Demasiado tarde y poco

  • Por (Editorialista de Alternatives Économiques y ex presidente de la cooperativa)
    Enero 2016

    SEGURIDAD El Frente Nacional afirma su voluntad de retomar el control de la economía mediante un repliegue sobre el territorio francés. Un modo de responder a las inquietudes que suscita una globalización no lo bastante regulada y a la decepción que genera una Europa incapaz de producir las protecciones necesarias, sobre todo contra el paro masivo.  

    No basta con denunciar lo poco realistas que son las propuestas del Frente Nacional, sino también contestar a las demandas de una población que aspira a volver a encontrar sus referentes. Las elecciones regionales habrían podido ser una oportunidad para poner en valor los territorios, concebidos como espacios donde se puede actuar para conseguir una economía más inclusiva y resiliente, además de reencontrar la capacidad colectiva de decididr sobre nuestro futuro, sin romper con una economía y una sociedad abiertas al mundo. 

    Presentar alternativas al repliegue que nos propone el Frente Nacional es más necesario en la medida en que su discurso económico no es más que otra cara de su discurso identitario de rechazo al otro. Es un discurso que supone un clima de división y de odio social, precisamente el terreno en el que prospera también el islamismo radical. 

    FIN DE LA PARTIDA Las elecciones legislativas del pasado diciembre no sentaron bien a Nicolás Maduro, el sucesor de Hugo Chávez al frente de Venezuela. Es cierto que el país se hunde cada día un poco más en el caos económico, social y político. Venezuela es un ejemplo perfecto de los errores de la llamada dutch disease, esa enfermedad de la que son víctimas los países en desarrollo demasiado ricos en recursos naturales. Los ingresos procedentes del petróleo acaban siendo una auténtica maldición, y eso ya era así mucho antes de que Chávez accediera al poder. Han alimentado el clientelismo y la corrupción, han favorecido que surja una economía muy dependiente de las importaciones en detrimento del desarrollo y de la diversificación del aparato productivo local, sobre un telón de fondo de desigualdades extremas. 

    CLIMA Tras la cumbre de París, los gobiernos hablan de éxito, en vista de los compromisos suscritos por los grandes países y los medianos de cara a la formación de un fondo verde destinado a ayudar a los países en desarrollo a inscribirse en una estrategia que limite sus emisiones, mientras se adapta a las consecuencias del cambio climático. Las ONG hablan de fracaso, considerando la timidez de los compromisos adoptados, que no permiten asegurar una trayectoria que contenga la temperatura por debajo de los 2 grados centígrados de la temperatura media.

    El discurso de rechazo al otro de Le Pen genera división y odio

    El petróleo ha acabado siendo una maldición para Venezuela

    Sobre el clima, quienes hablen de éxito y de fracaso tendrán razón

    A decir verdad, los unos y los otros tendrán razón. Los discursos que mantienen los gobiernos y los poderes decisorios de la economía son hoy profundamente diferentes de los que se dejaron oír hace seis años en Copenhague. Es cierto en el caso de grandes países emergentes como China y la India, pero también para los países ricos y, sobre todo, numerosos estados federados de Estados Unidos. Por lo que respecta a las empresas, empiezan a interiorizar esta obligación en sus estrategias. 

    El vaso permanece, sin embargo, más bien vacío y podemos dudar de que la fórmula que ha hecho fortuna en lo que respecta a las políticas públicas llevada a cabo en la crisis del euro, también valdría para el clima: demasiado poco y demasiado tarde.  

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