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70 — PERPLEJIDAD // Día 22

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Diciembre 2020 / 8

Se nota que nos vamos olvidando de la covid. Aunque siguen los contagios y subsiste la incertidumbre, se van retomando los hábitos de siempre y el paso de fases se va acelerando. Otra evidencia de que los días de la crisis sanitaria empiezan a olvidarse es que en el debate político y mediático reaparecen los viejos temas. Hoy ha tocado reforma laboral. 

El tema me ha generado perplejidad. Para que quede claro de antemano, no solo me opuse a la reforma de 2012, sino que hice campaña activa en su contra y en el piquete de huelga. 
Fue lucha de clases en estado puro, una verdadera ofensiva contra los derechos laborales, que funcionó como mecanismo para reducir salarios y aumentar las rentas del capital. Por tanto, que se eche atrás esta reforma (veremos si finalmente se cumple el acuerdo), me alegra.

Lo que me produce desazón es la forma en la que se ha presentado la cuestión y su justificación. 

De la forma lo que molesta es que no sería el resultado de un debate público, en el que se evalúan los efectos de una política, sino el producto de un intercambio de cromos para alcanzar un acuerdo en una cuestión que nada tiene que ver. No dudo de que los que han forzado este acuerdo, supongo que EH Bildu y Unidas Podemos, creen sinceramente que la derogación es una necesidad, pero renuncian a un debate público en aras de un protagonismo partidista en un mercado de intercambios.

La segunda cuestión que me deja mal gusto es que no tengo claro que la vuelta atrás sea la solución. En algunos casos, sí, como la demolición de la negociación colectiva que pretendió la reforma. Pero en otros quizás es mejor esperar y repensar cosas que, como hemos visto estos días, necesitan una urgente renovación: la masa de personas que han quedado excluidas de los ERTE porque una parte del empleo temporal es mucho más precario, falsos autónomos, gente cuyos derechos se diluyen en las redes de subcontratación, el descontrol del teletrabajo, etc.

Me parecía más sensata la posición de la ministra de Trabajo. Me temo que nuestra izquierda es siempre más amiga del sarcasmo que de la ironía. Y sobre todo temo que esta sobreactuación no refuerce la agresividad de una derecha muy poderosa. Por eso, lo que por un lado me alegra, por otro me preocupa. Perplejidad. Igual es que este confinamiento ha acelerado mi envejecimiento.