Una Unión más fuerte y solidaria

  • Por (Fallecido el pasado 3 de agosto, fue editorialista de Alternatives Économiques y presidente de la cooperativa)
    Septiembre 2020

    Europa: El euro anda a la pata coja desde su comienzo. Aunque se ha confiado la política monetaria a una institución federal (el Banco Central Europeo) encargada de garantizar no solo la estabilidad de los precios, sino también la permanencia de la moneda única, la segunda pata de toda política económica —la política presupuestaria— ha seguido siendo responsabilidad de los Estados miembros bajo el control del pacto de estabilidad, coordinación y gobernanza adoptado en 2012. Al final, teniendo en cuenta lo exiguo del presupuesto europeo (1,1% del PIB), los requisitos que la constriñen y la carencia de recursos propios, la Unión es un enano presupuestario. Esta cojera estuvo a punto de llevarse por delante a la moneda única tras la crisis de las hipotecas subprime. La actuación del BCE permitió entonces salvarse de lo peor. Pero seguimos sin disponer de los instrumentos necesarios para evitar un futuro estallido de la zona garantizando una convergencia real de los diferentes países. ¿Permitirán dar el paso adelante los riesgos engendrados por la recesión brutal que provoca la crisis sanitaria? Los recientes posicionamientos de Angela Merkel, de acuerdo con Emmanuel Macron, a favor de una solidaridad presupuestaria en pro de los países más afectados por la crisis marcan una ruptura cuya importancia no se debe subestimar. Está claro que la canciller federal es consciente de que hoy, en el mundo de Trump, Putin y Xi Jinping, a Alemania le interesa poder apoyarse en una Europa fuerte, unida y solidaria.

    Turismo: El peso del turismo en el PIB francés está en torno al 7%, un consumo especialmente rico en empleos. Aunque las fronteras se van abriendo progresivamente, la temporada turística de 2020 está sufriendo obligatoriamente los efectos de la crisis sanitaria, sobre todo teniendo en cuenta que Francia es uno de los países que más se benefician del turismo internacional. Pero hay que mantener la calma. Turismo no es solo los chinos que hacen cola a la puerta de las galerías Lafayette para comprar bolsos de Vuitton. Es, sobre todo, en dos terceras partes, el gasto realizado por los residentes franceses. Y no olvidemos que el 40% de los hogares franceses no salió de vacaciones los últimos años, en gran parte por razones económicas. El apoyo al empleo en el turismo pasa, pues, por la solvencia de la demanda interna: un reto económico, social y de equilibrio territorial.

    Referéndum ¿Hay que someter a referéndum las conclusiones de la Convención ciudadana sobre el clima creada en Francia a iniciativa del presidente Macron? Tendría sus riesgos. En un referéndum, parte de los electores tienden menos a responder a la pregunta planteada que a hacerlo a favor o en contra de quien la plantea. Y, dada la popularidad actual del jefe de Estado, habría que temerse lo peor. Pero hay otro argumento para rechazar la solución del referéndum, a no ser que sea para reformar la Constitución. La Convención ciudadana, cuyos miembros fueron elegidos por sorteo, es ya, por naturaleza, una forma de democracia directa. Macron sería más creíble en su compromiso ecológico si, en lugar de soslayar al Parlamento y, por tanto, a la democracia representativa, se responsabilizara de que su mayoría votara las principales conclusiones de la Convención y exigiera al Gobierno que tomara las medidas reglamentarias necesarias. A no ser que, una vez más, quiera ganar tiempo y desembarazarse de sus responsabilidades políticas.

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