Oro, petróleo y aguacates // Venas que siguen abiertas

  • Un palpitante viaje por las Américas tras los pasos de Galeano.

    Oro, petróleo y aguacates
    Andy Robinson
    Arpa, 2020
    320 páginas
    19,90 euros

    “Los latinoamericanos somos pobres porque es rico el suelo que pisamos”. Así resumió Eduardo Galeano en Las venas abiertas de América Latina el drama que la dependencia de las materias primas representa históricamente para el subcontinente. Medio siglo después, el periodista Andy Robinson sigue los pasos del escritor uruguayo para comprobar sobre el terreno qué queda de aquel libro que fue biblia de varias generaciones de izquierdistas de todo el mundo. 

    Junto a él viajamos desde las selvas de Brasil a las minas del desierto de Atacama, pasando por los rascacielos de Salt Lake City, los cerros de la Sierra Madre mexicana y otros muchos lugares de la geografía americana. El autor conversa con mineros, agricultores, profesores, políticos y empresarios para explicar el impacto económico, político y social que sigue teniendo la extracción de metales, hidrocarburos y productos agrícolas en los países de la zona. Robinson combina con destreza el libro de viajes, la crónica periodística y el análisis para reflexionar sobre el momento que vive la izquierda en América Latina. No ahorra críticas a aquellos políticos de Argentina, Brasil, Venezuela y Ecuador que también cayeron en la trampa de apostar demasiado por las exportaciones de materias primas. Sin menospreciar las conquistas sociales que redujeron la pobreza a niveles históricos, afirma que sus gobernantes participaron “en el mismo saqueo material y espiritual” que sus predecesores alineados con el neoliberal Consenso de Washington.

    El reportero de La Vanguardia explora la división entre las dos corrientes de la izquierda latinoamericana actual: la defensora del extractismo y de viejas fórmulas de industrialización como vía rápida para reducir las desigualdades y la partidaria de modelos de desarrollo sensibles con el medio ambiente, las tradiciones indígenas y un bienestar diferente al que marca el PIB. Abogando por un término medio entre ambas, el autor se muestra esperanzado en que los movimientos populares surgidos recientemente en Chile, Colombia y Ecuador sirvan para avanzar hacia “sistemas de producción a menor escala, un consumo menos destructivo y una redistribución más radical de la renta”. 

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