Accede sin límites desde 55 €/año

Suscríbete  o  Inicia sesión

El rigor de las cifras

Comparte
Pertenece a la revista
Diciembre 2020 / 86

Podríamos llenar de cifras esta página. Resultaría un poco redundante. Los artículos rigurosos (en uno de los significados que ofrece el diccionario: “rigor” como “propiedad y precisión”) van en páginas anteriores. Aquí, en todo caso, apelaremos a otra acepción de “rigor”, a medio camino entre la que significa “severidad excesiva” y la referida al “último término a que pueden llegar las cosas”.

Empecemos por un simple número: 22.000.000.000. O sea, veintidós mil millones. De libras esterlinas, concretamente. La Administración británica, que pese a las ciclotimias de Boris Johnson sigue siendo una de las más transparentes del mundo, ha anunciado que al contribuyente de Reino Unido le costarán todo ese dinero los análisis y rastreos realizados para combatir el coronavirus. Cabe subrayar que, por ahora, no ha habido un éxito especialmente destacable.

Europa saldrá de esto como salió de la Segunda Guerra Mundial: endeudada y exhausta

Dicho así, en abstracto, suena a mucho dinero. Y es que 22.000 millones de libras equivalen a casi 25.000 millones de euros. Traduzcámoslo a aplicaciones prácticas. El viaducto de Millau, inaugurado en Francia en 2004, es el más alto del mundo. Mide 2,5 kilómetros de largo y alcanza una elevación máxima de 270 metros. Circular sobre él constituye una curiosa experiencia. ¿Saben cuánto costó? Poco más de 400 millones de euros.

Recurramos a algo más impresionante. El túnel submarino más largo del mundo es el que une Francia y Reino Unido por debajo del canal de la Mancha. Tiene una longitud de 50 kilómetros, 39 de los cuales discurren bajo el agua. El tramo más profundo está 54 metros por debajo del lecho oceánico. Son, en realidad, tres túneles, dos para el tren de alta velocidad y los convoyes de transporte de vehículos (uno de ida y otro de vuelta) y un tercero para servicios de mantenimiento y emergencias. La construcción empezó en 1987 y terminó en 1994. Se trata de una de las mayores obras de ingeniería del siglo XX. Su coste fue de unos 10.000 millones de euros. Actualizado, el precio queda en unos 20.000 millones de euros de hoy.

¿Se hacen una idea? Dejando de lado el terrible coste humano y las pérdidas por la recesión (desempleo, cierre de decenas de miles de empresas grandes y pequeñas, contracción de la recaudación fiscal, etcétera), el simple esfuerzo presupuestario realizado para luchar contra la pandemia alcanza cifras colosales. Mejor ni pensar en lo que podría haberse hecho con ese dinero. Europa saldrá de esto como salió de la Segunda Guerra Mundial: endeudada y exhausta. Con el agravante de que no se dispondrá del beneficio que supone un plan masivo de reconstrucción, ni de un Plan Marshall, ni, según parece, del establecimiento de un nuevo orden económico mundial en la línea de los acuerdos de Bretton Woods (1944).

Cuando estemos todos vacunados (otra factura interesante), cuando el tiempo haya atenuado o incluso evaporado el dolor por los muertos, cuando no recordemos siquiera lo que era andar por ahí con mascarilla y con miedo, lo que quedará de esta catástrofe será una suma a pagar. De momento no podemos ni calcular a cuánto ascenderá. Será apabullante.