Darwin

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  • Por (Periodista)
    Noviembre 2015

    La economía, queridos amigos, tiene una médula darwinista. Como la vida misma. Y no creáis que me refiero solamente al capitalismo, porque las experiencias socialistas conocidas hasta la fecha resultaron de un darwinismo tan áspero como la policía húngara. En el universo económico, como la vida, importa mucho ser fuerte y adaptable. A corto plazo, lo esencial es la fortaleza.

    Alemania constituye un buen ejemplo. Ahí está lo de Volkswagen: un fraude masivo a las administraciones, que creían estar subvencionando automóviles poco contaminantes, y a los consumidores, que creían estar comprándose un cochecito limpio y honesto. Volkswagen ya está sufriendo un castigo bursátil y la broma acabará saliéndole muy cara. Pero se habrán fijado dónde se concentra el acongojo por las consecuencias del fraude. En efecto, perspicaces amigos: fuera de Alemania. Si la cosa empeora (el asunto acaba de empezar) serán filiales como Seat en Barcelona o factorías como la de Landaben...

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