China: falta talento para el salto digital

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  • Septiembre 2022

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    El gigante asiático necesita urgentemente personal cualificado para alcanzar su objetivo de ser la gran superpotencia mundial en 2035.

    Al presidente chino, Xi Jinping, no le cuadran los planes a pocas semanas de ser reelegido para un tercer mandato de cinco años al frente del Partido Comunista, que le convertirá automáticamente en el líder del gigante asiático con más poder desde los tiempos de Mao Zedong. No solo la compleja y volátil coyuntura internacional y la persistencia de focos de covid-19 desafían su capacidad de liderazgo, sino que la carencia de mano de obra cualificada puede dar al traste con su objetivo de que China se convierta en una potencia tecnológica mundial. 

    Superar a EE UU
    En la última reunión del comité central del Partido Comunista chino, en 2020, Xi puso encima de la mesa una hoja de ruta hasta 2035 con una serie de metas que tenían como fin último la transformación de China en un país moderno, próspero, poderoso, autosuficiente en tecnología punta y capaz de liderar el mundo. Es un anhelo que significa, entre otras cosas, que el gigante asiático controle la industria de los semiconductores en el mundo, un elemento clave para que el mundo no se detenga, desde los teléfonos inteligentes y los automóviles hasta los aviones, pasando por los servidores informáticos. Pekín considera que este salto digital es definitivo para superar a EE UU y erigirse como la gran superpotencia del siglo XXI.

    Los jóvenes prefieren trabajar en el diseño de circuitos que en las fábricas de semiconductores


    Alcanzar este objetivo se presenta, sin embargo, complicado. Pekín lleva muchos años invirtiendo grandes sumas de dinero para hacer realidad la China digital. No obstante, los resultados no acompañan, a pesar de los avances en determinados ámbitos tecnológicos. Cuando en 2015 se diseñó el proyecto Made in China 2025 para potenciar sectores considerados estratégicos como la robótica y la biomedicina, una de las metas era promover la exportación de alta tecnología y se fijó para ello una meta del 70% de autosuficiencia en la producción de chips para 2025. Hoy, ese horizonte parece inalcanzable a tenor de los resultados obtenidos.
    Según la firma estadounidense IC Insights, la producción de chips en China fue solo del 16% en el 2020 y del total, la desarrollada por las firmas locales fue del 6%. Esta frustración se ve agravada por el hecho de que en 2020 la factura china por importación de chips se elevó a 350.000 millones de dólares. Y supone un retraso que los observadores nacionales e internacionales coinciden en atribuir a una falta de técnicos especializados, recursos y equipamientos avanzados.

    Objetivo lejano
    Y es que la realidad da a entender que China aún está lejos de erigirse en una potencia tecnológica, excepto en ámbitos que interesen al régimen, como puede ser la inteligencia artificial aplicada a la seguridad y el control social. Según un informe conjunto del Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social y el gigante del comercio electrónico Alibaba, el déficit de mano de obra para la transformación digital en China se estima en 10 millones de personas hasta 2025. Y a ello se suma que su gasto en I+D+i es del orden del 2,2% del PIB, inferior al de EE UU (3,5%), Corea del Sur (4,8%) y Japón (3,26%) y equivalente al que dedica la Unión Europea. Es un desequilibrio inquietante para un país que aspira al liderazgo tecnológico en 2035.

    2,2% del PIB destina China a investigación, desarrollo e innovación (I+D+i), menos que EE UU, Japón y Corea del Sur


    El panorama se ha agravado en los últimos años, después de que Washington prohibiera a las firmas estadounidenses vender componentes clave a las empresas chinas. A partir este momento, el problema para los gobernantes chinos se convirtió en prioritario y decidieron apretar el acelerador. Así, a partir de 2020 decidieron liberar a los fabricantes de chips de alta tecnología (menos de 28 nanómetros) de pagar impuestos y les permiten importar equipos y materiales libremente hasta el 2030. Estas facilidades se suman a un fondo de inversión para fomentar la fabricación de chips creado en 2014 con miles de millones de dólares.

    Falta inversión privada
    Pero el fuerte apoyo gubernamental no convence a los inversores privados chinos, antaño grandes impulsores de los avances tecnológicos del país asiático. Los tiempos han cambiado, las industrias (excepto las estatales) trabajan ahora con unos presupuestos muy ajustados y son reacias a realizar las enormes inversiones necesarias para impulsar proyectos innovadores de dudoso éxito. El fracaso más reciente es el de la firma Hongxin Semiconductors Manufacturing (HSM), de Wuhan, creada en 2017 para rivalizar con el gigante TSMC de Taiwán por el liderazgo planetario de la fabricación de chips y que cerró sus puertas en 2019 y que dejó por pagar miles de millones de dólares a contratistas e inversores.
    Según indican fuentes del sector a la publicación digital Sixth Tone, las fábricas funcionan con moderación, lo que significa que gastan los justo en materiales y equipamientos para operar, al tiempo que escatiman en recursos humanos. Estos ajustes implican que los ingenieros que trabajan en estas factorías tengan salarios inferiores a los de otros ámbitos del sector de los semiconductores, como puede ser el de diseño de circuitos integrados, cuyos suelos aumentan entre el 10% y el 15% cada año, según la plataforma de empleo 51job.com. Es una realidad que hace que muchos jóvenes renuncien a sus trabajos en las fábricas a los pocos meses de haber empezado.

    10 millones de técnicos de alta cualificación necesita China para afrontar con éxito su transformación digital


    Esa alta rotación laboral, cercana al 20% en el mayor fabricante de chips de China, la SMIC (Semiconductor Manufacturing International Corporation) de Shanghai, es lo que ha impulsado a su fundador y ex director ejecutivo, Richard Chang Rugin, a subrayar que el principal problema para que China sea una potencia en el sector de lo chips “no depende del apoyo financiero o político, sino de la falta de talento en la industria”. Según indicó a Sixth Tone, la dotación de personal es el problema más importante y complicado de resolver para que China aumente la autosuficiencia en materia de semiconductores. 
    La afirmación de Chang está llena de sentido común. Los jóvenes ingenieros recién licenciados no se lo piensan dos veces entre trabajar en una fábrica con máquinas ruidosas y en un ambiente sofocante o diseñar circuitos integrados en una oficina luminosa y silenciosa y con un salario el 50% o el 70% más elevado. Es un problema para Pekín que se puede agravar debido a la nueva legislación aprobada por EE UU, destinada a fomentar la competitividad estadounidense frente al gigante asiático. Es una ley que incluye 52.000 millones de dólares en ayudas al sector, además de decenas de miles de millones para investigación científica, tentación que puede causar una fuga de talento chino en busca de un mejor futuro profesional, y que podría ensombrecer aún más el progreso tecnológico de China y su horizonte como gran potencia en el sector de los semiconductores.

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