Capitalismo de ayer y de hoy

  • Por (Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa)
    Marzo 2014

    Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa

    LIBERALISMO Benoît Hamon, ministro delegado francés de la Economía Social y Solidaria y del Consumo, no tiene fama de ser un paladín del liberalismo. Sin embargo, la ley del Consumo, que el Parlamento acaba de aprobar a iniciativa suya, es indudablemente liberal pues crea las condiciones necesarias para una competitividad libre y no desvirtuada en cierto número de mercados, para beneficio de los consumidores. Autoriza, por ejemplo, la venta de gafas online y la facilita exigiendo a los oftalmólogos que indiquen en su receta la distancia entre las dos pupilas. El precio de las gafas bajará, pues, cerca de dos tercios.

    La ley del consumo es liberal, en beneficio del consumidor 

    La ley Hamon permitirá también cambiar el seguro del crédito inmobiliario al año de haberlo suscrito, lo cual permitirá a los prestatarios ahorrarse un dinero sustancial. También se podrá cambiar en cualquier momento el seguro del coche o de la vivienda. Estas medidas han sido muy criticadas por la profesión, incluidas las mutuas, a pesar de que la libre entrada… y la libre salida sean los principios fundadores de la economía social y solidaria. La ley prohíbe, además, a las empresas que gestionan los aparcamientos que facturen una hora cuando solo se ha estado cinco minutos; a partir de ahora tendrán que facturar por cuartos de hora. Y permite las acciones de grupo, especialmente contra las empresas que han sido condenadas por cartel, para que los consumidores puedan ser resarcidos colectivamente del perjuicio sufrido. Finalmente, la garantía legal de los bienes de equipo domésticos, hasta ahora limitada a un año, se amplía a dos. Una duración demasiado corta aún como para animar a los fabricantes a producir bienes duraderos, pero que va en el buen sentido.

    DEMAGOGIA Al presentar, a mediados de febrero, su programa para reducir el gasto público, Hervé Mariton, responsable del proyecto de la Union pour Mouvement Populaire (UMP), ha precisado que no se trataba de una ruptura a lo David Cameron. Propone bajar el gasto público a un 50% del PIB en cinco años (frente al 56% actual), pero dice que ello no va a hacer “que nuestro mundo cambie”. En el ámbito de los principios podemos estar, pues, tranquilos. El problema es que en la práctica, el diputado no se anda con chiquitas: retraso de la edad legal de jubilación a los 65 años, prolongación de la duración de las cotizaciones a 44 años, disminución del 10% de los presupuestos de las colectividades locales, desindización de las prestaciones sociales…

    Esa austeridad, además, no afecta a todos de la misma manera. Así, en lo referente al sistema sanitario, son los hospitales públicos los que soportarán la mayor parte del esfuerzo, a pesar de que una gran parte de su coste es resultado del mal funcionamiento de la medicina ambulatoria, que supone que se colapsen las urgencias de los hospitales y encarece el coste de la hospitalización a domicilio. Finalmente, como obliga la competencia con el Frente Nacional, Hervé Mariton propone suprimir la ayuda sanitaria estatal a los inmigrantes sin papeles, una medida detestable desde el punto de vista humanitario y estúpida desde el de la salud pública. Imaginémonos que un inmigrante sin papeles es portador del muy contagioso bacilo de la tuberculosis: ¿es razonable impedirle que se cure?

    ALTERNATIVAS Un estudio reciente del Crédit Suisse, citado por el diario Les Échos, demuestra que, en el último siglo, las acciones han sido la mejor inversión. Nuestros amigos capitalistas pueden estar tranquilos. El estudio subraya, también, la poca relación existente entre crecimiento e índice de la Bolsa. Nada sorprendente: los mercados miran al futuro tanto como al presente. Las empresas pueden mostrarse generosas incluso cuando la economía se estanca. En 2013, las sociedades del CAC 40 han repartido entre sus accionistas 43.000 millones de euros en forma de dividendos o de recompra de acciones.

    Este capitalismo del estancamiento tiene, sin embargo, un gran defecto: beneficia fundamentalmente a los más ricos y condena a una gran mayoría a la austeridad, cuando no al paro. La situación ha cambiado mucho respecto a las décadas de crecimiento posteriores a la II Guerra Mundial. Antes, los beneficios se dedicaban, en primer lugar, a la reinversión, lo cual permitía mantener el crecimiento, desarrollar el empleo y aumentar los salarios. Esa lógica virtuosa se rompió. El capitalismo accionarial que se ha impuesto es manifiestamente incapaz de poner la economía al servicio de todos. Busco alternativas, desesperadamente.

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