingresos ni condiciones habitacionales adecuadas. Es una masa de pobres trabajadores que el encierro ha hecho emerger. 

La lista de responsables no es pequeña. Más que unos pocos personajes son todo un conjunto social, lo que antes llamábamos una clase social o un grupo de poder, en el que se combinan al menos tres subgrupos relacionados entre sí: empresarios y rentistas, técnicos y académicos y políticos. Los primeros son los principales beneficiarios de la historia que ha precedido al coronavirus y entre ellos destaca esta reducida cúpula del 1% de superricos. Han ganado con los recortes de impuestos, las reformas laborales, la desregulación del mercado financiero, la gestión privada de servicios públicos. Pero han contado con la legitimación de los grandes organismos internacionales y buena parte de las élites académicas (al menos las de economía), que han avalado todas estas reformas. Y el complemento necesario ha sido, claro está, el de buena parte de los políticos, que han aprobado leyes y reformas para estas transformaciones.

Si miramos a España, se entiende fácilmente. La crisis anterior vino precedida de una brutal burbuja especulativa y una expansión desproporcionada del crédito. Las fortunas que se gestaron en esta burbuja estuvieron facilitadas por las reformas del Gobierno de Aznar, que contó con el beneplácito de los organismos internacionales. El Gobierno de Zapatero no empeoró las cosas, pero fue inútil para evitar el estallido y en 2010 aceptó pasivamente el Diktat de la UE para aplicar un drástico plan de ajuste, que a los dos años quedaría en pecata minuta comparado con las reformas del Gobierno de Rajoy bajo el directo control de la Troika financiera. 

Hay mucho político, alto funcionario y académico que ha impuesto de forma aséptica, sin mancharse las manos, reformas que cuestan vidas y bienestar. No todos lo hicieron igual. En esto la palma se la llevan los Gobiernos de Mas en Cataluña y de Aguirre en Madrid, que no solo se aplicaron con deleite a los recortes, sino que impulsaron una variada gama de externalizaciones para generar un gran negocio a empresas amigas. Por eso, en Madrid y Cataluña hemos llegado tan mal preparados para afrontar la situación. Y los herederos de los culpables, los Torra y Díaz Ayuso, tratan de tapar las responsabilidades de los suyos y su propia incompetencia detrás de una bandera o de una fotografía de estudio.

No son los únicos, pero son agentes de la trama que nos ha llevado hasta aquí. El problema es que es tan grande y poderosa que no vemos forma de meterle mano. Y de momento nos tenemos que conformar con denunciar sus responsabilidades mientras sus cachorros se atreven a hacer lo que les viene en gana y tienen la desfachatez de alegar que defienden la libertad.