La fe

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  • Por (Periodista)
    Febrero 2018

    Estoy mirando un billete de 10 euros. Lo que veo es el dibujo de un puente de tres arcos, el dibujo de un pórtico, delicadas filigranas y transparencias, varios dieces muy visibles, la palabra euro y las siglas BCE en tres alfabetos, un número de serie, un año de emisión (2014), una banderita europea y la firma de un tal M. Draghi. Comparo el billete europeo con otro de 10 dólares estadounidenses. En éste, además de cifras y filigranas, se ve un sello de la Reserva Federal, la frase “Este billete es moneda de curso legal para todas las deudas, públicas y privadas”, la firma del tesorero nacional y, en el reverso, una imagen de la sede del Tesoro que parece decir: en caso de reclamación, diríjanse aquí.

    El euro, evidentemente, es una moneda más moderna que el dólar. Casi posmoderna. En sus billetes, más allá de los dibujos de unos monumentos que no existen, nadie se compromete a nada: firma un tal “M. Draghi” como podría firmar “M. Rajoy”, ese personaje...

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